Poder en pedacitos

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Poder en pedacitos

Federico Ling Sanz Cerrada*

La semana pasada escribí sobre el poder y comenté algunas de las definiciones más importantes sobre el concepto. El poder, como objeto de estudio de la ciencia política, puede ser abordado desde múltiples puntos de vista; es una cualidad, un adjetivo y una acción. Es decir, el poder en sí mismo es verbo y sustantivo. Pero en esta ocasión quiero referir otro fenómeno del poder que no hemos abordado lo suficiente y que me ha venido a la mente, a raíz de la aprobación de las reformas en telecomunicaciones y -próximamente- la energética.

El fenómeno al que me quiero referir es la pulverización del poder. Aunque ya he escrito antes de ello, me gustaría aplicar esto al proceso político y a los resultados, producto de los cambios secundarios de las grandes reformas que se han ido fraguando en el Congreso. Pero vamos por partes: comenzaremos con la reforma en telecomunicaciones cuya legislación secundaria ha obligado a los grandes actores a tomar medidas en consecuencia. A raíz de estos cambios, el consorcio de telecomunicaciones del empresario Carlos Slim -América Móvil- decidió vender una parte de su compañía para dejar de se considerado como actor “preponderante”. Pero esta partición solamente me recordó que existen una serie de “jugadores” que se benefician (o perjudican) con estos cambios, como podría ser el caso de Televisa, quien es considerado como “preponderante” en términos de radiodifusión, según se puede observar en la prensa.

La pregunta es: ¿la reforma en telecomunicaciones va a beneficiar realmente a los mexicanos y a los ciudadanos haciendo más accesible los servicios? Sería la misma pregunta que podríamos hacernos cuando se discuta en el Pleno de las cámaras del Congreso la siguiente semana la reforma energética: ¿quiénes se beneficiarán con ella? Quizá las empresas y probablemente el Gobierno, pero no queda claro aún en qué plazo se dará el bienestar general para el consumidor final. Lo que nos queda entonces después de hacer estas reflexiones es que cada quien defiende un pedacito de su poder. El Gobierno hace lo suyo, también las empresas y los ciudadanos por igual. Cada actor tiene una agenda e intereses distintos, cada uno quiere diferentes cosas y por ende, busca utilizar el poder que tiene (y quizá expandirlo para tener un margen de maniobra más amplio) y tener beneficios concretos.

El poder no es algo único; no es un monolito o una cuestión unipersonal o unidireccional. El poder es una suma de pequeños (y no tan pequeños) poderes, que a su vez van constituyéndose como lo que conocemos como “el poder”, y desde afuera así se ve. Pero en realidad todos formamos parte de él. En mayor o menor medida, pero tenemos un “pedacito” de poder que utilizamos en nuestro favor. Al ver la pugna entre los consorcios de telecomunicaciones, las nuevas leyes, el IFETEL, el Congreso de la Unión, el Gobierno federal, la sociedad civil y otros actores, lo único que me queda como conclusión es que todos estos actores son beneficiarios y dueños de una parte del poder, y que lo utilizan para impulsar sus agendas (ya sean sociales, económicas o políticas). Como ya lo dijimos antes, este fenómeno no tiene una carga negativa o positiva, sino neutra (siempre y cuando sea usado con ética).

Pero para entender el poder primero debemos aprender y estudiar el concepto (desde la teoría), pero luego tenemos que ser capaces de entender que el poder se divide y tiene muchos nodos en donde confluye; son muchos actores (grandes y pequeños) los que usan y ejercen el poder y por lo tanto, el mapa del mismo es complejo, multipolar y se profundiza en diferentes niveles y en diferentes sectores. Pero tal como el gobierno, el poder también es un reflejo de la sociedad y así es como hay que estudiarlo, entenderlo y hasta predecirlo. El poder es un ente caprichoso que no puede apreciarse en su totalidad y en su complejidad si se le observa demasiado cerca. Tal como una pintura impresionista, desde más lejos se pueda observar será más claro.

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*Maestro en Análisis Político y Medios de Información

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Desprendimiento

http://www.oem.com.mx/elsoldemexico/notas/n2938953.htm

Desprendimiento

Federico Ling Sanz Cerrada*

Estaba pensando cuál sería el mejor tema para escribir esta semana. Por un momento imaginé que podría ser algún evento político relevante, o bien, algún acontecimiento importante de la semana que haya sucedido en nuestro país. Y de pronto me di cuenta que empecé a extrañar varias cosas y me puse nostálgico de momentos que viví en el pasado, de personas que conocí, lugares que visité, o simplemente, de amigos que, hoy por hoy no puedo ver por razones de distancia. En ese sentido seguí pensando que muchas veces anhelamos aquello que no está en nuestras manos. Y además, cuando vivimos todo ello no nos damos cuenta de lo afortunados que somos y que, cuando no lo tengamos más, lo vamos a extrañar profundamente.

Sin embargo, cuando decidimos aferrarnos a todas esas cosas sin dejarlas ir es cuando empezamos a sufrir. A ello, los budistas le llamarían “apego”. Los seres humanos tenemos muchos apegos, entre los principales: el dinero, la fama, el poder, el amor, el sexo, etc.; cada quien desde su personal óptica decide privilegiar algunos de ellos. Pero en la medida en que nos apegamos a esto es que cuesta mucho más trabajo dejarlo ir. Por ejemplo, alguien que fue el director general de una empresa y ahora está jubilado seguramente pasará un mal rato si no sabe dejar ir a tiempo su posición y todo lo que ella le representaba. O bien, alguien que tuvo mucho dinero y lo perdió de pronto, si no aprende a dejar ir su frustración – junto con su dinero – vivirá triste y molesto. O peor aún, preguntemos a quienes tuvieron un amor y ya no lo tienen, el trabajo enorme que cuesta desprenderse de esa persona y seguir adelante la vida.

Pues bien, en muchas ocasiones de nuestro tiempo hay momentos en que extrañamos todos esos apegos que tuvimos y que ya no tenemos en el presente. Pero a veces no es más que una ilusión, porque en realidad lo que extrañamos es la idea que tenemos de los apegos. Por decir algo, cuando alguien renuncia a su trabajo o termina con su pareja, casi siempre recuerda lo bueno – es decir, la idea que tiene de las cosas – pero cuesta mucho trabajo hacer un análisis racional de por qué razón nos conviene más dejarlo ir. Está en la naturaleza humana y es común hacernos a la idea de determinadas cosas.

Lo más difícil de dejar ir son las ideas que tenemos. Quizá podemos desprendernos del dinero, del poder o de un amor, pero es aún mucho más complejo desprendernos de una idea; especialmente si es una de las cosas en que hemos creído firmemente durante toda nuestra vida, por ejemplo: la religión, la política, la manera de ver y vivir la vida, la forma de relacionarnos con los demás o la idea que tenemos de nosotros mismos. Nos sentiríamos totalmente arruinados y devastados si, además de los apegos materiales, también tenemos que dejar ir a los apegos emocionales, intelectuales o espirituales.

¿Por qué pensamos que es tan difícil cambiar un país? Porque eso tiene que surgir desde las profundidades de nosotros mismos y proyectarse al exterior; porque la ideología, la religión o la cultura de una nación no es fácil de dejar ir, aunque en algunos momentos sea perjudicial para nosotros.

Pero tratando de avanzar un poco más en esto, ¿cuáles serían las consecuencias de no desprendernos de todo ello? Básicamente la frustración, el enojo y la tristeza. Si no aprendemos a olvidarnos de todo aquello que tuvimos o que alguna vez creímos, no seremos capaces de avanzar en la vida. El movimiento es el componente esencial para los seres humanos. Las personas, las sociedades y los países necesitan estar en movimiento; dejar ir y desprenderse de ideas o cosas que no le sirven y dar un paso hacia adelante es la mejor forma de moverse. Al final del día cada quien puede escoger si desea moverse sin ataduras o con ellas. La pregunta sería, ¿cómo le hacemos para que nuestra nación se mantenga en movimiento y libre de apegos inútiles?

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*Maestro en Análisis Político

y Medios de Información.

Razones para cooperar

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Razones para cooperar

Federico Ling Sanz Cerrada*

Durante la semana hemos sido testigos de una serie de acciones legislativas importantes en México. Apenas vimos cómo fue aprobada la reforma en telecomunicaciones (en la Cámara de Diputados), las enmiendas a la Ley General de Víctimas (en el Senado) y otra serie de cosas importantes. Adicionalmente mucho se ha dicho sobre las reformas que habrán de venir próximamente. Específicamente faltan dos que son relevantes: la fiscal y la energética. No es poca cosa oponerse de lleno a los poderes fácticos en México; especialmente cuando son considerados una especie de “fantasmas” que nos controlan desde las tinieblas. Nada de eso. El gobierno ha marcado una ruta de acción clara y ha conseguido sumar adeptos a su causa. Y llama profundamente la atención que quienes se han mostrado más cooperativos sean los legisladores; no solamente aquellos que pertenecen al PRI, sino también los del PAN y los del PRD. Al menos, algunos de ellos. Sin embargo, para cualquier observador curioso de la política mexicana, no resulta común el hecho que la oposición parlamentaria y política se muestre tan cooperativa con la administración en turno. Una de las características del presidencialismo es la falta de ella, precisamente. Luego entonces, ¿cuáles son las causas que hacen que los partidos políticos colaboren con el Presidente de la República?

Creo que esta explicación no es solamente una. Tiene muchas variables que se conjuntan. La primera de ellas tiene que ver con la pérdida estrepitosa de quienes estaban en el poder y ahora son oposición (en el caso del PAN) y de la falta de competitividad de López Obrador frente a Enrique Peña (en el caso del PRD). Es decir, el PRI demostró su fuerza política y su poder de convocatoria. Y ganó, y ahora gobierna desde el ámbito federal, tiene muchas gubernaturas en su poder y un importante número de legisladores. ¿Acaso eso no le genera una legitimidad propia para gobernar? Sin duda que sí. Pero también hay otra causa importante en este reacomodo político: la división interna de los partidos de oposición. Para ello hay que remitirse a la historia. ¿Quién asesinó al primer ministro de Israel y Premio Nobel de la Paz, Yitzhak Rabin en 1995? La respuesta es Yigal Amir, un judío ortodoxo ultraconservador que se opuso a que Rabin firmara pactos con los árabes para solucionar el conflicto en Medio Oriente.

Lo que trato de decir es que en ocasiones, es más fácil que las fracciones moderadas de cada fuerza o partido político se entiendan con los moderados del otro partido, a que se pongan de acuerdo entre ellos mismos, radicales y moderados dentro del mismo partido. Y eso le está pasando al PAN y al PRD. Allí vemos como son los mismos panistas y perredistas quienes critican a sus actuales dirigencias por firmar el “Pacto por México”. Los acusan de “entreguistas” y de “vendidos”. ¿Será? Al final del día lo que trato de decir es que muchas veces, las inercias contra las reformas, las alianzas y los cambios están precisamente dentro de las mismas instituciones. Son los mismos personajes, pero pertenecientes a otra corriente o a otro sector.

Por todo lo anterior resulta interesante observar el fenómeno de la cooperación parlamentaria y política. ¿Hasta dónde le va a alcanzar al Gobierno de la República para avanzar las reformas que necesita? Sin duda que goza de una amplia legitimidad y de un momento formidable para lograrlo. Y además, lo está aprovechando bien. En lo personal creo que esta tendencia seguirá y las reformas que faltan habrán de pasar. Al final del día son cosas que México necesita y, por la razón que sea, no se vale ser mezquinos y frenar el desarrollo, porque ya no tenemos tiempo que perder. El reto, como ya lo hemos afirmado en otras ocasiones, no está del lado del Gobierno, pues ha resuelto las cosas bien. El problema estará para la oposición, que no ha podido construirse en ningún sentido y no ha definido ni su oferta ni su rumbo. ¿Pues así cómo?

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*Maestro en Análisis Político y Medios de Información.

¿Feliz Sexenio Nuevo?

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¿Feliz Sexenio Nuevo?

Federico Ling Sanz Cerrada*

Este artículo sale a la luz en un día emblemático: el 1 de diciembre de 2012. Muchas cosas habrán de suceder en este momento; en primer lugar, el cambio de poderes, cuando el Presidente Felipe Calderón entregue la Banda Presidencial al Presidente Enrique Peña Nieto en el Palacio Legislativo de San Lázaro. Con este cambio en la administración federal vendrán también importantes modificaciones de política pública y en la forma de gobernar a México. Algunas cosas no sucedieron como se esperaba, por ejemplo, la reorganización de las Secretarías de Estado (para desaparecer a la Función Pública y a Seguridad Pública y darle más atribuciones a Gobernación). ¿Por qué se cayeron los acuerdos de última hora? Mi teoría personal es porque el PAN está reaprendiendo el viejo camino rumbo a convertirse en oposición, el PRD no ha encontrado su lugar en ella, y el PRI no sabe qué hacer con el Poder Federal nuevamente.

No obstante lo anterior, lo importante en este momento es que podamos identificar claramente qué cosas estamos esperando del nuevo gobierno, en términos políticos, sociales, y hasta personales. Muchas personas creen (o dicen) que la situación de inseguridad se acabará en el país, porque la “guerra contra el narcotráfico” dejará de instrumentarse como hasta ahora se había hecho. No estoy seguro de ninguna de las dos cosas. Otros dicen y afirman que la situación económica también va a cambiar porque la nueva administración de corte priísta hará fluir más recursos hacia la economía. Tampoco estoy seguro de ello. Inclusive he escuchado a muchas personas que afirman que tendrán un puesto público; tal vez para quienes habrán de ejercer un rol de esta naturaleza las cosas puedan cambiar en el corto plazo, pero al final del día, no estamos hablando de la situación solamente de unos cuantos, sino del país entero.

Tal como mencioné la semana pasada, el mayor riesgo que existe es que la esperanza de los cambios inmediatos, y casi por “arte de magia”, lleguen a nuestra nación para componer aquello que creemos que está mal. Nada más falso y alejado de la realidad que esto. No porque la administración cambie de manos, también lo harán las condiciones y circunstancias que nos aquejan. En realidad, es poco probable que los cambios tan esperados lleguen de manera rápida. La muestra de ello es lo que sucedió en el año 2000, cuando Vicente Fox ganó la Presidencia de la República, cuando todos pudimos observar que la situación en México no se modificó drásticamente y las cosas fueron poco a poco mudando su lugar. Entonces, ¿qué nos espera? Desde mi punto de vista, creo que el cambio de poder sirve como pretexto para volver a hacer un corte de caja en nuestra condición social y política. ¿Cómo nos encontramos?, ¿qué queremos para los próximos seis años? No solamente como país, sino también en términos personales. ¿Ya pensamos qué queremos nosotros para nuestra propia situación personal?, ¿sirve de algo para nuestros propósitos íntimos el cambio de gobierno? Así como existe el “Año Nuevo” cada 1 de enero y festejamos y nos felicitamos por ello, y hacemos propósitos específicos, creo que tenemos la oportunidad inigualable de empezar un “Sexenio Nuevo” y hacernos propósitos para tal motivo. Yo me haría el propósito de participar, durante estos años venideros, en actividades que construyan civismo y ciudadanía, específicamente desde el ámbito educativo y académico; también me haría el propósito de mejorar mi servicio comunitario, ayudando en actividades que fortalezcan el tejido social, participando activamente en la política. En estas dos cosas, considero que se puede avanzar mucho. Soy un fiel creyente que, en la medida que cada quien se fije metas precisas y comience una ruta de mejora y de crecimiento, en esa misma medida también lo está haciendo para todos los demás, para su comunidad y para su sociedad.

Si somos capaces de entender que el camino de la transformación comienza por uno mismo y se refleja e impacta en la realidad social, seremos entonces agentes del cambio que buscamos. En ese sentido, ¡Feliz sexenio nuevo!

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*Maestro en Análisis Político y Medios de Información.

El Senado elige abiertamente

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El Senado elige abiertamente

Federico Ling Sanz Cerrada*

El próximo lunes 29 de octubre comparecerán ante la Comisión de Justicia del Senado de la República los candidatos a Ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Como bien se sabe, dos de sus integrantes actuales – el Ministro Aguirre Anguiano y el Ministro Ortiz Mayagoitia – habrán de dejar el cargo el 30 de noviembre de este año y tendrán que ser sustituidos. ¿Cómo se hace lo anterior? Pues el Presidente de la República envía una terna de candidatos al Senado y los legisladores votan y eligen, de entre esos tres, al que será el próximo Ministro. Claro, cabe la posibilidad que el Senado no se ponga de acuerdo y rechace la terna; entonces, el Presidente tendría que presentar a otros tres aspirantes, y si éstos últimos vuelven a ser rechazados, entonces ya puede designar directamente al Ministro que va a ocupar la vacante.

Pero, ¿qué implica ser Ministro de la Corte y el procedimiento para elegirlo? Además de tener la mayor investidura dentro del Poder Judicial de la Federación, los ministros tienen un poder importante en el juego político y de resolución de controversias entre distintos actores. Con la transición democrática del año 2000, el poder de la Presidencia Imperial se disolvió y entonces, el papel de la Corte comenzó a ser cada vez más relevante, pues el equilibrio entre actores y poderes diversos se hizo patente. El Presidente de la República dejó de ser el juez supremo que resolvía todos los conflictos y entonces, los gobernadores, los legisladores, y hasta los particulares, comenzaron a resolver las cosas por la vía judicial. Lo anterior es correcto, pues para eso existe un tribunal constitucional en México, pero también, hemos caído en la tentación de judicializar todos los procesos políticos. En nuestro país hemos gastado cada vez más en colocar instituciones que se encargan de juzgar y de calificar lo que hacen los actores políticos, como por ejemplo, el IFE, el Tribunal Electoral, la Suprema Corte, etc. ¿Qué sucederá entre nosotros y entre nuestra clase política que no confiamos en lo que hacen los demás que, casi siempre, necesitamos que un tercero nos diga si actuamos bien o mal? Una de las respuestas a lo anterior es la discrecionalidad. En México, casi todos los procesos de sucesión del poder y designación de funcionarios se llevaban a cabo de forma arbitraria y casi secreta. ¿Cómo se nombraba a los Ministros de la Corte antes? ¿Cómo decidían los senadores al respecto? Es un misterio. Hoy en día, la Comisión de Justicia del Senado ha hecho un esfuerzo por transparentar el proceso, poniendo a disposición todos los documentos en su página web (también conocida como “micro sitio”). ¿En qué ayuda lo anterior? En que los ciudadanos conozcamos la manera en que se toman las decisiones de esta naturaleza. Como ya hemos dicho, un Ministro de la Corte cumple funciones profundamente importantes, por lo que resulta idóneo conocer su perfil, y además que sea sujeto de escrutinio público, para garantizar que se está tomando la mejor decisión. En una democracia como la de México, donde el proceso de consolidación está a punto de ser puesto a prueba, es importante que se garantice el acceso a la información. Las mejores decisiones son aquellas que se toman de forma abierta. Y creo que para ello, en el caso de los ministros, el Senado estará optando de forma abierta por alguno de los candidatos que propuso el Poder Ejecutivo Federal. Lo anterior no quiere decir que la política, la negociación y las condiciones coyunturales de la situación no habrán de jugar un papel clave en ello, pero sin duda, el hecho de tener documentos disponibles al alcance de un navegador de internet puede hacer que las cosas tengan mejores resultados. El siguiente paso será el de analizar si la decisión que el Senado tomará en unos días fue la mejor, pero eso dependerá de la Corte, de su desempeño y de la conducta que tengan los próximos ministros.

*Maestro en Análisis Político y Medios de Información

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