Psicoanalizando al Leviatán

Psicoanalizando al Leviatán

por Federico Ling

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Gobernar es transformar (III de III)

marzo 29, 2010

Hola, me gustaría compartir mi último artículo, ojalá sea de su agrado:
Federico Ling Sanz Cerrada 
Gobernar es transformar (III de III)
El Sol de México
27 de marzo de 2010
Gobernar es transformar. En la medida en la que profundicemos un poco más sobre las causas y los orígenes de la política mexicana actual y la realidad que la compone, seremos capaces de transformarla. En este sentido, hay que pensar -o repensar- algunos conceptos centrales. En esta última parte de una serie de tres artículos, hablaré de las instituciones políticas de nuestro país.

Dichas instituciones han jugado un papel clave en el desarrollo político y algunas se han transformado a medida que pasa el tiempo. El Congreso de la Unión, por ejemplo, ha sufrido importantes cambios. Hubo incluso una época donde fue unicameral y no de dos cámaras, como lo conocemos actualmente. O bien, instituciones como el Gobierno federal y sus dependencias, que han variado sus funciones y hasta su nombre, según la realidad de nuestro país. Luego entonces, esas instituciones no son solamente simples espectadores de las cosas que suceden. Quizá sean, además, una causa importante del comportamiento político que vemos día con día.

Muchas veces creemos que el individuo se propone dar forma a las instituciones políticas que integran a una nación. Y por ello, consideramos también que las instituciones son moldeadas y configuradas según lo que fue concebido en la mente de aquél que las diseña. Pero supongamos por un momento que es justamente al contrario: que esas instituciones, con su peculiar conformación, es precisamente lo que condiciona al ciudadano o al político y lo hace actuar de una u otra manera. Por ejemplo, en principio de cuentas creemos que el político diseñó al Congreso de la Unión con 500 diputados y 128 senadores, de los cuales unos son electos por voto directo y otros por la vía plurinominal y ninguno podría reelegirse inmediatamente. Y pensó que eso sería lo mejor para el país, para dar fluidez a la política legislativa y para evitar que un partido y un grupo de “caciques” solamente tuviera total control del parlamento. Pero, en este sentido, supongamos que, es al revés. Que la parálisis y el poco entendimiento entre partidos en el Congreso se debe precisamente a ese marco institucional que nos rige actualmente, donde los representantes plurinominales obedecen a intereses externos -como los de las televisoras- y que la imposibilidad de reelegirse provoca opacidad en la toma de decisiones para con el ciudadano; el legislador está más ocupado en quedar bien con su partido. Por tanto, los diputados y senadores se mueven dentro de esos márgenes institucionales, provocando conductas que bien conocemos.

En este sentido, los individuos se han vuelto dependientes de las instituciones. Dependen de los límites que esas mismas instituciones les marcan y conforme a ellos actúan y toman decisiones. Entonces, las instituciones se vuelven, no un instrumento, sino una causa que está provocando ciertos efectos en la clase política. Valdría la pena entonces, imaginar qué pasaría si se modificaran y reformaran a las instituciones, a sabiendas del papel que juegan, para que dejen de condicionar la conducta de nuestros políticos y se vuelvan una herramienta para una democracia eficaz y un desarrollo político y económico más ágil.

Por ejemplo, si modificamos las reglas del juego institucional en el parlamento y hacemos ajustes al sistema electoral y al número de legisladores que tenemos, así como a los períodos de reelección, seguramente los márgenes de maniobra de los propios congresistas cambiarían y por ende, también muchas de las conductas políticas que observamos hasta el día de hoy. En este orden de ideas, las instituciones son variables para explicar al sistema político; y como tales, requieren de ajustes y modificaciones. No solamente el Congreso de la Unión, también las instituciones del Ejecutivo Federal o de los organismos autónomos, por ejemplo, y muchas otras de nuestro país, que serían susceptibles de ser transformadas poco a poco. La propuesta en este tercer artículo de la serie es que, si gobernar es transformar, se podría comenzar -a diferencia de las propuestas anteriores- precisamente con la transformación de las instituciones, como aquellos factores de origen que nos expliquen un poco mejor nuestra propia realidad política. Ninguna propuesta, por sí sola, puede abordar todo el espectro de la realidad; pero es un buen comienzo.

federicoling@gmail.com; @fedeling

*Maestro en Análisis Político y Medios de Información

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Ser candidato a costa de ser gobernador

marzo 25, 2010

Este artículo lo escribí hace un mes, pero creo que sigue teniendo vigencia. Saludos,

http://www.oem.com.mx/elsoldemexico/notas/n1536065.htm

Federico Ling Sanz Cerrada 
Ser candidato a costa de ser gobernador
El Sol de México
27 de febrero de 2010

Mucho se ha hablado en los medios de información sobre las alianzas. Se ha especulado sobre las razones que tienen unos y otros para formarlas. Nadie ha admitido a ciencia cierta los porqués de ellas, y tampoco desmienten lo que se ventila o se filtra en la prensa sobre las mismas. Concretamente me quiero referir a las alianzas que está haciendo el Partido Acción Nacional (PAN) y el Partido de la Revolución Democrática (PRD) en diversos estados de la República, entre los que más llaman mi atención están Durango, Veracruz, Hidalgo y Oaxaca. De hecho en los estados que he mencionado, las alianzas no son solamente entre el PAN y el PRD, también participan el Partido del Trabajo (PT) y el Partido Convergencia en ciertos casos.

En este sentido, las alianzas han dado mucho de qué hablar. En primer lugar, se han entremezclado con el envío de ciertas reformas legislativas sumamente importantes: la fiscal, la política, la laboral, etcétera. Y además el ambiente se ha complicado ampliamente con la renuncia del secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont al PAN, especulando si lo anterior se debe a su “errónea” negociación de la reforma fiscal y de las alianzas con el Revolucionario Institucional. Y el PRI ha jugado otro importante rol en todo ello, dado que uno de los enclaves más importantes de las coaliciones encuentra su contraparte en el mismo PRI, pues al ser la primera fuerza parlamentaria y contar con mayoría en los estados que gobierna, lo convierte en un interlocutor obligado para aprobar cualquier cosa, legislativa -y políticamente- hablando.

Especulaciones hay: desde la versión que el secretario Gómez Mont negoció con el PRI “en lo oscurito” la reforma fiscal a cambio de que no hubiera alianzas del PAN con el PRD en los comicios locales, buscando la permanencia de las herencias políticas -llámese “delfines”- de Ulises Ruiz en Oaxaca, hasta preguntarse si los recientes y desfavorables resultados electorales para el PAN son los motivos del mismo para aliarse al PRD (quien se ha negado a reconocer al presidente Calderón desde el 2006) o si es una cuestión de “sacar al PRI de los estados”.

Más importante resultaría ahora cuestionar para qué de tanta alianza. Si las alianzas han enrarecido el ambiente político, al punto de llevarnos a todas las especulaciones de las que he estado hablando, si las alianzas están mermando en el Congreso la posible y real oportunidad de aprobar importantes reformas, si se ha privilegiado el ánimo electoral, frente al ánimo legislativo, luego entonces para qué se hacen alianzas en términos concretos. Me aventuro a pensar que son para ganar espacios en los estados donde habrá elecciones y derrotar al partido que los gobierna hasta la fecha: el PRI.

Si las cosas son de esa manera, vuelvo al punto inicial: en Durango la alianza se concretó con un expriísta -Rosas Aispuro dejó de serlo hace unos días- postulado por PAN, PRD y PT. En Veracruz se designó a otro expriísta -Yunes dejó de serlo hace unos años -“porque sólo así se le puede ganar a Fidel”. En Hidalgo se designó a Xóchitl Gálvez. Y si no es ella, no será nadie, dicen. Y la forma en que todos ellos fueron designados y la forma en que han sido negociados, tanto del PRD como del PAN, ha dejado algunas heridas profundas en los que no alcanzaron la designación. Y amenazan con irse con todo y su fuerza y estructura.

¿Se quiere una alianza en estos términos, una alianza escrita en el papel? Porque para ganar una elección se requieren estructuras. En Durango se requiere la estructura de las fuerzas políticas que participarán. En Veracruz se requeriría contar con la fuerza de Buganza también. En Hidalgo se necesitaría la estructura del senador Guadarrama, por ejemplo. Pero no se tienen. Las alianzas están hechas sobre las bases de la teoría. En este caso, las alianzas se han empeñado en convertir a ciertas personas en candidatos, a costa de ser gobernadores. Y de paso, se pierden las reformas legislativas. Creo que habría que dejar los porqués e ir a los paraqués.

federicoling@gmail.com; @fedeling

*Maestro en Ciencia Política y Medios de Información

Gobernar es transformar (II de III)

marzo 22, 2010

Aquí comparto mi artículo del pasado sábado. El segundo de la serie. Saludos!

http://www.oem.com.mx/elsoldemexico/notas/n1563977.htm

Federico Ling Sanz Cerrada 
Gobernar es transformar (II de III)
El Sol de México
20 de marzo de 2010

Gobernar es transformar. Desde la semana pasada he hablado sobre algunas teorías que nos ayudan a explicar la realidad política que vive nuestro país. La coyuntura en los últimos días -semanas tal vez- se ha vuelto convulsa y compleja. Quizá sea el resultado, como se mencionó antes, de la manera en que nuestro sistema político procesa las demandas de los ciudadanos, y de la forma en que ese mismo sistema tiene estructuras determinadas y sus actores cumplen roles que se encuentran definidos y delimitados.

En esta ocasión hablaré sobre otra teoría que sirva para dar cuenta con la realidad del país. Me refiero a la teoría de la “elección racional”; aquella que pretende medir o cuantificar matemáticamente -si es que ello es posible- la conducta política y, más allá, las razones o los incentivos por los cuales las personas toman determinadas decisiones. ¿Qué pesa más para un político o un ciudadano, al momento de decidir? ¿Cuáles son sus prioridades? Algunos teóricos como Mancur Olson o Anthony Downs se refirieron a este dilema y, al final del día, este enfoque teórico está centrado en el individuo.

Ese individuo decide con base en criterios e incentivos selectivos. Cada uno de ellos busca maximizar sus “ganancias”, es decir, su utilidad. Puede ser una utilidad económica, social, política, cultural, personal, etc. Al mismo tiempo buscará también minimizar el costo que tiene que pagar para obtener esa utilidad que busca. Los ciudadanos toman decisiones buscando el mayor beneficio y el menor costo. Y también lo hacen los políticos. Y esta manera de optar tiene un fundamento racional en la mayoría de los casos. Habría que destacar también que esos individuos tienen una estructura de preferencias. Lo que para algunos es importante, para otros puede no serlo. La elección de un partido político que hace un ciudadano puede no ser la más importante para otro. La decisión de un legislador para votar un proyecto de ley puede ser considerada de diferente forma por otro legislador, que le da más importancia a un proyecto o un tema diferente.

Por tanto, en el juego político del día a día, existe un gran número de individuos que toman decisiones de todo tipo: económicas, políticas o sociales. Y lo hacen con su propia escala de preferencias y de jerarquías. En este gran juego, donde las decisiones de unos se cruzan con las de otros y las preferencias de unos se entrelazan con las de otros, se puede insertar la realidad que vemos reflejada en los medios de información cotidianamente. ¿Por qué hay muchas versiones de la llamada “reforma política”? ¿Por qué el proyecto del senador Beltrones contempla puntos distintos del que propuso el presidente Calderón? ¿Por qué la Cámara de Diputados no está de acuerdo con el Senado de la República en este tema? ¿Por qué al interior de la propia Cámara Baja hay distintas versiones de la misma reforma? Lo anterior se explica porque cada uno de estos actores tiene preferencias distintas e incentivos distintos. Cada actor busca maximizar sus ganancias o beneficios. Para entender a los actores, tenemos que entender cuáles son aquellas razones que los llevan a actuar.

Los propios individuos, aquellos ciudadanos que votan cada tres años para elegir a sus representantes parlamentarios o a sus gobernantes, eligen con base en criterios diferentes. Tal vez algunos lo hagan por sus compromisos políticos, otros pensando en quién podrá representar mejores oportunidades de empleo; otros, pensando tal vez en temas como el medio ambiente. Y cada cual según sus preferencias y criterios, y luego según aquellas ganancias que está buscando, opta y actúa en consecuencia.

¿Cómo se puede avanzar en esta realidad tan complicada e intrincada? La pregunta se vuelve fundamental. Si todos los individuos deciden, con base en estos principios expuestos anteriormente, el punto central para avanzar hacia estadios más desarrollados reside en encontrar cuáles son los intereses e incentivos comunes que nos enlazan con los demás. Y luego con la clase política. Y también entre los propios partidos. ¿Cómo equilibrar las ganancias, para que todos obtengan algo de beneficio individual, que redunde invariablemente en el bien común? Otro dilema.

federicoling@gmail.com; @fedeling

*Maestro en Análisis Político y Medios de Información.

Las lecciones de “Don César”

marzo 19, 2010

Creo que por la coyuntura actual, vale la pena traer a colación este artículo de hace dos semanas:

http://www.oem.com.mx/elsoldemexico/notas/n1545394.htm

Federico Ling Sanz Cerrada 
Las lecciones de “Don César”
El Sol de México
6 de marzo de 2010

Después de reflexionar sobre la coyuntura política actual en México, he aquí algunas conclusiones simples, pero que pudieron evitarle al presidente del Partido Acción Nacional el escándalo en el que está metido. En orden de importancia y cronológicamente, son las siguientes:

1.- “No se puede servir a dos amos”. Quien intenta asumir varios trabajos al mismo tiempo, es probable que acabe quedando mal en alguno de los dos, o peor aún, en los dos. La curul en San Lázaro, así como la Presidencia de Acción Nacional, son empleos que, de suyo, requieren la total atención de su titular. Al menos para aquellos que pretenden trabajar realmente y no pasar los días en blanco. La Cámara Baja, para quien en verdad tiene ganas de concretar logros importantes, es un trabajo de tiempo completo. Más aún, si se quiere asumir el liderazgo del partido en el poder en tiempos electoralmente complicados, habría que prever que ese empleo requeriría total atención. Como corolario diría que, además, no se habla sin necesidad a priori para decir que, como fue electo Diputado Federal de mayoría, asumirá el compromiso de “no fallarle a los electores”. Si ese problema no existe y no está en la agenda de la opinión pública, no se gana nada hablando de él. Hubiera sido mejor resolver y decidir cuál de los dos puestos se quiere y debe asumir, de acuerdo a las prioridades personales y comunitarias.

2.- El 21 de octubre la Cámara de Diputados aprobó la “Ley de Ingresos”. Y César declaró que el PRI no había querido comprometerse a fondo y aprobar la reforma fiscal propuesta por el presidente Calderón. El 30 de octubre se firma en la Secretaría de Gobernación un “pacto político” entre César Nava, Beatriz Paredes, Fernando Gómez y un representante del gobierno de Enrique Peña. ¿Por qué se firma este pacto? Probablemente porque el PRI estaba iracundo con las declaraciones de César después de aprobada la “miscelánea fiscal”. Luego entonces, no se abre la boca innecesariamente antes de que la minuta sea aprobada en el Senado, en todo caso. Mucho menos sabiendo que falta la -complicadísima- negociación del Presupuesto de Egresos de la Federación. Habría que prever, en las negociaciones del presente, aquellas que vendrán en el futuro.

3.- Una vez que se ha decidido firmar el “pacto político” por el que se limitan las alianzas entre partidos que no sean afines para las próximas elecciones locales en el Estado de México -donde cabe destacar que hay compromisos para el PAN, mas no los hay para el PRI-, y a sabiendas que es una “factura política” por haber dicho lo que dijo y para que no se caiga la miscelánea fiscal en el Senado, entonces se evita hacerlo por escrito. El ‘antiguo régimen autoritario’ decía: “si lo piensas, no lo digas; si lo dices, no lo escribas; si lo escribes, no lo firmes, y si lo firmas, niégalo”. Este pragmático consejo se hubiera aplicado a este caso. Como corolario diría también que, si de todos modos se va a firmar el acuerdo, pues que se ponga también en dicho documento cuál es la obligación de la contraparte y no solamente la propia. Y si, además, se negocia una cosa de esas, no se puede firmar a nombre propio. Tiene que hacerse del conocimiento de aquellos a quienes lideras.

4.-La última lección que nos deja César en esta ocasión es que, si ya se habló y se dijeron cosas indebidas y políticamente incorrectas, además, le han obligado a hacerlo por escrito -sin reciprocidad para la contraparte firmante- y le amenazan con “exhibirlo”, la solución no es mentir categóricamente. Los “sí” y los “no”, dichos de modo tajante, inflexible y absoluto, normalmente conducen a desastres políticos en materia de negociación. Ante la amenaza del escarnio público, la mejor solución hubiera sido una mínima dosis de cinismo -la negociación es a la política, como la sangre al cuerpo- combinado con una “discreción profesional” al estilo Gómez Mont: no se revelan las cosas por secrecía profesional. La mentira descarada resulta peor que la lectura entrelíneas para aquellos que quieren -y saben- entender las cosas.

federicoling@gmail.com; @fedeling

*Maestro en Ciencia Política y Medios de Información

Gobernar es transformar (I de III)

marzo 17, 2010

Comparto mi artículo en El Sol de México / OEM del pasado sábado… ojalá les guste:

http://www.oem.com.mx/elsoldemexico/notas/n1554844.htm

Federico Ling Sanz Cerrada
Gobernar es transformar (I de III)
El Sol de México
13 de marzo de 2010

Gobernar es transformar. Para gobernar se necesita, además, pensar. Pensar es dominar. Hagamos una profunda reflexión que nos lleve al dominio de las cosas, al propio control de nosotros mismos y de nuestra realidad. El escenario político en México luce desértico y bastante poco alentador. El pleito y el encono de la clase política, pero también de nosotros mismos como ciudadanos y como sociedad, nos está llevando a la ruina. Luego entonces, se hace necesario pensar para dominar y gobernar para transformar. Revisando algunas notas académicas me encontré con apuntes interesantes. Me gustaría pensar y reflexionar sobre ciertas ideas y teorías que puedan explicar nuestra propia realidad y, al tiempo, proponer algunas otras en términos generales, coadyuvando en este esfuerzo conjunto para que nuestro futuro próximo no luzca tan desolado.

En este primero de tres artículos que pretendo escribir sobre estas “transformaciones”, quiero hablar en primer lugar de la “Teoría de Sistemas”; aquella que describe a la realidad política como un sistema que tiene estructuras y cumple funciones. ¿Qué funciones cumple el sistema político? Básicamente tres esenciales: la creación de las leyes (función legislativa), la aplicación de las leyes (función ejecutiva) y la sanción de las leyes (función judicial). ¿Cuáles son sus estructuras? De manera simple, nuestras instituciones. ¿Qué buscamos con explicar la realidad política mexicana desde “la teoría de sistemas”? El desarrollo político. Aunque va de la mano con el desarrollo social, humano o económico, hablaremos primero -para no “hacernos bolas”- del asunto político; es evidente que nos urge.

Las estructuras que tiene un sistema político pueden ser sencillas o complejas. Grandes o pequeñas. Lo importante es que las tenga y, además, que las fortalezca. En la medida en que las estructuras (instituciones) políticas se consoliden, tendremos un mayor desarrollo político. Por ejemplo, fortalecer el papel de cada uno de los Poderes de la Unión y su autonomía; fortalecer la autonomía del Banco de México, del IFE, del IFAI y de las comisiones de los Derechos Humanos; fortalecer el sistema de partidos; fortalecer el sistema educativo y de participación de la sociedad civil.

Todo sistema también tiene roles concretos para cada uno de sus actores. Las funciones son específicas, independientemente de quién sea la persona que las lleva a cabo: la función de un legislador o de un juez debe ser sumamente clara y específica, no importa quién ocupe ese lugar, y es diferente de la función de un Consejero del IFE o de un rector de una universidad pública. En la medida en que los roles estén claramente diferenciados y definidos, habrá mayor desarrollo político.

La cultura política juega un papel relevante en todo sistema político. El conjunto de reglas, valores, actitudes, etc., proveen de una dimensión psicológica al sistema político y, mientras la cultura política sea mayor, habrá también mayor desarrollo político. Otro elemento importante es la secularización del sistema político: no quiere decir limitar la libertad religiosa y de culto, sino quitarle el componente místico a la toma de decisiones, que debe ser racional. Conforme un sistema político sea menos místico y más racional, tendrá también un mayor desarrollo político. Por ejemplo, si hacemos las leyes y tenemos discusiones más racionales y menos pasionales en San Lázaro o en la Asamblea Legislativa del DF, seguramente tendríamos resultados diferentes.

La articulación de intereses políticos, o en otras palabras, la coordinación o agrupación política de esos intereses, es otro elemento central. Conforme la articulación política de esos intereses funcione, habrá mayor desarrollo político. Lo anterior va de la mano con los procesos de socialización política, es decir, el sistema político inculca los procesos políticos a los actores (los ciudadanos son actores con roles definidos también) y educa con valores a los mismos. En la medida en que la articulación de intereses políticos y los procesos de socialización política crezcan y se fortalezcan, también habrá mayor desarrollo político. Por ejemplo, si empatamos la agenda ciudadana con la legislativa, la agenda entre partidos o las agendas entre gobiernos federal y estatales, seguramente los resultados también serían distintos.

México está urgentemente necesitado de hacer algunos cambios para generar mayor desarrollo político. Pensar es dominar y gobernar es transformar. ¿Por dónde empezamos?

federicoling@gmail.com; @fedeling

*Maestro en Ciencia Política y Medios de Información

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