¡Qué feo mundo!

http://www.oem.com.mx/elsoldemexico/notas/n3471254.htm

¡Qué feo mundo!

Federico Ling Sanz Cerrada*

Hace un par de días leí en el Facebook una expresión que decía: ¡Qué feo mundo! Y creo que no le falta razón en muchos sentidos. La frase fue de Roberto Morris (para dar crédito de dónde la obtuve) y hacía alusión al avión de Malaysia Airlines que fue derribado muy cerca de la frontera entre Ucrania y Rusia, precisamente en la zona del conflicto actual entre ambos países. Las teorías iniciales hablan de un grupo de rebeldes separatistas prorrusos que habrían disparado un misil tierra-aire para destruir a la aeronave, toda vez que pudieron pensar que se trataba de un avión enemigo o de un aparato de espionaje. Sin embargo no fue así, se trató de un Boeing 777 de una aerolínea comercial que cubría la ruta entre Amsterdam y Kuala Lumpur.

¿Se podría imaginar usted que, como cualquier otra cosa o día en la vida, decide tomar un vuelo – ya sea por placer o por negocio – para ir a un destino diferente por unos días y jamás llegar a éste? ¡Qué tragedia lo que sucedió! Hay guerras mundiales que han comenzado por incidentes menores a este. Esto equivale en términos llanos y simples a atentar en contra de la vida de personas que no “la deben ni la temen” en este conflicto. Pero además de lo anterior, en las noticias no hay tregua a los acontecimientos tristes y bélicos, pues inmediatamente después de esta noticia de la aerolínea malaya, los noticieros reportan el caso de la guerra entre Israel y Hamas, con todo lo que ello implica y con las particularidades del caso, en la que también han muerto civiles y personas que no tienen nada que ver en este conflicto.

¡Qué feo mundo! Es la expresión de indignación de quienes no estamos de acuerdo con la situación actual, con el “status quo” (el estado de las cosas) y con el frágil equilibrio sobre el que sostiene la paz en el planeta. No solamente se ha evidenciado la incapacidad de los organismos multilaterales como la Organización de las Naciones Unidas para poner un fin al conflicto o para mediar entre las partes, sino que carece de mecanismos eficientes para ello. Por supuesto que nadie podría intervenir un país, así como así, pero la realidad es que en este tipo de grandes pugnas a veces es difícil que las partes puedan llegar a un acuerdo. Es la naturaleza del conflicto precisamente.

Pues bien, al pensar en estos grandes problemas del mundo, uno podría fácilmente engañarse y decir: “son demasiado lejanos, demasiado complejos y demasiado distantes para aquello que yo podría hacer”. Y no faltaría razón en ello. Los seres humanos somos tan insignificantes que, si quisiéramos, no lograríamos afectar el curso del planeta con nuestra simple actuación; pero allí está el engaño: ¿qué pasaría si todo el mundo piensa de esta forma? Precisamente nadie haría nada entonces. Por ello, la ruta de solución no pasará por los grandes organismos multilaterales ni vendrá de fuera. La manera de que las cosas comiencen a tomar un camino diferente tiene que ser de nuestra única y propia decisión de querer hacer las cosas de una manera distinta.

En varias colaboraciones anteriores a esta hemos hablado de la responsabilidad que recae sobre nosotros y sobre nuestros hombros para cambiar al mundo (aunque parezca “cliché”); pero es cierto. Estoy cierto que en los días que habrán de venir vamos a observar movilización de las grandes potencias, un cambio en las reglas del juego tal y como se venía observando hasta ahora, y por supuesto, un mayor nivel de intervención de los actores internacionales.

¿Qué nos toca a nosotros? Cada uno, lo que tenemos, es un ámbito de influencia en donde el mundo podría dejar de ser tan feo. Un pequeño espacio de actuación en donde las relaciones humanas, los negocios, y nuestra conducta puede ser lo opuesto a eso que tanto nos lastima. No tenemos más. Pero el efecto es un catalizador y es potencial, y eso puede crecer a niveles inimaginables. ¿O cómo creemos que empezó el conflicto en Ucrania o en Medio Oriente? La responsabilidad personal es enorme, pero a veces la perdemos de vista.

http://www.federicoling.com y @fedeling

*Maestro en Análisis Político y Medios de Información

Anuncios