Divide y vencerás

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Divide y Vencerás

Federico Ling Sanz Cerrada

“Todo reino dividido marcha a su destrucción” dice el teórico de la política. Pero también lo dice la Biblia. No se necesita ser Einstein para saberlo, es sentido común. El refrán dice: “divide y vencerás”, porque “ningún reino dividido puede permanecer o sobrevivir”. Pues bien, la división abunda en la política actual. No solamente en la esfera política, sino el mundo. Nos quejamos de la profunda división que existe -por ejemplo- en Estados Unidos. Los que votaron contra el actual presidente y los que votaron a su favor. Y no pareciera terminar allí, porque hoy por hoy vemos que esta pugna sigue viva en la sociedad y en la mente de las personas. Las ideas, los sentimientos, la noción de país no puede permanecer o sobrevivir si sus ciudadanos están divididos unos contra otros.Pues bien, parece que el mismo problema lo tenemos en México, pero de distinta manera. La gente desconfía, naturalmente, y la ayuda se entorpece. La división no le hace bien a nadie, entonces, porque lo único que genera es odio, rencor y venganza.

Pero el problema es que no solamente nuestra sociedad tiene este problema, sino que también los partidos lo tienen. En esta semana que termina, una de las noticias más dramáticas fue la pugna interna entre Margarita Zavala y Ricardo Anaya, ambos del Partido Acción Nacional y que buscan a toda costa ser candidatos a la Presidencia de México. Pero hay un problema estructural: a ninguno le alcanzan las fichas para llegar a la presidencia por su cuenta. El PAN no está en esa posición, y aunque pareciera lo contrario, quien está capitalizando el descontento que existe contra la clase política nacional es el líder de Morena, Andrés Manuel López Obrador. ¿Qué pasa si Margarita Zavala corre por su cuenta y se postula como candidata independiente? Pues que los votos que obtendrá no se los va a quitar al partido de López Obrador. Se los va a quitar al PAN. ¿O qué pasaría si, a pesar de todo, Anaya insiste en ser candidato a la presidencia a toda costa? Cometería el error (al que yo le llamo “síndrome”) del candidato del PRI a la presidencia en 2006, Roberto Madrazo. El “síndrome” Madrazo consiste en aferrarse tanto a la candidatura de algo, a costa del triunfo. Roberto Madrazo fue candidato a costa de ser Presidente. ¿Cuál es el punto? Ninguno. Es un desperdicio de votos, dinero, capital político, etc. ¿Qué procede entonces? No dividirse. Acordar. Encontrar un terreno parejo y pactar (aunque en México esta palabra tiene una connotación mala -de la época salinista de la “concertacesión”). Pero el pacto en la política tiene que ser un activo y no un negativo. En la política se acuerda, se pacta y se negocia. Punto.

 Pero en este caso, los actores pierden de vista que, mientras ellos se pelean, el enemigo está afuera. Para los fanáticos de “Game of Thrones”, es como la lucha entre Cersei Lannister y DaenerysTargaryen por el poder, sin darse cuenta que el “Night King” marcha en su contra con un ejército muy superior. Pues así las cosas. Quizá el ejemplo es burdo, pero a veces los actores políticos necesitan verse en el espejo de la ficción, porque su realidad no les alcanza para darse cuenta de la ceguera con que actúan. Seguiremos hablando de esto en el próximo artículo.
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Elecciones “de a gratis”

http://www.oem.com.mx/elsoldemexico/notas/n2703638.htm

Elecciones de “a gratis”

Federico Ling Sanz Cerrada*

Hace unos días me sucedió algo que ya me había pasado antes: al cruzar una de las avenidas de la Ciudad de México, justamente en la esquina, un repartidor de periódico se me acercó para intentar regalarme un ejemplar del mismo. Curiosamente, ya había leído yo ese rotativo unos minutos antes mientras compraba un café. Esto sucedió durante la mañana, evidentemente. Como ya había revisado las notas más relevantes del día en ese sentido, e inclusive las de ese medio de comunicación, me pareció prudente no aceptar el ejemplar para no desperdiciarlo. Pero el repartidor insistió una vez más, y como me volví a negar, entonces comenzó a explicarme que el ejemplar era gratis; que no tendría que pagar por él y que, además, no era ningún truco para dármelo y luego cobrarme por ello. Volví a decirle que no lo quería y se fue, con cara de desconcierto. Algo profundamente similar me sucedió hace varios meses, e incluso escribí un artículo al respecto, cuando al cruzar otra avenida en el Distrito Federal alguien se acercó para regalarme una pequeña muestra de leche con chocolate, y no recuerdo por qué razón, pero también la rechacé. Seguramente llevaba las manos ocupadas, porque debo admitir que muchas de esas cosas sí las acepto. Especialmente cuando regalan botellas de agua. En fin, todo esto me llevó a pensar y a reflexionar nuevamente sobre la naturaleza de lo gratuito. ¿Saben que me dijo una persona cuando supo que me iba a casar y estaba buscando la música para la boda? Que no importaba la música, siempre y cuando le regalara cosas a la gente, porque “la gente quiere cosas gratis”. Y en ese sentido, es cierto; en las bodas, bautizos, primeras comuniones, y todo evento social similar se regalan cosas. Incluso los negocios que están haciéndose propaganda deben regalar algunas muestras para crear el efecto psicológico de lo gratuito.

Pero si entramos a niveles más profundos de análisis y nos ponemos a investigar y a hacer una reflexión un poco más seria, todos en el fondo sabemos que no existen las cosas gratis. Todo cuesta (no necesariamente dinero) y esto no es estrictamente malo. Hay ciertos dichos que lo refieren, por ejemplo: “el que quiera azul celeste, que le cueste”. Y es cierto. Las cosas no vienen gratis y si queremos alcanzar algo, tenemos que esforzarnos por ello. Recibir cosas gratis es uno de los peores daños que se nos puede hacer, porque la realidad no es así. Y eso pasa cuando alguien intenta bajar de peso, por decir algo; uno tiene que hacer un gran esfuerzo, las pastillas “mágicas” no funcionan y la única persona que puede lograrlo es uno mismo. Pues bien, es natural que nos guste que todo sea gratis, o que nos regalen productos, pero en el fondo sabemos que el esfuerzo tiene recompensas.

Todo esto me lleva a pensar en cómo somos todas las personas y los mexicanos especialmente, respecto de nuestra política y de nuestro gobierno. ¿Así como actuamos para recibir cosas gratis, también estamos esperando que el Gobierno nos resuelva la vida? Ese es el gran riesgo que conlleva la cultura de lo “gratuito”. El bienestar en la política y en el Gobierno, tampoco es gratis. El problema radica en que muchas veces, los políticos vienen y nos regalan cosas, y entonces, caemos en la trampa pensando que nuestro bienestar futuro o de nuestra familia también llegará como “por arte de magia”. No es así. A veces también nos engañamos y pensamos que México saldrá adelante porque el Gobierno ya cambió, porque el político dijo tal o cual cosa y entonces, la situación comenzará a mejorar; pero tenemos que ser conscientes que eso no sucederá, porque la “gratuidad” es un espejismo. Así como nadie vendrá a regalarnos el sustento para sacar adelante a nuestra familia, tampoco lo hará nadie para que nuestra Patria prospere. Para bien -o para mal- eso depende enteramente de nosotros. A mí me gusta pensar positivamente y creer que, cuando algo te cuesta, lo haces con mayor empeño y disfrutas más la recompensa.

http://www.federicoling.com y @fedeling

*Maestro en Análisis Político y Medios de Información

 

¿Quién controla a los grupos?

http://www.oem.com.mx/elsoldemexico/notas/n2696323.htm

¿Quién controla a los grupos?

Federico Ling Sanz Cerrada*

La semana pasada escribí sobre la importancia de la pertenencia a los grupos. Todas las personas tenemos la profunda necesidad de sentirnos parte de una comunidad o de una sociedad, y por tanto, adoptamos los mecanismos de comportamiento que distinguen a esa asociación. Por ejemplo, quienes pertenecen a cierta religión portan símbolos que los identifican: la cruz, una bendición budista, etc. Inclusive, hace ocho días establecimos que este comportamiento se llama “gregarismo” en psicología. Y esta necesidad humana es inherente a nuestra naturaleza y poco a poco han comenzado a surgir los estudios que lo comprueban.

Un caso típico de ello es una elección. El pasado julio los mexicanos fuimos a las urnas a emitir nuestro sufragio por el candidato que más nos gustaba. Para explicar las razones de por quién votamos, existe una corriente de pensamiento en la ciencia política que se llama “Political Behavior” (comportamiento político) y que trata de explicar cuáles son los motivos que nos llevan a conducirnos de cierta forma en la esfera pública. Durante muchos años se pensó que los votantes ejercían el sufragio ponderando su beneficio propio. La teoría racional hablaría sobre la maximización de beneficios y establecería que las personas tomamos decisiones “racionales”, buscando siempre tener mayores utilidades y reduciendo nuestro margen de pérdidas. ¿Cómo se traduce eso al momento de emitir el voto? Anthony Downs (“Teoría económica de la democracia”) nos diría que los ciudadanos votaríamos por aquella propuesta que nos represente mayores ganancias en términos personales.

No obstante lo anterior, si llevamos el análisis a otro nivel, los estudios más recientes dicen que los votantes acudimos a las urnas y otorgamos nuestro sufragio a aquel candidato que representa al grupo al cual creemos pertenecer. Me explico: si una persona se considera de cierto partido político votará por dicha persona, incluso si piensa que hay otra opción mejor. ¿Por qué sucede lo anterior? Porque todos tenemos ciertos paradigmas personales preestablecidos en nuestra mente, y conforme a ellos es que vamos por la vida y nos comportamos. No necesariamente nuestra conducta está totalmente explicada por la maximización de los beneficios, sino por el sentido de pertenencia. Y eso pasa con los grupos humanos.

Ahora bien, para indagar sobre el control de las sociedades humanas, es importante tener en cuenta que las dos variables con que actuamos las personas en términos de sociedad son las descritas anteriormente: sentido de pertenencia y maximización de beneficios y entre esas dos se podría explicar una buena parte de la conducta grupal en general. Saber lo anterior nos puede dar cierta luz sobre el origen del poder y de la dominación en las comunidades. Los grupos no necesariamente son democráticos y muchas veces están a expensas de lo que dice el líder. ¿Para qué sirve hablar de todo esto? Creo que la importancia de la pertenencia a una asociación, y estar conscientes sobre ello, puede ayudarnos a desprendernos de algunos paradigmas que nos paralizan y que no permiten avanzar en ciertos asuntos relevantes para México, y que solamente están allí porque sentimos que debemos pensar de esa forma, o porque el grupo con el cual nos identificamos piensa así. ¿Pero realmente es así la opinión de todos en ese grupo? Estoy profundamente convencido que en gran medida, los patrones de conducta y pensamiento están determinados por un líder y porque así lo estableció la asociación a la cual pertenecemos, y no necesariamente es la mejor o la más razonable.

El hecho de tener conocimiento sobre quién controla los paradigmas de pensamiento del grupo al que pertenecemos nos permitirá confrontar dichas ideas con las propias, las que son realmente nuestras, para poder identificar si realmente queremos conducirnos de esa forma, o bien, es solamente una impostura social. A nuestro país le urgen personas capaces de desprenderse de los patrones grupales y que empiecen a decidir por sí mismos. Imaginemos, por ejemplo, que los legisladores comiencen a votar reformas de ley que no tengan que ver con los paradigmas de su partido político, sino con las creencias realmente personales y de lo que creen mejor para la Patria. Creo que México ya hubiera avanzado el doble.

http://www.federicoling.com y @fedeling

*Maestro en Análisis Político y Medios de Información

Entre elecciones y corrupciones

http://www.oem.com.mx/elsoldemexico/notas/n2278107.htm

Entre elecciones y corrupciones

Federico Ling Sanz Cerrada*

a) Lógicas electorales

La agenda pública y mediática esta semana que termina fue de lo más variado posible. Desde temas complicados y que levantaron una serie de polémicas y reacciones entre distintos actores, como las declaraciones del presidente Calderón al New York Times, hasta el ofrecimiento de López Obrador de una cadena de televisión a Carlos Slim. Cada día se hace más evidente que todo adquiere un matiz electoral y cada quien busca “jalar agua para su molino”, como se dice coloquialmente.

El PRI denunció al Presidente y al PAN ante el IFE, Peña Nieto defendió su propia visión de la ley electoral y Josefina Vázquez Mota denunció que en el PAN no existen condiciones de equidad para elegir al candidato presidencial. Entre todo ello, el Gobierno federal implementó otro operativo conjunto en la Comarca Lagunera, y la Ley de Ingresos se aprobó en la Cámara de Diputados en “fast track”. Pocas veces habíamos sido testigos de cómo pueden los partidos ponerse de acuerdo tan rápido para cosas que les importan: los recursos públicos y su repartición próxima durante el año 2012, cuando serán centrales, precisamente porque hay elección.

Qué difícil es avanzar en temas de otra naturaleza sin que estén “contaminados” o “permeados” por la lógica de los comicios. ¡Hasta dónde están dispuestos los partidos políticos a llegar con tal de ganar el poder! Es impresionante. Sin embargo, tampoco es de extrañar que así funcione. Recientemente el titular del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación afirmó que le gustan las “campañas belicosas”, porque hay margen en ellas de confrontar propuestas y de debatir intensamente qué es lo que más le conviene al país. Concuerdo en que el tiempo electoral es para ello. El propio Barack Obama está haciendo diversos “tours” por lugares donde late fuerte el corazón republicano y donde no cuenta con una base sólida de apoyo. Casi todo el reclamo que le hace el pueblo de Estados Unidos es sobre economía y empleo. En México, exceptuando el tema de seguridad, también es la prioridad para la inmensa mayoría.

b) Denuncia ciudadana

Me gusta ver a la democracia mexicana en un intenso despliegue de todos sus elementos. Sin embargo, hay una cosa que me preocupa antes de transitar hacia lugares más democráticamente libres: la corrupción y la colusión entre autoridades y quienes violan las leyes. Me puse a reflexionar sobre ello, luego de que en un acto de flagrante corrupción, un “franelero” (sí, esos que cobran por lugares públicos que no les pertenecen y se adueñan de lo que nos corresponde a todos), hizo que una grúa del Gobierno del Distrito Federal se llevara mi carro por no querer pagar una cantidad por estacionarme en sus “dominios”. ¿Cómo es posible que exista una flagrante violación y corruptela de esta manera en las instancias públicas?, ¿sabían además que me pidieron dinero subrepticiamente en el “corralón” para sacar mi carro?, ¿se sabrá que las copias son cobradas por sacarlas dentro de las instalaciones del “corralón” con un negocio de copiado apócrifo? Pero mientras tanto, Marcelo Ebrard está de paseo con su esposa en Kuwait, consiguiendo inversiones para el DF. Primero que ponga orden entre sus huestes y luego que vaya a pasear por el mundo.

¿Cómo podemos esperar que la democracia tenga éxito si las autoridades están coludidas con quienes quebrantan la ley? Peor aún, ¿qué podemos esperar si son ellos mismos los que la rompen? Claro, ni siquiera diré que intenté denunciar al número que aparece en la página de la Secretaría de Transporte y Vialidad en el DF, porque me mandaron “por un tubo”. ¿Así o peor el trato al ciudadano? Ni qué decir de asuntos de seguridad, que en gran medida la situación está mal, precisamente por la permisividad y la corrupción.

Jamás lograremos transitar hacia una democracia de avanzada si no podemos superar la lógica de la eterna coyuntura electoral y la lógica de las corrupciones entre autoridades y delincuentes. No obstante todo lo anterior, pienso que el respeto a la ley es el primer paso de una gran transformación. Y añadiría: podríamos empezar por imponernos límites propios y respetarlos primero.

http://www.federicoling.com y @fedeling

*Maestro en Análisis Político y Medios de Información