Psicoanalizando al Leviatán

Psicoanalizando al Leviatán

por Federico Ling

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Inteligencia Emocional

marzo 22, 2014

http://www.oem.com.mx/elsoldemexico/notas/n3308021.htm

Inteligencia Emocional

Federico Ling Sanz Cerrada*

Es un bien cada vez más escaso y poco común entre las personas. La inteligencia emocional es un concepto que se inventó hace poco y apela a la manera en que nos relacionamos con los demás y qué tan capaces somos de resolver nuestras diferencias con los otros y de procesar nuestras interacciones humanas con ellos. Si la inteligencia racional se define como la capacidad para resolver problemas lógicos, entonces, la inteligencia emocional sería la capacidad para resolver problemas -valga la redundancia- emocionales. Antes de seguir quiero decir que estoy escribiendo esta colaboración sin abundar demasiado en los aspectos teóricos, científicos o académicos de los términos; lo que me interesa es plantear una hipótesis y proponer una nueva forma de conducirnos por la vida. ¿Y por qué traigo todo esto ahora en este artículo? Básicamente porque me he dado cuenta que la inteligencia emocional no es un bien que abunde en las personas; y haciendo un análisis mucho más preciso y detallado, si nos detenemos un momento a pensar nos daríamos cuenta de cuántas cosas podrían resolverse simplemente con un poco de suavidad en nuestro trato.

Los ejemplos abundan. Por mencionar algunos de ellos, podríamos decir que si uno se encuentra a otra persona de manera accidental en el supermercado, y hace mucho tiempo que no se han visto, lo más natural es que al terminar la conversación uno le diga al otro: “ojalá que nos veamos pronto”, o “nos hablamos pronto”. ¿Esto quiere decir que inmediatamente va a hacer una cita con la otra persona para que puedan reencontrarse dos días después y se tomen un café? Probablemente no. Pero casi nadie respondería a ello diciendo: “no, la realidad es que no nos vamos a ver pronto, así que no hay que decir que nos vemos o nos hablamos pronto”. Es ridículo, ¿cierto? Lo más típico sería decir: “claro, nos vemos pronto” (aun a sabiendas que esto no sucederá en el plazo inmediato). Allí está la inteligencia emocional más obvia.

Pasemos a otro nivel en este juego: si somos anfitriones de una fiesta y queremos que nuestros invitados estén contentos, lo más natural sería pensar en ellos y decir: “si mis invitados gustan de tomar vino tino, entonces voy a comprar unas botellas de vino tinto para la fiesta”. Lo contrario sería comprar otro licor como vodka o tequila porque es lo que gusta al anfitrión, aunque los invitados no se la pasen bien. Si el anfitrión es emocionalmente inteligente, entonces buscará la manera de complacer a sus huéspedes, porque así la fiesta será un éxito. En ese sentido, hay que ceder un poco en estas cosas. Quizá todo esto que estoy escribiendo parece sumamente obvio al momento de redactarlo o de leerlo, pero en verdad, estoy sorprendido de la enorme cantidad de personas que no tienen el más mínimo reparo de estas pequeñas cuestiones y van por la vida como “elefantes en medio de una cristalería” lastimando a sus semejantes por cosas verdaderamente obvias, nimias o insignificantes y que no les costaría nada evitar, de aplicar estos principios de inteligencia emocional.

Así también para la política se pueden llevar estos lineamientos de inteligencia emocional. ¿Qué es lo que hace que un Presidente de la República sea carismático o no? La inteligencia emocional: la manera en que trata a sus invitados, a sus colegas, a sus subalternos, a sus ciudadanos, etc. Un político depende enteramente de su inteligencia emocional para poder conectar efectivamente con la gente y ser exitoso en sus relaciones humanas. Esto es algo que puede verse reflejado en los medios de comunicación, en los eventos, en los comentarios de quienes tratan con él y hasta en la manera de hablar y de dirigirse a las personas. Los seres humanos somos sensibles a estos pequeños detalles que pueden hacer la comunicación mucho más eficiente, más fluida y más natural. Aquellos que tienen relaciones interpersonales exitosas saben utilizar todos estos elementos y aquellos políticos que se conectan bien con los ciudadanos también lo usan a su favor.

http://www.federicoling.com y @fedeling

*Maestro en Análisis Político y Medios de Información

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Comió Ligas

marzo 22, 2014

http://www.oem.com.mx/elsoldemexico/notas/n3300122.htm

Comió Ligas

Federico Ling Sanz Cerrada*

Desde que me mudé de la Ciudad de México y me fui a vivir a otro país, una de las cosas que más disfruto es volver a mi Patria. Claro está que casi siempre vuelvo de trabajo, y en realidad, creo que la mitad del año me la paso en el Distrito Federal (u otras ciudades, como ya he escrito anteriormente). Sin embargo debo admitir que cada ocasión que vuelvo a la capital del Valle de México me encuentro con fenómenos sorprendentes. Uno de ellos es el de los peatones y toda su genealogía, su interpretación y su supervivencia por las calles de la ciudad. Para esto debemos decir que el Distrito Federal no está diseñado para cualquier otro tipo de transporte que no sea el automóvil; recientemente el Metrobús y las Ecobicis han comenzado a generar una nueva cultura urbana de la transportación, pero en realidad todavía le falta mucho para llegar a este punto, y los carros siguen haciendo de las suyas por avenidas y bulevares del Distrito Federal; ya ni qué decir de los camiones o los taxistas. Sin embargo, el tema que quiero tocar el día de hoy, nuevamente, es sobre los peatones y la cultura urbana. No puedo recordar cuántas veces he escrito de este tema, pero no me voy a cansar de denunciar nuestra falta de civilidad y de respeto por el otro cuando transitamos en público.

En esta ocasión me encontraba caminando por las calles de México y al cruzar una importante avenida de la ciudad, un automóvil Mercedes Benz se me “echó” encima, y tuvo que frenar intempestivamente para darme el paso. No pienso abundar en las muchísimas razones de por qué el peatón siempre tiene el derecho de paso cuando un automóvil da vuelta en una esquina, porque no es el sentido de este artículo, pero quiero consignar un hecho que me llamó mucho la atención: cuando esto sucedió y el Mercedes Benz negro, con tremenda prepotencia hizo el intento de no frenar y luego hacerlo de modo apresurado, una mujer joven me gritó: “comió ligas, ¿o qué?”. No me percaté del hecho hasta que entendí que me estaba gritando a mí, y junto con su familia se estaban burlando abiertamente y a carcajadas. Por supuesto que me les quedé viendo, como tratando de condenar su burla, pero opté por no decir nada y me quedé pensando: “ahora resulta que el que está mal soy yo”. ¿Comió ligas?, ¿esa es la mejor interpretación para saber cruzar las calles en México?, ¿qué pensarán los hijos pequeños de esa familia que son regañados por sus padres por cruzar “a lo tonto”, como si “hubieran comido ligas”? Simplemente me rehúso a aceptar que los peatones, inclusive teniendo el paso, esperando a que se ponga su propia luz verde, tengan que cuidarse de los automóviles, por si acaso se les da la gana a los conductores vulnerar el alto y pasárselo, como si eso fuera una regla no escrita de esta jungla de cemento. El problema está en que cuando esos peatones manejan, crecen con la idea y la convicción – bien firme en su mente – que los peatones son quienes deben esperarse y quienes no deben arriesgarse para cruzar las calles, aún y cuando esté la luz verde para ellos (a menos que hayan comido ligas).

Ahora bien, este fenómeno no es exclusivo de la Ciudad de México. Recuerdo bien mi última visita a Durango (de donde soy nativo) y al cruzar la avenida conocida como “Libertad” (así se llamaba antes, porque ahora se llama Lázaro Cárdenas), los camiones enfilan a más de 80 kilómetros por hora, bloqueando todo paso o derecho de los peatones para caminar o para cruzar en las esquinas. Lo que estoy consignando en esta entrega es el salvajismo urbano de mi país, reflejo de un complejo que tenemos los mexicanos a veces, como pensando que el que puede, debe “agandallar”, y en este caso, la sartén por el mango la tienen los conductores; pero habemos algunos cuantos que no dejaremos de denunciar el hecho en cada ocasión que podamos.

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*Maestro en Análisis Político y Medios de Información

Tiempos de desconcierto

febrero 21, 2014

http://www.oem.com.mx/elsoldemexico/notas/n3291861.htm

Tiempos de desconcierto

Federico Ling Sanz Cerrada*

La situación de la política mexicana no resulta envidiable. La semana pasada establecí -desde mi óptica personal- la decadencia en que se encuentran muchas instituciones de la política mexicana. Una de ellas es el Senado; en él, las cosas han llegado a un nivel deleznable en donde la pugna de los legisladores y la rebatinga por el poder, aunado a los espectáculos circenses se han apoderado de la Cámara Alta. Pero esta situación no es privativa solamente del Poder Legislativo. Le he llamado a esta columna como “tiempos de desconcierto”, porque así es como yo me siento respecto de la situación del país. Voy a tratar de poner un ejemplo: se me viene a la mente cuando nos sentimos cansados y decepcionados, y en ese preciso momento nos dan una mala noticia y tenemos además un problema en el trabajo; esas dificultades sordas y pesadas que no permiten avanzar con paso ligero y que nos mantienen todo el día preocupados. Pues bien, así, con ese pesar, así me siento yo respecto de la situación pública en México.

Por supuesto que uno de los problemas es el espectáculo político de muchos actores específicos que no saben hacer otra cosa, pero también, en general, ubico algunos temas que nos mantienen en la incertidumbre constante. Comenzaré por hablar de Michoacán, cuya situación corre el grave riesgo de propagarse a otras entidades y a otros ámbitos públicos. El problema no es menor y creo que se ha minimizado: si se nos va Michoacán, se nos va el país. Sin embargo, lo anterior no es algo que pueda resolverse de inmediato y cuyo arreglo esté a la vuelta de la esquina. No es así. Por el contrario, es un obstáculo que va a tardar mucho en componerse y cuya mejoría no se verá en el corto plazo; es más, ni siquiera será visible del todo.

Pero no solamente es Michoacán lo que nos mantiene en vilo. Hay tiempos de desconcierto en otros ámbitos, por ejemplo, el internacional. Todos fuimos testigos de la portada de la revista “Time” en la cual el presidente Peña Nieto aparece con el título de “Salvando a México” (cosa que me pareció exagerada y la foto me resulta no tan atractiva), pero más allá de la discusión interna de esto, la audiencia internacional estoy seguro que va a recibir de manera positiva esta publicación. Así se pretende comenzar a modificar la percepción que tienen en el exterior de nosotros. Pero este también es un tema que genera desconcierto. ¿Cómo México puede tener tan mala imagen y estar a la par de países africanos en materia de inseguridad y de corrupción, pero tener una calificación de triple A de Moodys? La inquietud crece entonces más cuando se trata de resolver un problema que no tiene solución en el corto plazo; la percepción cambiará cuando – con mucho esfuerzo y con elementos concretos – la propaganda y la realidad también lo hagan.

Además, las detenciones por corrupción y lavado de dinero de algunas personas y empresas, las controversias constitucionales entre grandes actores, los pleitos de las cadenas de telecomunicaciones y otros asuntos también generan desconcierto en México. Me da como la impresión de haberme despertado con agitación en medio de la noche y no poder dormir nuevamente, es como si todos los problemas que tenemos que resolver fueran una carga pesada, como una situación que sórdidamente está afectándonos, minando nuestro ánimo y robándonos la energía para ponernos en marcha.

¿Cómo se resuelven los problemas de esta naturaleza? No son nada fáciles y el primer elemento es la paciencia. Esto se puede corregir si comenzamos a dar los primeros pasos (por tonto que se escuche); hay que tener paciencia y perseverancia. El sentido de cuidar los detalles también es importante; hasta las cosas más pequeñas cuentan. Al final del día esto se refleja en nuestro ánimo y allí es donde todo empieza a ser diferente. Si esto se aplica para nosotros mismos, por qué razón no habría de serlo también para nuestro país. Hay que empezar a hacer cosas que nos hagan sentir diferentes, con más ánimo y con energía. Quizá la solución no sea tan espectacular como nos la estamos imaginando.

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*Maestro en Análisis Político y Medios de Información

El Senado al estilo Roma

febrero 9, 2014

http://www.oem.com.mx/elsoldemexico/notas/n3284060.htm

El Senado al estilo Roma

Federico Ling Sanz Cerrada*

No es secreto para nadie la decadencia que actualmente enfrenta el Senado de la República. No lo digo con un afán meramente crítico, cínico o burlón. Lo digo con un ánimo de hacer una reflexión que construya y con una preocupación grande al respecto. Desde la antigua Roma, el Senado (conocido también por las letras S.P.Q.R, mismas que actualmente representan a la “Ciudad Eterna” y que pueden leerse en muchísimos lugares de la capital italiana) era la máxima institución política. Casi tan importante (en términos de poder) que el César, fue la invención de nuestros antecesores culturales para la deliberación. En el Senado de Roma se inventó el debate parlamentario y la decisión colegiada, misma que fundó lo que actualmente sigue vigente. Por ello el Senado (derivado del vocablo latín “senectus”) significaba “viejo”, “sabio”; la asamblea de los políticos sabios que tomaban las decisiones para el Imperio. Y así se comportaban. Pero debemos recordar que, como todo Imperio, también el romano marchó hacia su ruina. Acumuló tal cantidad de poder, de avasallamiento y de expansión que la descomposición fue inevitable. La sociedad se deterioró y las bacanales romanas (la vida del exceso, las comilonas y el derroche) se convirtieron en la realidad cotidiana. La terrible decadencia imperial y de su sociedad acabó por destruir a Roma. Los excesos la consumieron, en lugar de consumarla.

Pues bien, en esta ocasión, quiero hablar de cómo el Senado de México parece ser también que avanza hacia su propia descomposición. En primer lugar, debemos mencionar el escándalo de la senadora Mendoza del PRD, que tuvo que pedir licencia luego que se conocieran algunas fotografías de ella en una fiesta supuestamente organizada por grupos delictivos en Michoacán. El escándalo fue tal, que hasta el titular de la instancia de procuración de justicia tuvo que intervenir directamente. En ese sentido, no sabemos en qué van a terminar las investigaciones, pero políticamente hablando es altamente costoso para ella misma, para su grupo parlamentario, y para la imagen del Senado en general. La correlación inconsciente entre Senado y delincuencia organizada es un pésimo augurio.

Por otro lado, el flamante coordinador de los senadores del PAN organizó una comilona por el “Día de la Candelaria” en una de las explanadas que tiene el inmueble de Paseo de la Reforma en el cruce con Insurgentes. Allí, los trabajadores, personal y senadores del grupo parlamentario que lidera, asistieron y se documentó por los medios de comunicación que hubo importantes cantidades de alcohol. Como prueba de lo anterior, el mismo senador Preciado tuvo que admitir ante la prensa que las cosas se salieron de control y ofreció una disculpa por haber hecho lo que hizo. La pregunta es: ¿con qué dinero organizó esta comilona?, ¿está justificada por la normatividad interna de la Cámara de Senadores?, ¿con una disculpa pública se resarce el daño causado al Senado mismo y al erario? Claro, todo ello sin contar la interminable pugna intestina que yace en este grupo político por hacerse del control del mismo.

Luego entonces me atrevo a afirmar -como dice la canción: por esta y muchas cosas más- que el Senado mexicano está marchando hacia su decadencia. La vulgarización de la política mexicana y la trivialización del poder, la vida de los excesos y el derroche están destruyendo una de las instituciones que debería darle estabilidad a la vida pública de la nación. En lugar de eso, las inclemencias de los propios actores políticos y sus conductas totalmente inapropiadas están dinamitando la imagen del Senado. Luego entonces, este parece más bien un reflejo de la ciudad de Roma en su etapa final, y no de aquella en la cual el Senado era la asamblea de los viejos sabios. Como ya lo dijera Mahatma Gandhi (pero adaptado a estas circunstancias): me gusta mucho el Senado, porque me parece uno de los mejores inventos políticos, pero no me gustan los senadores (al menos los de los excesos). Ojalá que ellos mismos logren entender que lo peor que un político puede hacer es apostar contra sí mismo. El tiempo lo dirá.

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*Maestro en Análisis Político y Medios de Información.

Abrir Brecha

febrero 9, 2014

http://www.oem.com.mx/elsoldemexico/notas/n3277259.htm

Abrir Brecha

Federico Ling Sanz Cerrada*

Durante las últimas tres semanas he escrito ampliamente de lo que estuve haciendo en dicho tiempo: visitar estados de la república para echar a andar un proyecto de intercambio educativo entre México y Estados Unidos que beneficie a los jóvenes y que esté apoyado y patrocinado por los gobiernos de los diferentes estados de la república que participan. Visité Querétaro, Oaxaca, Hidalgo y el Estado de México y en todos ellos tuve la oportunidad de reunirme con el gobernador respectivamente (excepto en Oaxaca) para arrancar este proyecto en cada semestre. Ya platicaré un poco después de todo ello. Sin embargo, como un mexicano que tiene que trabajar más allá de las fronteras nacionales y que trata de entender mejor los mecanismos que existen de cada lado del Río Bravo (con lo complejísimo que ello puede llegar a ser), el día de hoy se me ocurrió escribir de lo difícil que es comenzar un proyecto nuevo.

En realidad, iba a escribir del desánimo que a veces nos inunda y que no sabemos cómo resolver o qué hacer con él; simplemente porque allí está, porque llega de repente o porque es parte de nuestra naturaleza humana y es inherente a nuestra vida. Los sentimientos de este tipo no se pueden controlar y a veces no tenemos un dominio total de los mismos. Podemos sentirnos enojados, tristes, decepcionados, con miedo, cansados, etc. Pero no se trata de controlar, porque eso no sirve de nada. No podemos bloquear aquellas emociones que sentimos y que surgen desde lo más profundo de nosotros. Claro que siempre podemos escoger qué hacer con ellas, pero no siempre es fácil y realmente es complejo tener la capacidad de domar y de dominar aquellas emociones que nos colocan en esta posición.

Empezar un proyecto puede tener muchos de estos sentimientos y emociones revueltos al mismo tiempo. Cuando la gente empieza algo nuevo y no hay ningún antecedente de nada, la dificultad se hace presente y como seguramente las cosas no salen bien al inicio, entonces nos enfrentamos al desánimo y a la tristeza; inclusive a la frustración y al enojo. Empezar algo – lo que sea – jamás será fácil. Abrir brecha y encontrar y hacer algo nuevo que no se hacía o existía antes es una tarea difícil, cuesta trabajo y requiere muchísimo de nosotros. En alguna ocasión escribí que cualquier motor, para iniciar su marcha, requiere cinco veces la energía que si estuviera ya encendido. Si comparamos los motores con cualquier empresa personal, social o política, pues entonces allí está nuestra respuesta: requerimos cinco veces la energía normal para iniciar la marcha de algo nuevo.

En lo personal me he sentido desanimado y un poco cansado de ello. Reconozco este sentimiento (como un ser humano que soy) y debo entonces también admitir que no siempre he sabido – y no sé – que hacer con él o cómo superarlo fácilmente. He decidido por voluntad propia emprender una serie de proyectos nuevos, me he mudado de país, me he cambiado de trabajo y he buscado nuevos horizontes para que mi Patria y yo mismo seamos mejores; casi siempre lo he hecho con ánimo, con entusiasmo y con bastante emoción. No obstante, y como parte de los procesos normales de la vida, el día de hoy me he permitido sentirme cansado y he llegado a sentir que me han faltado fuerzas y energías para seguir abriendo nuevas rutas. Creo que así como yo, muchos mexicanos compartimos este sentimiento. Pero estoy seguro que pasará, que es algo momentáneo y que el cansancio es también bueno; es la señal que uno ha emprendido cosas nuevas, que ha gastado e invertido su fuerza y su energía y que ha dejado el “alma en la cancha”. Luego entonces esperemos que el sol vuelva a salir; volvamos a la tarea ardua y sigamos poniendo empeño, que las cosas que valen la pena requieren de este esfuerzo.

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*Maestro en Análisis Político y Medios de Información

Hidalgo

febrero 9, 2014

http://www.oem.com.mx/elsoldemexico/notas/n3269006.htm

Hidalgo

Federico Ling Sanz Cerrada*

El pasado viernes ha tocado el turno al estado de Hidalgo. Viajé a su capital, la ciudad de Pachuca, donde me correspondió participar en un evento con el gobernador del estado, Francisco Olvera. Desde hace varios días que he tenido la oportunidad de visitar varios estados y de seguir aprendiendo cada vez más de ellos. Como lo comenté en mi artículo anterior, estoy a cargo de un programa que cuya misión es realizar intercambios académicos y profesionales, y en ese sentido, los jóvenes de diversos estados son apoyados por su gobiernos para conseguir su lugar en estos programas internacionales de un semestre (en Washington DC, en este caso). Cuando uno estudia a México, su geografía política y su federalismo, a veces no presta tanta atención a las entidades federativas, ni mucho menos a aquellas cosas que las hacen únicas y particulares en todo el territorio nacional. Cada estado tiene sus cualidades (y sus problemas también). Y en este ejercicio de visitar a los estados de México y al escribir mi experiencia de ello, me obligo entonces a pensar y a encontrar las características de cada ciudad, de cada lugar y de cada sociedad en particular. Es una manera de reflexionar sobre aquello que distingue a cada localidad en México y que me enorgullece contar y compartir con todos aquellos que leen esta colaboración cada semana.

En el caso de Hidalgo -y especialmente de su capital- debo admitir que mi opinión está sesgada, pues tengo a varios buenos amigos de dicho lugar. Con ellos no solamente compartí las clases en la universidad sino que también me ha tocado trabajar en el ámbito profesional, y también tengo amigos con quienes he coincidido por conducto de mi familia y de mis últimos encargos. A todos ellos guardo un cariño especial y cada vez que visito Pachuca lo recuerdo de esta forma. Quizá es una manera positiva de sesgar los recuerdos de cada uno de los estados de la república que me ha tocado visitar. Pero más allá de cualquier cosa, y tratando de superar el sesgo personal de mi punto de vista, debemos reconocer también la importancia política actual del estado de Hidalgo en el país. Para mencionar las razones de ello, comenzaré por decir que varios de los miembros del Gabinete provienen del estado de Hidalgo. Esto demuestra la cercanía de sus actores políticos con el actual Gobierno federal. Luego entonces, Hidalgo es un actor relevante en tanto sus políticos también lo son. Adicionalmente debo mencionar que la cercanía al Distrito Federal lo convierte en un centro de distribución y de conectividad estratégico sumamente relevante.

Y como parte de mi experiencia en el estado de Hidalgo, la visita a sus pueblos mágicos como “Real del Monte” es también una gran oportunidad de conocer más de la gastronomía y de los rincones de México que ofrecen interesantes atractivos (uno puede literalmente caminar “entre las nubes”). Pero tratando de avanzar más en este análisis y reflexión de mi impresión en el estado de Hidalgo, debo volver siempre al tema personal; uno guarda recuerdos de los lugares que visita por las personas que conoce y por lo que ello le ha significado en la vida. Por esta razón, Hidalgo tiene un cariño especial para mí, puesto que la cantidad de gente que ha sido y sigue siendo importante para mí, es oriunda y proviene de este lugar. Sería inevitable hacer una asociación directa entre ambas cosas, y por lo regular en varias ocasiones, el ritmo de vida de la capital hidalguense me recuerda aquél de mi tierra natal – Durango – en donde no hay tanta prisa para moverse de un lugar a otro, donde toda la sociedad se conoce entre sí, etc. A medida que conozco más, me voy convenciendo de las enormes virtudes de haber vivido de esta manera. Estoy seguro que en el futuro, muchas más cosas le esperan a Hidalgo y ojalá que pueda seguir compartiéndolas con él y con su gente.

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*Maestro en Análisis Político y Medios de Información

Estado de México

febrero 9, 2014

http://www.oem.com.mx/elsoldemexico/notas/n3262054.htm

Estado de México

Federico Ling Sanz Cerrada*

El viernes pasado tuve la oportunidad de participar en el evento de entrega de becas del Gobierno del Estado de México a 32 jóvenes beneficiarios que se van a Washington DC, a cursar un programa de intercambio en The Washington Center. Más allá de abundar en el programa en sí mismo (del que formo parte y del cual estoy a cargo en el área de gobiernos), me gustaría narrar la experiencia de trabajar con las autoridades del Gobierno del Estado de México. En primer lugar, debo agradecer al embajador Eduardo Medina Mora, embajador de México en Estados Unidos y al embajador Emilio Rabasa, embajador de México ante la Organización de los Estados Americanos (OEA) por su disposición para que los jóvenes mexicanos cuenten con mayores oportunidades de preparación académica y profesional, pero especialmente quiero hacer un reconocimiento al gobernador Eruviel Ávila Villegas por la decisión de invertir en el futuro de los líderes mexicanos.

Debo decir abiertamente que, cuando uno trabaja con los gobiernos de México y de América Latina, (área de la cual también me hago cargo), es difícil concretar cosas en un periodo de tiempo corto, porque las burocracias y los trámites administrativos siempre terminan por agotar todo el tiempo y normalmente es difícil aterrizar proyectos de modo tal que se vuelvan productos concretos. Pues bien, a pesar del corto tiempo en que este programa fue propuesto al Estado de México, resultó una sorpresa grata ver que los funcionarios del Poder Ejecutivo de dicho estado están profundamente bien organizados y saben bien trabajar bajo presión, para tener las cosas a tiempo y cumplir los plazos fatales que se tienen en estas circunstancias.

Durante estos últimos meses he podido trabajar con diversos gobiernos estatales de México (de manera prioritaria) y de Argentina (de manera un poco más tangencial). Y después de haber trabajado durante largo tiempo en la administración pública, debo admitir que estoy sorprendido con los resultados obtenidos en términos de eficiencia documental y de gerencia de proyectos desde Toluca. Me siento orgulloso de poder colaborar, desde “el otro lado del mostrador” en Washington, a que los jóvenes mexicanos puedan prepararse cada vez más y mejor, y sobretodo, hacerlo en conjunto con los gobiernos de mi país. Observar que los ejecutivos estatales han decidido invertir en el futuro educativo y profesional de los jóvenes, siempre será una recompensa a los esfuerzos para tratar que México sea mejor.

Todas las coordinaciones, direcciones y secretarías con quienes me tocó colaborar en el Estado de México fueron sumamente eficientes y trabajaron interinstitucionalmente de manera coordinada, especialmente la Coordinación de Asuntos Internacionales y la Secretaría de Educación Pública. El tiempo se ha ido “volando” y ahora faltan ya unos días para que estos jóvenes se vayan a Washington a hacer su práctica profesional. Por primera vez, en mucho tiempo, el semestre que está comenzando es el más números en muchos años; 68 jóvenes acudirán becados por los diferentes gobiernos estatales de México. En esta ocasión tocó el turno a Toluca para entregar la beca y cada vez estoy más convencido que México podrá empezar a cambiar, en la medida en que decida apostarle a los mecanismos de cambio en el largo plazo: la educación, la auto formación, el cambio cultural, etc. Realmente creo que la experiencia de interactuar con los jóvenes candidatos y con los gobiernos que les apoyan para que esta vivencia sea una realidad, es una de las cosas más interesantes y gratificantes que me he topado como político, como politólogo y como analista.

Solamente nos resta preguntarnos con calma cuál es el siguiente paso. Ese tendrá que ser uno de los cuestionamientos fundamentales para que este tipo de experiencias puedan aprovecharse, capitalizarse y potenciarse en México. No debemos dejar que este tipo de programas, situaciones y vivencias queden enterrados en el olvido o en la fugacidad de un semestre o un año. Deben darse seguimiento y todos debemos preguntarnos cuál es nuestro papel en este esfuerzo. ¿Qué nos corresponderá a todos para lograr que las experiencias de vida transformen nuestra realidad, nuestra sociedad y nuestro país? Allí puede estar la clave del futuro que está esperando a México. Enhorabuena.

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*Maestro en Análisis Político y Medios de Información

Sobre la urbanidad en los partidos

febrero 9, 2014

http://www.oem.com.mx/elsoldemexico/notas/n3253293.htm

Sobre la urbanidad en los partidos

Federico Ling Sanz Cerrada*

La semana pasada escribí una crítica de urbanidad en la Ciudad de México y en el país en general. La teoría era que, la falta de respeto a las reglas de convivencia provoca un desastre en nuestras relaciones humanas y sociales, porque no sabemos cuidar la manera de comunicarnos efectivamente y de interactuar con los otros. Pero sobre todo si la teoría la aplicamos al ámbito político, la falta de urbanidad puede conseguir que los actores políticos menos se pongan de acuerdo y la esfera pública se convierta en un mero “ring de boxeo”, en lugar del ámbito para dirimir las diferencias y lograr consensos. Además, eso también se ve reflejado en la manera de hacer política de los partidos. Creo que el caso más reciente de escándalo y división interna es el del Partido Acción Nacional, de cara al proceso de renovación de su dirigencia. Ello ha ocasionado serios desencuentros y dificultades para que este partido supere la prueba que tiene por delante. La división de sus grupos internos está más que marcada y es evidente, y el reciente escándalo de las filtraciones entre la conversación telefónica del Senador Cordero y el Diputado Rodríguez Doval parece hasta ficticia, fingida o hecha a modo para denunciar a los del grupo contrario, pero conservando la capacidad de negarlo y de denunciarlo públicamente.

Francamente pienso que la política al interior de los partidos se ha venido deteriorando cada vez más y ha echado mano de mecanismos cuestionables para “meterle el pie” al otro y descarrilarlo de la competencia. Como todos sabemos, en el caso del que hablo, creo que la raíz del pleito está en las candidaturas plurinominales a la Cámara de Diputados del año 2015 (la elección intermedia) y que habrá de servir como trampolín y como una plataforma de lanzamiento para el año 2018, en que el Ejecutivo Federal y la Cámara de Senadores también ha de renovarse. Por eso entonces resulta tan importante hacerse del control de los partidos, de sus dirigencias y de sus órganos directivos. La tendencia en los institutos políticos de México ha sido la de poco a poco quitar candados democráticos de las audiencias, para que los jerarcas de los mismos puedan deliberadamente nombrar a sus mejores cuadros y candidatos a ocupar puestos de elección popular. En lo personal no estoy en desacuerdo totalmente con la medida; me atrevo a decir inclusive que es necesario hacerlo para garantizar que ciertas personas con un determinado bagaje político estén presentes en el lugar donde se toman las decisiones de la Nación, pero entonces hay que asegurarse de que la oferta política lo mencione claramente.

La urbanidad entre los partidos y dentro de ellos también es un requisito fundamental para la convivencia política. No será solamente una buena oferta o un buen discurso lo que logre sacar los acuerdos adelante. La forma, como dice el viejo refrán de la política, también es fondo. Quizá hoy más que nunca adquiere un nuevo sentido y dimensión. Pero entonces, la pregunta que los estudiosos de la política tendrán que hacerse, más allá de la urbanidad, es: ¿qué se debe y se puede hacer con los partidos políticos que están divididos al borde de su propia aniquilación? Cuando un partido deja de ser competitivo y pierde fuerza, influencia, presencia en la vida pública y se divide a tal grado que ni siquiera se vuelve un mecanismo eficiente de tránsito de poder y como puerta de entrada a la vida pública, entonces, ¿debe desaparecer?, ¿debe refundarse?, ¿debe dejar de recibir recursos públicos? La ruta no está clara y es precisamente éste el fondo y el dilema fundamental de los partidos en crisis. Si las cosas no mejoran, en lugar de ser herramientas públicas útiles, se vuelven lastres. La manera de “medirle el agua a los tamales” es a través de la urbanidad. Un partido que se hace pedazos entre sí y entre sus miembros, y que sin escrúpulos se divide y se combate a sí mismo, claramente se ha vuelto un instrumento público poco eficiente y sin rumbo claro.

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Crítica Urbana

febrero 9, 2014

http://www.oem.com.mx/elsoldemexico/notas/n3245537.htm

Crítica Urbana

Federico Ling Sanz Cerrada*

La Ciudad de México es un monstruo. Y lo digo así porque en realidad me da esa impresión. Cada vez crece más y más, y conforme el tiempo pasa y los habitantes de la urbe parecen multiplicarse, también la urbanidad podría empezar a desaparecer. Recordemos un poco lo sucedido en la época navideña, cuando en los días previos la Ciudad estaba contaminada en un grado superlativo y la calidad del aire se deterioró importantemente. Aunado a ello, el tráfico y el ajetreo no ayudaron en mucho a resolver esta situación. Como es de esperarse, de manera tradicional los días navideños y de Año Nuevo (el famoso maratón “Guadalupe-Reyes”) siempre vienen cargados de un cierto desorden y caos urbano, pues todo mundo tiene cosas que hacer, regalos que comprar o personas a quienes visitar. Luego entonces, la urbanidad se vuelve un bien escaso en la Ciudad de México y la falta de ella comienza a hacer estragos.

Se le pueden criticar muchas cosas a la Ciudad de México, pero no dependen solamente de la ciudad por sí misma. La crítica urbana de la que estoy hablando no es exclusiva del Distrito Federal, sino que es inherente a nuestra cultura y a nuestro sistema de valores propio. Durante las fiestas navideñas también tuve la oportunidad de visitar mi ciudad natal, Durango (un sábado y domingo solamente), y también pude observar algunas de las cosas que he criticado de la Ciudad de México. Si tuviera que ponerle un nombre a esta falta de urbanidad quizá sería caos, desorden, rompimiento de las reglas básicas de convivencia, etc. Pero subiendo aún más el nivel de abstracción de esto que escribo el día de hoy, no solamente la crítica urbana es para el Distrito Federal o para Durango, sino para el resto de las ciudades en donde la gente ha decidido no respetar el orden, las reglas y las normas de convivencia básica entre la sociedad. Por supuesto este problema no solamente es algo endémico de México. También en otras grandes urbes sucede lo mismo: Nueva York, Rio de Janeiro, Buenos Aires, etc. No obstante, para el caso que nos ocupa, debemos hablar de México.

¿Qué otra cosa en nuestro país refleja la falta de urbanidad, además de las urbes? Entendiendo este problema como el caos generado cuando no respetamos las reglas y las normas para convivir pacíficamente entre todos. Pues bien, me atrevo a decir que la política mexicana también refleja de alguna manera nuestras fallas de convivencia social. Veamos por ejemplo los eternos problemas de las marchas, las manifestaciones, los sindicatos, las protestas, el cierre de calles, el chantaje público y político para obtener réditos y beneficios de grupo o personales. Todo lo anterior cabe en la misma categoría: no hemos sido capaces de instaurar en nuestro sistema cultural y en nuestra escala de valores el respeto por el otro, por las normas, por las reglas de convivencia, y obedecerlas. En la política también se puede reflejar lo que sucede en las calles.

Allí encuentro yo el principal reto para este año 2014. ¿Cómo hacer posible que las personas puedan convivir adecuadamente unas con otras?, ¿cómo lograr que todos respetemos las normas y que podamos lograr que la urbanidad se haga presente en todas nuestras facetas, no solamente en las calles de nuestras ciudades, sino también en el modo de hacer política y de conducirnos en la vida pública? Por supuesto que los retos que enfrenta México son muchos y muy variados de cara al 2014. Podría hablar interminablemente sobre la Reforma Energética, la Reforma Educativa o la política; pero la realidad es que mientras no cambiemos nuestro modo de pensar y de conducirnos, jamás habremos modificado de raíz el origen de todo aquello que nos perjudica. Allí hay una enorme ventana de oportunidad.

Por supuesto que el Año Nuevo nos trae importantes retos. Durante algunos artículos me dedicaré a escribir de lo que pienso en realidad de los políticos partidistas y de la política en México (en general). Por ahora, sirva este texto para tratar de ofrecer una perspectiva personal de hacia dónde me gustaría ver que nuestro país avanza.

http://www.federicoling.com y @fedeling

*Maestro en Análisis Político y Medios de Información.

Entre traducciones te veas (II)

febrero 9, 2014

http://www.oem.com.mx/elsoldemexico/notas/n3225702.htm

Entre traducciones te veas (II)

Federico Ling Sanz Cerrada*

El sábado pasado escribí sobre uno de los trabajos más difíciles de todos: ser intérprete y traductor. No es nada sencillo e incluso es equiparable al de un médico cirujano por la precisión, habilidad y rapidez que requiere. Además, el trabajo del traductor es fundamental, por ejemplo, en negociaciones internacionales donde hay conflictos entre países y la sutileza de algunas palabras puede hacer toda la diferencia. En ese sentido, el intérprete se vuelve una pieza clave. Y hablando de ello, abundé sobre la labor de fungir como una suerte de “intérprete cultural” donde los idiomas a traducir no fueran solamente los establecidos (como el inglés o el español), sino el idioma cultural entre naciones o entre países. Resumí mi experiencia haciéndolo en los últimos meses y cómo he tenido que jugar un poco para sortear los prejuicios y para tratar de ofrecer una perspectiva mucho más amplia a los interlocutores en esta labor.

Luego entonces, avanzando un poco más en los ejemplos, dije que la puntualidad es uno de los asuntos que más trabajo cuesta traducir -en este caso- entre México y Estados Unidos, pues mientras para un país la puntualidad es exacta, para el otro incluye 15 minutos de más o de menos, para todavía considerarse “a tiempo”. Pero no quiero dejarlo solamente allí e ir más allá, y tratar de ofrecer un ejemplo que, desde mi punto de vista, ha sido el más difícil de interpretar entre ambas naciones: la naturaleza de las decisiones y la solidez de la afirmación. ¿A qué me refiero con ello? Pues ni más ni menos que a la forma en que los mexicanos decidimos de manera institucional algunas cuestiones y de cómo esto es entendido del otro lado de la frontera del Río Bravo. Cuando un político mexicano dice que sí, no siempre significa que sí. Esto vuelve locos a los vecinos del norte, y no entiende que el sí a veces significa que no.

Conseguir cosas en México requiere de paciencia, esfuerzo y de una articulación de actores y de factores para que el sí se convierta en realidad. En nuestro país está casi prohibido decir que no. Es considerado como políticamente incorrecto y nadie se anima a negarse en definitiva cuando no quiere o no puede hacer algo. Entonces, es mejor decir que sí, para luego decir que no, que algo pasó, o simplemente para fingir demencia y hacer como si nada hubiera sucedido. Esta es la manera de hacer las cosas en México. En Estados Unidos es exactamente lo contrario: los sí y los no significan exactamente eso y los valores culturales del respeto o la sensibilidad no están atados a esas respuestas como en México. Ahora imaginemos cuando un interlocutor de EUA pretende negociar con su contraparte mexicana el gran lío en que incurren ambos. Y aunque las diferencias culturales son más que evidentes, no siempre son tomadas en cuenta al momento de interpretar la realidad. Los malos entendidos y las malas negociaciones están entonces a la orden del día.

Fungir como intérprete, desde mi experiencia, implica darle a los interlocutores el contexto básico para que puedan entender a su contraparte, y no solamente decir aquello que quisieron decir o que quisieron significar. El contexto es relevante y el traductor tiene que ser capaz de entender ambas culturas, de observar el fondo de las cosas y al momento de interpretar para la otra persona, tratar de comprender el espíritu de aquello que se está diciendo para que la comunicación sea más efectiva. Por supuesto que la traducción no solamente está sujeta a la buena función y labor de cada intérprete, sino también a que los interlocutores tengan un entendimiento amplio de la otra cultura y estén abiertos a otros esquemas de concepción de la realidad.

La dificultad para la comunicación efectiva no es solamente el idioma (formal o cultural) sino la cantidad de circunstancias y de condicionantes que como emisores y receptores del mensaje tenemos. Si el intérprete es capaz de entender también estos vicios de la comunicación y los supera, entonces, su labor es efectiva. Ahora entiendo porque es equiparable a la labor de un cirujano.

http://www.federicoling.com y @fedeling

*Maestro en Análisis Político y Medios de Información

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