Psicoanalizando al Leviatán

Psicoanalizando al Leviatán

por Federico Ling

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Los dueños de los partidos

marzo 22, 2014

http://www.oem.com.mx/elsoldemexico/notas/n3331546.htm

Federico Ling Sanz Cerrada*

Para cualquier persona que se dedique a estudiar a los partidos y los sistemas políticos, tiene claro que hay dos de estos últimos: parlamentario y presidencial. En el caso del presidencialismo, por el mecanismo natural de los pesos y los contrapesos, los actores políticos que están en la oposición buscan que el Ejecutivo no logre avanzar sus asuntos en el Congreso. Quizá no debería de ser así, pero la realidad nos dice que existen una serie de incentivos negativos o perversos, de tal modo que todo aquello que pierde el partido que gobierna, lo ganan quienes son oposición y viceversa. Y traigo esto a cuento, porque durante los últimos años en México enfrentamos una parálisis legislativa provocada por esta dinámica que impidió impulsar grandes cambios para el país.

Diré que en específico, durante los años que el panismo gobernó a México, hubo importantes obstáculos en materia de construcción de acuerdos parlamentarios y legislativos (por razones exógenas y endógenas), y por ende, las reformas estructurales como la energética, fiscal, laboral, de telecomunicaciones, y otras más, sencillamente nunca transitaron por las cámaras del Congreso. Y el Ejecutivo se quejó largamente de esta situación. Lo anterior no es nada extraño, sino más bien la consecuencia natural de todo sistema presidencial. Como muestra también me gustaría decir que en los Estados Unidos – inventores del presidencialismo – durante el pasado mes de Octubre de 2013, el Gobierno Federal tuvo que cerrar porque no llegó a un acuerdo con el Congreso para aprobar el presupuesto.

Pues bien, de esa manera, lo que trato de ilustrar es que durante los últimos años, México enfrentó duras crisis políticas por la parálisis en el Congreso y fue hasta hace poco que se construyó el “Pacto por México” en el gobierno de Enrique Peña Nieto, que las reformas comenzaron a transitar. Ello no es ninguna casualidad, sino producto de la operación política natural en el sistema presidencial, y a una eficaz construcción de acuerdos políticos y parlamentarios. En ese sentido, fueron aprobadas ya las reformas constitucionales y ahora faltan los cambios legales a la legislación secundaria (es decir, la “letra chiquita” de las reformas). Pero estos cambios están nuevamente detenidos en el Congreso y no ha sido posible avanzar, pero no por la parálisis de la oposición, sino por la división interna de los partidos. La disputa por los retazos de poder que le quedan a los institutos políticos que se dividen a tal grado que acaban por aniquilarse.

Veamos con calma esto: en el caso de Acción Nacional, la lucha entre “maderistas” y “calderonistas” por la presidencia de dicho partido (es decir entre el grupo de Gustavo Madero y el de Ernesto Cordero) ha dividido al PAN y ha puesto en jaque la gobernabilidad interna del partido y de sus fracciones parlamentarias en el Senado y en la Cámara de Diputados. Lo curioso resulta en que las antiguas alianzas (Madero con Calderón) se han roto, para dar paso a otras como Oliva con Cordero (grupos históricamente antagónicos, en la época del calderonismo presidencial). Extraño resulta lo anterior, y por ende, no ha sido posible que las reformas transiten hasta que los partidos se pongan de acuerdo con ellos mismos. La lucha no es por ideales, sino por la propiedad política del partido. Los dueños de los partidos se disputan lo que les queda. En el caso del PRD, el término de Jesús Zambrano como Presidente del partido y la pugna por la renovación entre este grupo y su antagonista, los ha mantenido ocupados tratando de encontrar una solución que lastime lo menos posible al instituto político y le genere condiciones de gobernabilidad frente al gobierno federal y de cara a los cambios que todavía se tienen que negociar.

En resumidas cuentas, es paradójico que México, una vez más, enfrenta la parálisis legislativa pero no por culpa de los contrapesos del presidencialismo, sino por fragilidad de los partidos, sus apetitos de poder y la visión de ganar el partido a costa de perder todo lo demás, aunque el partido resulte inviable a la larga. La pregunta es: ¿en quién cabrá entonces la prudencia?

http://www.federicoling.com y @fedeling

*Maestro en Análisis Político y Medios de Información

¿Y el PAN qué va a hacer?

agosto 4, 2012

http://www.oem.com.mx/elsoldemexico/notas/n2643980.htm

¿Y el PAN qué va a hacer?

Federico Ling Sanz Cerrada*

Recientemente hemos sido testigos de cómo se ha agravado el conflicto poselectoral. Parecía difícil que en este año 2012 hubiera algo similar a lo que sucedió en 2006, sin embargo, las condiciones políticas en México no distan mucho de ser distintas de hace 6 años. Los actores políticos, algunos de ellos, son los mismos y otros, son diferentes. En el caso de Andrés López es evidente que ha querido reeditar lo sucedido cuando compitió contra Felipe Calderón, pero en esta ocasión acusa a Enrique Peña Nieto de haber ganado la Presidencia de la República de forma poco legal y poco legítima, al haber triangulado recursos cuya procedencia se desconoce, a través de instituciones financieras como Monex y de la tienda de autoservicio Soriana. La última acusación la lanzó contra el excoordinador de Campaña de Peña Nieto, Luis Videgaray, diciendo que él había triangulado recursos del Estado de México a la campaña, por medio de una cuenta en Scotiabank.

No es gratuito que las instituciones financieras se encuentren tan deterioradas hoy por hoy. Simplemente, por hacer un recuento breve, Scotiabank se vio envuelto en un escándalo de corrupción de unos de sus directivos hace poco; HSBC está acusado de algo mucho más grave: lavado de dinero del narcotráfico en México y en Estados Unidos. En cuanto a las cadenas de autoservicio, Wal-Mart también fue acusado de corrupción, y Soriana está en medio del escándalo público, producto de los señalamientos constantes de la izquierda. Incluso, el pleito ha escalado a otros niveles, pues tanto la cadena de tiendas ha dicho que personajes como Jesús Zambrano, Ricardo Monreal o López Obrador están detrás de los constantes ataques (que han llegado en casos a los actos vandálicos contra sus sucursales) y los personajes en comento han reaccionado y han demandado a Soriana por daño moral.

El PRI, como ya lo hemos comentado anteriormente, tiene la necesidad inmediata de resolver su crisis de legitimidad. Si los constantes ataques de la izquierda siguen presentes en la esfera de los medios, el próximo Presidente de la República tendrá que maniobrar inteligentemente para superar el obstáculo. La izquierda sigue capitalizando su postura opositora, con altos dividendos políticos para ellos, legitimándose ante un público que cree fehacientemente en lo que acusa.

Pero, ¿y el PAN?, ¿qué piensa hacer de todo esto? Después de la debacle electoral no ha sabido construir una narrativa coherente para enfrentar el momento que le toca vivir. En este momento sería el único partido político y la única fuerza con quien se vuelva viable negociar y construir acuerdos. Pero Acción Nacional está dividido. Yo recuerdo a mi padre decir que “todo reino dividido marcha a su fin”. Pues eso es precisamente lo que le está ocurriendo al PAN. No hay un solo argumento que proponga la ruta que debe de seguir. El momento para capitalizar una posible negociación con el PRI se le está escapando y sus dirigentes no atinan a proponer una ruta sólida de reflexión y autocrítica. La disputa por el control del partido (particularmente de cuándo llevar a cabo una Asamblea Nacional) tiene a sus líderes enfrascados en una lucha de poder que ahonda más la división interna que ya existe. El Partido Acción Nacional está empezando a desdibujarse. Los ciudadanos y los jóvenes cada vez tienen menos cabida en él. La repartición de los pocos espacios de poder que quedan mantiene una lucha feroz por ellos y los próximos legisladores del PAN obedecen a intereses de grupo (cada cual a un grupo determinado, de esos que habitan en el seno del partido).

Una posible hipótesis de qué le está pasando al PAN podría ir en el sentido del carisma. Los liderazgos carismáticos del partido, tradicionalmente, aglutinaban a la institución y le daban cohesión. Ese carisma se ha perdido en muchos de ellos. El carisma se convirtió en dirigencia administrativa o de poder. Y las divisiones personales ahondaron más el problema. La pregunta sigue siendo pertinente: ¿qué va a hacer el PAN, antes que su división acabe por destruirlo?

http://www.federicoling.com y @fedeling

*Maestro en Análisis Político y Medios de Información

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