Psicoanalizando al Leviatán

Psicoanalizando al Leviatán

por Federico Ling

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Comió Ligas

marzo 22, 2014

http://www.oem.com.mx/elsoldemexico/notas/n3300122.htm

Comió Ligas

Federico Ling Sanz Cerrada*

Desde que me mudé de la Ciudad de México y me fui a vivir a otro país, una de las cosas que más disfruto es volver a mi Patria. Claro está que casi siempre vuelvo de trabajo, y en realidad, creo que la mitad del año me la paso en el Distrito Federal (u otras ciudades, como ya he escrito anteriormente). Sin embargo debo admitir que cada ocasión que vuelvo a la capital del Valle de México me encuentro con fenómenos sorprendentes. Uno de ellos es el de los peatones y toda su genealogía, su interpretación y su supervivencia por las calles de la ciudad. Para esto debemos decir que el Distrito Federal no está diseñado para cualquier otro tipo de transporte que no sea el automóvil; recientemente el Metrobús y las Ecobicis han comenzado a generar una nueva cultura urbana de la transportación, pero en realidad todavía le falta mucho para llegar a este punto, y los carros siguen haciendo de las suyas por avenidas y bulevares del Distrito Federal; ya ni qué decir de los camiones o los taxistas. Sin embargo, el tema que quiero tocar el día de hoy, nuevamente, es sobre los peatones y la cultura urbana. No puedo recordar cuántas veces he escrito de este tema, pero no me voy a cansar de denunciar nuestra falta de civilidad y de respeto por el otro cuando transitamos en público.

En esta ocasión me encontraba caminando por las calles de México y al cruzar una importante avenida de la ciudad, un automóvil Mercedes Benz se me “echó” encima, y tuvo que frenar intempestivamente para darme el paso. No pienso abundar en las muchísimas razones de por qué el peatón siempre tiene el derecho de paso cuando un automóvil da vuelta en una esquina, porque no es el sentido de este artículo, pero quiero consignar un hecho que me llamó mucho la atención: cuando esto sucedió y el Mercedes Benz negro, con tremenda prepotencia hizo el intento de no frenar y luego hacerlo de modo apresurado, una mujer joven me gritó: “comió ligas, ¿o qué?”. No me percaté del hecho hasta que entendí que me estaba gritando a mí, y junto con su familia se estaban burlando abiertamente y a carcajadas. Por supuesto que me les quedé viendo, como tratando de condenar su burla, pero opté por no decir nada y me quedé pensando: “ahora resulta que el que está mal soy yo”. ¿Comió ligas?, ¿esa es la mejor interpretación para saber cruzar las calles en México?, ¿qué pensarán los hijos pequeños de esa familia que son regañados por sus padres por cruzar “a lo tonto”, como si “hubieran comido ligas”? Simplemente me rehúso a aceptar que los peatones, inclusive teniendo el paso, esperando a que se ponga su propia luz verde, tengan que cuidarse de los automóviles, por si acaso se les da la gana a los conductores vulnerar el alto y pasárselo, como si eso fuera una regla no escrita de esta jungla de cemento. El problema está en que cuando esos peatones manejan, crecen con la idea y la convicción – bien firme en su mente – que los peatones son quienes deben esperarse y quienes no deben arriesgarse para cruzar las calles, aún y cuando esté la luz verde para ellos (a menos que hayan comido ligas).

Ahora bien, este fenómeno no es exclusivo de la Ciudad de México. Recuerdo bien mi última visita a Durango (de donde soy nativo) y al cruzar la avenida conocida como “Libertad” (así se llamaba antes, porque ahora se llama Lázaro Cárdenas), los camiones enfilan a más de 80 kilómetros por hora, bloqueando todo paso o derecho de los peatones para caminar o para cruzar en las esquinas. Lo que estoy consignando en esta entrega es el salvajismo urbano de mi país, reflejo de un complejo que tenemos los mexicanos a veces, como pensando que el que puede, debe “agandallar”, y en este caso, la sartén por el mango la tienen los conductores; pero habemos algunos cuantos que no dejaremos de denunciar el hecho en cada ocasión que podamos.

http://www.federicoling.com y @fedeling

*Maestro en Análisis Político y Medios de Información

Crítica Urbana

febrero 9, 2014

http://www.oem.com.mx/elsoldemexico/notas/n3245537.htm

Crítica Urbana

Federico Ling Sanz Cerrada*

La Ciudad de México es un monstruo. Y lo digo así porque en realidad me da esa impresión. Cada vez crece más y más, y conforme el tiempo pasa y los habitantes de la urbe parecen multiplicarse, también la urbanidad podría empezar a desaparecer. Recordemos un poco lo sucedido en la época navideña, cuando en los días previos la Ciudad estaba contaminada en un grado superlativo y la calidad del aire se deterioró importantemente. Aunado a ello, el tráfico y el ajetreo no ayudaron en mucho a resolver esta situación. Como es de esperarse, de manera tradicional los días navideños y de Año Nuevo (el famoso maratón “Guadalupe-Reyes”) siempre vienen cargados de un cierto desorden y caos urbano, pues todo mundo tiene cosas que hacer, regalos que comprar o personas a quienes visitar. Luego entonces, la urbanidad se vuelve un bien escaso en la Ciudad de México y la falta de ella comienza a hacer estragos.

Se le pueden criticar muchas cosas a la Ciudad de México, pero no dependen solamente de la ciudad por sí misma. La crítica urbana de la que estoy hablando no es exclusiva del Distrito Federal, sino que es inherente a nuestra cultura y a nuestro sistema de valores propio. Durante las fiestas navideñas también tuve la oportunidad de visitar mi ciudad natal, Durango (un sábado y domingo solamente), y también pude observar algunas de las cosas que he criticado de la Ciudad de México. Si tuviera que ponerle un nombre a esta falta de urbanidad quizá sería caos, desorden, rompimiento de las reglas básicas de convivencia, etc. Pero subiendo aún más el nivel de abstracción de esto que escribo el día de hoy, no solamente la crítica urbana es para el Distrito Federal o para Durango, sino para el resto de las ciudades en donde la gente ha decidido no respetar el orden, las reglas y las normas de convivencia básica entre la sociedad. Por supuesto este problema no solamente es algo endémico de México. También en otras grandes urbes sucede lo mismo: Nueva York, Rio de Janeiro, Buenos Aires, etc. No obstante, para el caso que nos ocupa, debemos hablar de México.

¿Qué otra cosa en nuestro país refleja la falta de urbanidad, además de las urbes? Entendiendo este problema como el caos generado cuando no respetamos las reglas y las normas para convivir pacíficamente entre todos. Pues bien, me atrevo a decir que la política mexicana también refleja de alguna manera nuestras fallas de convivencia social. Veamos por ejemplo los eternos problemas de las marchas, las manifestaciones, los sindicatos, las protestas, el cierre de calles, el chantaje público y político para obtener réditos y beneficios de grupo o personales. Todo lo anterior cabe en la misma categoría: no hemos sido capaces de instaurar en nuestro sistema cultural y en nuestra escala de valores el respeto por el otro, por las normas, por las reglas de convivencia, y obedecerlas. En la política también se puede reflejar lo que sucede en las calles.

Allí encuentro yo el principal reto para este año 2014. ¿Cómo hacer posible que las personas puedan convivir adecuadamente unas con otras?, ¿cómo lograr que todos respetemos las normas y que podamos lograr que la urbanidad se haga presente en todas nuestras facetas, no solamente en las calles de nuestras ciudades, sino también en el modo de hacer política y de conducirnos en la vida pública? Por supuesto que los retos que enfrenta México son muchos y muy variados de cara al 2014. Podría hablar interminablemente sobre la Reforma Energética, la Reforma Educativa o la política; pero la realidad es que mientras no cambiemos nuestro modo de pensar y de conducirnos, jamás habremos modificado de raíz el origen de todo aquello que nos perjudica. Allí hay una enorme ventana de oportunidad.

Por supuesto que el Año Nuevo nos trae importantes retos. Durante algunos artículos me dedicaré a escribir de lo que pienso en realidad de los políticos partidistas y de la política en México (en general). Por ahora, sirva este texto para tratar de ofrecer una perspectiva personal de hacia dónde me gustaría ver que nuestro país avanza.

http://www.federicoling.com y @fedeling

*Maestro en Análisis Político y Medios de Información.

Oaxaca de Paso

diciembre 7, 2013

http://www.oem.com.mx/elsoldemexico/notas/n3210022.htm

Oaxaca de paso

Federico Ling Sanz Cerrada*

Recientemente en la semana que termina tuve la oportunidad de visitar el estado de Oaxaca, y específicamente su ciudad capital que lleva el mismo nombre. Cuando acudo a algún estado o ciudad que me llama la atención me gusta escribir de eso y contar un poco cuál es la experiencia del viaje. Oaxaca no es la excepción y por ello quise narrar algunas cosas que me tocó ver, para poder hacer un análisis posterior comparándolo frente a otras realidades. En primer lugar debo comenzar diciendo que Oaxaca es uno de los estados con mayor diversidad cultural de México. Además de ello, la gastronomía es única. Entre las cosas que me impresionan más, está la naturalidad de la ciudad y del estado en general. Cuando uno va llegando y el avión se aproxima a su aterrizaje final, se puede observar desde el cielo la composición de los pequeños poblados que rodean a la capital. Además, las montañas se ven a lo lejos y lo verde del paisaje resulta francamente tranquilizador. Por otro lado, en realidad la capital del estado no está lejos de la Ciudad de México, y entonces el vuelo no toma demasiada altura, dando oportunidad de disfrutar la ruta.

Aunque poco tiempo, estuve un día; no es la primera vez que voy al estado, pero sí es la primera vez que escribo de ello. Oaxaca tiene un belleza endémica digna de reconocerse. La ciudad se ha ido transformando poco a poco de tal manera que se ha vuelto profundamente turística, con hoteles boutique y restaurantes que están en las listas de los 50 mejores de América Latina. Dar un paseo por el centro resulta también algo digno de realizarse en cualquier día por la noche.

Sin embargo, frente a la natural belleza oaxaqueña, contrasta también una problemática social que está fuertemente incrustada en dicho estado. Para casi nadie son ajenos aquellos escándalos de los maestros de la Sección 22 en la Ciudad de México, cuando paralizaron el centro de la capital del país e incluso cerraron el aeropuerto. Quizá en Oaxaca estén acostumbrados a ello, pero es cierto que este problema acaparó planas y planas de diarios nacionales e internacionales. El conflicto con los maestros es uno de los más graves; es una situación que ha resultado francamente difícil de resolver para cualquiera, desde la trinchera en que se encuentre. La realidad de Oaxaca es contrastante, pues coexisten al mismo tiempo la belleza natural del estado con problemáticas severas, como el tema del magisterio. Sin embargo, esta realidad no es ajena al resto del país, pues así de contrastante es precisamente la realidad nacional; la diferencia es que Oaxaca es pequeño y la desigualdad resulta a todas luces evidente. En el contexto nacional, México también goza de una riqueza impresionante, al tiempo que tiene conflictos severos que amenazan la viabilidad de su propio desarrollo.

México ha tenido un gran avance en los últimos años, y una gran modernización respecto a otros países. Es una nación altamente tecnologizada, sumamente bancarizada, con una clase alta abundante que tiene muchos ingresos y con una clase media sumamente amplia y muy trabajadora, que representa un buen sector de la población en general. Pero también tiene un sector de sus habitantes que viven en la pobreza rural, urbana, patrimonial o alimentaria. Sus ingresos y sus posibilidades no se comparan con el otro México. El contraste es brutal y se puede observar en las cañadas que rodean al Distrito Federal, donde de un lado de ella hay casas profundamente humildes, y del otro lado se ven fraccionamientos millonarios. La desigualdad en México es notoria. Somos quizá uno de los países con las tasas de desigualdad más grandes. El contraste oaxaqueño me recuerda lo diferentes que son los “méxicos”. Y ni qué decir de la diferencia que existe entre los estados de la república. Luego entonces, después de haber visitado Oaxaca, me queda claro que uno de los retos más importante para el país es combatir la desigualdad. Que los que menos tienen tengan más, y que los que más tienen compartan su riqueza.

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*Maestro en Análisis Político y Medios de Información

El peatón es el rey

noviembre 3, 2013

http://www.oem.com.mx/elsoldemexico/notas/n3162762.htm

El Peatón es el Rey

Federico Ling Sanz Cerrada*

Ya en muchas ocasiones he hablado de los peatones, de la cultura peatonal y de todo lo que eso significa para mí. Por supuesto que es un tema interminable y nunca es suficiente, pues en México existe una nula cultura de respeto al peatón. Entonces, cuando uno compara a la Ciudad de México con otras ciudades, se da cuenta que se aplica la ley del más fuerte en estos casos. Y pues resulta que me ha tocado nuevamente circular a pie por las calles del Distrito Federal y específicamente me llamó la atención que en ciertos cruces encontré pintados en la intersección, donde deberían estar las “líneas de cebra” que indican el cruce de personas, a unos monitos con una corona. Me puse a pensar y lo único que se me ocurrió es que eso simboliza que “el peatón es el rey”. Por tal razón, si es el rey, entonces debe cruzar primero y se le debe de ceder el paso.

Ahora bien, el reglamento de Tránsito del Distrito Federal dice claramente que el peatón siempre tiene el paso en los cruces. ¿Cómo estarán las cosas que para hacer respetar el reglamento de tránsito se requiere pintar esas cosas en la calle en un tamaño francamente grande? Y para mi desgracia y la de todos los peatones, los carros no parecen respetar mucho esta indicación tampoco. Los automóviles se le lanzan con todo a quienes caminan, como tratando de ganar el paso. Luego entonces traté de encontrar una razón y creo que se debe al “gandallismo” y a la aplicación de la “ley de la selva” donde el débil sufre mucho más y es sujeto a la dominación del más fuerte. Aunque la ley está hecha para proteger a los débiles – que en este caso serían los peatones – la realidad es que como en muchos casos, la ley no se cumple. Está de adorno, pues.

Si seguimos pensando en estos fenómenos, hay otro que también me llama la atención y es la forma de manejar, donde la pugna vial por el carril, por pasar primero o por no dejar que el otro se meta es sinónimo de poder. Quien pierde el paso de su vehículo pierde poder, pierde dignidad. Nosotros hemos puesto parte de nuestros complejos en la dominación vial al momento de manejar. No resulta extraño que, en ocasiones, hay conductores que terminan por disparar a otros, porque venían “jugando carreras”, porque se le “cerró” o por cualquier otra razón. ¿Es la lucha por el carril del automóvil el motivo de ello? Por supuesto que no, en realidad es lo que subyace: el poder simbólico, la dominación sobre el otro y la humillación del más débil. Quien pierde es porque es tonto, no porque sea débil. Quien sigue entonces las reglas viales y le es arrebatado el poder de la calle, es un estúpido ante los ojos del más fuerte. Y peor aún si la ley es ornamental solamente.

Lo que trato de decir es que las reglas viales no están hechas para romperse, o para demostrar quién es mejor, más fuerte o más inteligente que otro. Se tratan de reglas mínimas de convivencia humana. Pero siguiendo con esta ruta de pensamiento, si eso pasa en la calle, con algo tan sencillo como el reglamento de tránsito, imaginemos qué cosas suceden en los negocios, en los juzgados, en la política, en los bancos, en las negociaciones, en los sindicatos, etc. Estamos hablando de un problema cultural y eso es precisamente lo que abordé la semana pasada en este espacio. El cambio de nuestro país vendrá a través de la cultura y de la forma de ver la vida. Como dice el dicho: “no se necesita que haya más barrenderos, sino que la gente deje de tirar basura”. Los ejemplos que tenemos de lo que sucede en las calles de la Ciudad de México es replicable a otro ámbitos. Mientras sigamos pensando igual, por más grande que pinten al peatón como el rey, seguirá siendo el súbdito. Y de allí solamente podremos salir nosotros mismos por nosotros mismos. No hay de otra.

http://www.federicoling.com y @fedeling

*Maestro en Análisis Político y Medios de Información

Barricadas

octubre 5, 2013

http://www.oem.com.mx/elsoldemexico/notas/n3122828.htm

Barricadas

Federico Ling Sanz Cerrada*

Los contrastes son inevitables. Estamos a punto de festejar las fiestas patrias y lo que uno puede leer en la prensa y observar en los portales de los periódicos es la manera en que los maestros de la “CNTE” tomaron una excavadora y la llevaron hacia la barricada que ellos mismos construyeron con vallas en todos los accesos al Zócalo.

¿Cuál es el motivo de lo anterior? No lo sé. Quizá querían asustar a los paseantes, a los policías, a los comerciantes, o simplemente aparecer en las portadas de los diarios electrónicos una tarde de viernes.

No importa en realidad. Lo que importa es todo lo que está de fondo. Más allá de quedarnos en la simplicidad de la protesta de la CNTE, lo que quisiera que trajéramos a colación en esta ocasión es el respeto al estado de derecho en nuestro país.

Pondré un ejemplo de lo anterior: en la ciudad de Washington se manifestaron el jueves pasado cientos de personas respecto de la reforma migratoria y cerraron una de las avenidas más importantes (Constitución). ¿Qué sucedió? La policía detuvo a esas personas y las encarceló por cometer una falta. No se pueden cerrar calles y avenidas de esa forma.

La ley se aplicó y los manifestantes fueron a parar tras las rejas (quizá hayan salido un par de horas después, una vez que pagaron la multa).

La Ciudad de México se ha convertido en semanas recientes en rehén de los maestros de la CNTE y han logrado inclusive clausurar el aeropuerto. ¿Por qué razón? Porque la reforma legislativa en materia educativa contraviene a sus intereses (no a los intereses de México).

¿Hubo algún detenido? Ninguno. Pero avancemos un poco más en nuestro análisis, y digamos con toda verdad que, en ocasiones, son los propios políticos los que organizan marchas y manifestaciones en la ciudad, violando flagrantemente el estado de derecho (por ejemplo, el plantón de López Obrador en Reforma en 2006).

¿Qué está entonces atrás de todo ello? Nuestra cultura de poco respeto a las instituciones y a las leyes. Nadie se toma la molestia de cumplir la ley, empezando desde quienes se supone son los encargados de aplicarla.

Luego entonces, una inmensa cadena de ilegalidad se desprende llegando a todos los lugares que nos imaginamos. La falta de respeto por las normas y por las reglas es lo que no permite que México avance.

Más allá de la falta de reformas estructurales que también hacen inmensa falta hoy en día, la incertidumbre que provoca la violación del estado de derecho nos mantiene en el subdesarrollo. Como ya se ha dicho antes, la previsibilidad de que las leyes se ejecuten y se cumplan les da certeza a las personas acerca de lo que podría suceder en México.

Le da certeza a todo mundo de cómo se van a comportarse las instituciones, de cómo habrán de dirimirse las diferencias y los conflictos, le da certeza a los inversionistas sobre sus inversiones (monetarias o en especie).

El respeto al estado de derecho es un indicador del grado de cumplimiento de una sociedad. Y como asunto que tiene implicaciones sociales, siempre está basado en el grado de compromiso personal que cada uno tenemos frente al país, frente al gobierno y frente a los demás.

No resulta de extrañar que una persona que no cumple sus obligaciones frente a sí mismo, cumpla las que tiene frente a la sociedad.

Y de allí entonces se derivan una gran cantidad de problemas. Por ejemplo, más que la reforma fiscal, se necesita que los evasores paguen; más que la reforma energética, se necesita que el sindicato petrolero deje de ser complaciente; más que la reforma financiera, se necesita que desaparezcan los privilegios fiscales; más que la reforma educativa, se necesita que los maestros estén en las aulas y no en las calles, y así sucesivamente.

Lo que necesitamos es que cada mexicano se dé cuenta de la enorme responsabilidad que tiene en sus manos y de cómo esto impacta en su sociedad. Lo demás, en realidad, resuelve las cosas de manera coyuntural.

http://www.federicoling.com y @fedeling

*Maestro en Análisis Político y Medios de Información

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