La élite del poder

http://www.oem.com.mx/elsoldemexico/notas/n3410930.htm

La élite del poder

Federico Ling Sanz Cerrada*

Recuerdo con mucha luminosidad que una de mis clases favoritas durante la licenciatura fue la de “Elites y Cultura Política”. Hablábamos largo y tendido sobre el funcionamiento de las élites históricamente y de cómo se constituían, integraban, renovaban, o cuál era la manera en que se retroalimentaban. No solamente me refiero a las élites políticas, sino a las élites económicas, sociales, culturales, etcétera; lo que sí puedo decir es que al menos todas estas élites constituyen juntas la “élite del poder”. Pero además, las personas que conforman este grupo no son unidimensionales, sino que están distribuidas en subconjuntos concéntricos, que conforme acumulan mayor poder, reducen en el número de sus miembros.

No se trata de abundar al extremo sobre el tema, sino de poner ejemplos concretos. El primer caso que discutimos en la clase – hace ya algunos años – fue el de Enrique VIII. En contraposición con lo que dictaría la “teoría de juegos” y la maximización política de los beneficios y la minimización de los costos, Enrique VIII – monarca inglés del siglo XVI, de la casa reinante de los Tudor – tomó las decisiones en su reino basándose en sus caprichos personales. Implementó cambios políticos y religiosos en Inglaterra porque, en gran medida, quería divorciarse de su esposa (la reina Catalina de Aragón) para casarse con Ana Bolena. Esta fue su “cultura política”. Nombró a duques y cortesanos de entre sus amigos íntimos, y la circularidad de la élite del poder nunca estuvo más a merced del capricho del monarca. Esta situación no es diferente de aquella que algunos mandatarios de la era moderna aplican en su forma de gobernar, o bien, no dista mucho de la actitud de algunos políticos actuales en nuestro país. Al contrario, allí está el viejo chiste que reza: “¿Qué horas son? Las que usted diga, Señor Presidente”. Muchas de las élites políticas se conformaron por compadrazgo, por amistad, o por lealtades políticas. Otras tienen su acceso a través del dinero y de los recursos económicos. En cualquier caso, están totalmente implicadas unas con otras.

Tratando de avanzar un poco más, quiero decir que entre otras cosas, la élite del poder se protege a sí misma; es un fenómeno normal, natural y endémico del grupo que gobierna de hecho y de derecho; es un acontecimiento inclusive empresarial. Ello lo podemos atestiguar de manera nítida al momento de buscar, solicitar y aplicar para un empleo. Conseguir trabajo tiene mucho más que ver con los contactos, las relaciones y los conocidos, más que con las capacidades y las cualidades. Influye más la escuela en la cual estudiamos que el promedio que obtuvimos; importa más a quienes conocimos durante nuestra juventud, que garantizar que actuamos con ética durante nuestros encargos pasados. Y quiero aclarar que este fenómeno es universal, y no necesariamente es exclusivo de México o de un país en lo particular. En casi todos lados, la circularidad de los empleos tiene que ver con la élite y con el grupo; y no solamente en los trabajos, sino al momento de casarse, de hacer negocio o de forjar algún tipo de alianza o vínculo con los demás. Así funciona y ha funcionado en la humanidad históricamente hasta la fecha. Allí el ejemplo de Enrique VIII en Inglaterra en los 1500’s.

No obstante lo anterior, desde mi óptica personal, tengo un par de sugerencias para actuar frente a este fenómeno: la primera es trabajar arduamente y con ética personal. No hay nada que recomiende más que el trabajo propio hecho de manera exitosa, profesional y debidamente cumplido. La segunda es no pelear con la tendencia de las élites. Dado que es un fenómeno normal y natural, la mejor combinación es la de tener un grupo sólido de conocidos, amigos y contactos, y hacer un trabajo profesional y bien llevado a cabo. Si esto lo trasladamos a otros ámbitos de nuestra vida (como la economía, la sociedad o la cultura) funcionaría igual: no luchar contra la tendencia, sino aceptarla pero haciéndolo de forma ética. La élite del poder, como el poder mismo, no es negativo en sí, pero debe saberse utilizar adecuada y positivamente en beneficio comunitario y propio.

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*Maestro en Análisis Político y Medios de Información

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Un discurso políticamente correcto

http://www.oem.com.mx/elsoldemexico/notas/n3402797.htm

Un discurso políticamente correcto

Federico Ling Sanz Cerrada*

En días recientes hemos podido observar noticias que siempre son “políticamente correctas”, es decir, van de acuerdo con un discurso político que es “correcto” y por ende, avalado por la élite de opinadores y de pensadores de la política, así como de aquellos hacedores de la política “correcta”. Se me ocurren varios ejemplos de temas que tienen que ver con polémica social, económica o de otra índole, pero frente a los cuales, la postura de los políticos es aquella “correcta”. Vamos por partes.

Un ejemplo del discurso “políticamente correcto” es plantear la reducción del número de diputados y senadores del Congreso de la Unión, con el objetivo de ahorrar dinero a la Nación. Nada más falso que lo anterior, puesto que el dinero erogado en las prestaciones y salarios de los legisladores – si bien puede llegar a ser exagerado – no representaría un ahorro real en términos macroeconómicos. ¿Si quitamos 200 diputados y 32 senadores habrá un ahorro para construir un hospital? Quizá. Pero la realidad es que no se puede pretender fincar el desarrollo nacional con el ahorro, producto de reducir el salario de los parlamentarios. Las razones para reducir el número de congresistas o reducir su salario deberían de ser la eficacia parlamentaria, evitar la mala imagen o la ética política del Legislativo, pero no porque estas acciones van a permitir que nuestro país avance y tenga dinero para ello.

Otro ejemplo de esto puede ser la discusión de la famosa “pensión vitalicia” para los Magistrados Electorales. Tal y como lo dije el sábado pasado en mi colaboración, este tema es un asunto de forma y no de fondo de aquello que debe ser la función esencial del Tribunal Electoral, pero que en términos reales la postura “políticamente correcta” es estar en contra y criticar esta situación. He escuchado bastante poco el análisis de la cláusula que les impide a los magistrados ejercer su profesión durante dos años, después de que terminan su encargo. Quizá entonces valdría la pena que nos pongamos a pensar en que, derivado del sistema “sospechosista” y de eterna desconfianza mexicana, tenemos que tener esta serie de previsiones para evitar cualquier duda sobre la actuación electoral en nuestro país; especialmente cuando el IFE y ahora INE se puede hacer y deshacer al antojo de los partidos. En ese sentido, deberíamos estar apuntalando la esencia del Tribunal en lugar de “tirarle a matar”. En lugar de discutir lo que es “políticamente correcto”, discutamos mejor de aquellas cosas importantes, del fondo y materia de lo importante, y no de lo que todo mundo diría en un análisis superficial y simplista.

Los discursos y posturas políticas “correctas” tienen su fundamento en varias cosas: puede ser en la aceptación popular – que podría rayar en lo demagógico – o bien, en que es el camino fácil. Hay muchísimos otros ejemplos, tal y como estar en contra de aumentar los impuestos; quizá México necesita generalizar el IVA, por mencionar algo, o bien, decir que los partidos tienen que dar sus candidaturas a jóvenes y mujeres solamente. Estos dos ejemplos anteriores, dichos de esta manera, son demagógicos y “populacheros”. Caen bien entre la gente y entre los columnistas y opinadores, pero no entran nunca a la discusión real del tema. En el primer caso, generalizar el IVA podría ser una manera de evitar la evasión, pero también tendríamos que reducir los privilegios fiscales a los grandes corporativos; en el segundo ejemplo la inclusión de mujeres y jóvenes es sumamente deseable, pero hay que asegurarnos de formar a los cuadros que van a ocupar esas posiciones; no se trata de dividir el Congreso en dos, sino de dar igualdad de oportunidades. Quizá son diferencias sutiles pero son sumamente importantes.

Los discursos, mensajes y posiciones “políticamente correctas” no permiten deshacernos de paradigmas anquilosados, de posturas demagógicas e ineficientes y de mitos irreductibles que paralizan nuestra democracia y nuestro sistema político. Por más difícil que sea el camino debemos entrarle a la discusión de temas realmente de fondo; solamente así México tendrá una oportunidad real de cambiar verdaderamente.

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*Maestro en Análisis Político y Medios de Información

Tribunal Electoral

http://www.oem.com.mx/elsoldemexico/notas/n3394765.htm

Tribunal Electoral

Federico Ling Sanz Cerrada*

Durante la semana que termina tuve la oportunidad de organizar en la ciudad de Washington, D.C., para el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, un seminario llamado “Perfil del Funcionario Judicial”, en el cual se abordaron varios temas relativos a la impartición de Justicia Electoral y sus modelos comparados, la ética judicial, la transparencia y los mecanismos por los cuales se garantizan los derechos de los ciudadanos; así también se habló de las habilidades legales que deben tener los funcionarios del propio tribunal para que las sentencias y las opiniones sean más comprensibles y menos complejas para que cualquier ciudadano pueda acceder a ellas. Al finalizar, el programa cerró con una excelente conferencia sobre libertad de expresión en las Américas.

En ese sentido, y de manera general, quiero mencionar algunos puntos que vale la pena destacar y que son percepciones que se tienen entre los académicos y profesionistas de la capital estadounidense acerca de la labor que desempeña el Tribunal Electoral de México. En primer lugar comenzaré por decir que llama la atención que nuestro país tenga a un tribunal especializado en esta materia y que además tenga rango constitucional. Y junto con ello, la segunda percepción que se tiene es que el Tribunal cuenta con un equipo profesional de funcionarios que se aseguran que las decisiones se tomen de manera informada, bien analizada y con todos los fundamentos debidos: de modo estrictamente neutral y profesionalmente hablando.

Después de investigar un tanto, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación es uno de los pocos (si no es que el único) tribunal que, como tal, está llevando a cabo labores de formación y capacitación de manera comparada y bilateral, de tal forma que sus miembros puedan ampliar su perspectiva y su conocimiento global y transversal de la materia de la que deben conocer y resolver. Como mexicano en Washington, D.C., me siento muy orgulloso de que nuestro modelo de corte constitucional electoral sea una referencia en Estados Unidos, y que también lo sea para otros países, no solamente por su labor esencial y arquitectura institucional, sino también por los valores a los que dedica tiempo y esfuerzo, como la ética y la transparencia en su quehacer cotidiano (2013 fue el año de la ética y 2014 de la transparencia).

Entre los temas que fueron de mayor utilidad para los funcionarios del Tribunal, podemos encontrar el análisis comparado del modelo de justicia estadounidense y mexicano, la defensa de la libertad de expresión y el recuento de los casos que han sentado precedente en los sistemas de justicia y las jurisprudencias relevantes. Yo mismo – sin ser abogado – pero como organizador de este curso, pude aprender de manera sencilla los detalles finos que los juzgadores electorales deben de tomar en cuenta al momento de resolver los casos.

He decidido escribir este artículo para elogiar la labor que hace el Tribunal en el fondo de aquello que resuelve y, que por ende, protege. Motivo aparte de discusión será el tema de la pensión vitalicia para los magistrados, pero eso no forma parte del fondo sino de la forma de las cosas actualmente. Dejaré de lado esa discusión, pero debo admitir que me gustaría que la misión del Tribunal sea protegida a toda costa, porque es uno de los bienes más preciados que tenemos en materia electoral, judicial e internacional. Digo lo anterior porque no estoy de acuerdo con lo que le sucedió al Instituto Federal Electoral y todo lo que derivó en que se pulverizara y se convirtiera en el Instituto Nacional Electoral (con el consiguiente desmembramiento de consejeros y de reparto del botín partidista para tal efecto).

En resumidas cuentas, el Tribunal Electoral es uno de nuestros organismos e instituciones que nos quedan para garantizar que la democracia en México siga creciendo y se fortalezca cada vez y que demos pasos hacia una verdadera protección de derechos civiles, electorales y hasta humanos. No debemos dejar que el Tribunal se convierta en rehén político en los meses y años sucesivos; de ello depende la vitalidad de la democracia mexicana.

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*Maestro en Análisis Político y Medios de Información

Me llamo Federico Ling

http://www.oem.com.mx/elsoldemexico/notas/n3387610.htm

Me llamo Federico Ling

Federico Ling Sanz Cerrada*

“Por si mañana me voy: a mis hijos casi nada quito o pongo con mi ausencia, si ellos logran comprender en el diario acontecer, que ellos son su propia herencia”. El pasado 23 de abril de 2014 – escasas dos semanas – falleció mi padre Federico Ling Altamirano. Fue un duro golpe y me tomó por sorpresa; no obstante que sea la ley de la vida y que todos vamos avanzado hacia el mismo destino, pero para todos aquellos que nos quedamos en este mundo, el dolor y el vacío que quedan es inenarrable, profundo, solitario.

Mi padre fue, entre muchas cosas, poeta, político, ingeniero, pero sobre todas las cosas, fue mi padre y no podría concebirlo de otra forma. Y quiero escribir este artículo a su memoria, porque precisamente aún falta mucho por aquilatar después de su partida. Lo enterramos en la ciudad de Durango – mi ciudad natal – al día siguiente de su muerte, y durante esa mañana se realizó un homenaje en la sede estatal del Partido Acción Nacional, como última parada antes de despedirse finalmente. En este homenaje me tocó articular unas palabras a nombre de la familia, y debo admitir que me costó enorme trabajo hacerlo; y al tomar el micrófono, tal como lo hago ahora al escribir este texto, decidí que sería la historia, la política y los políticos quienes hagan un recuento de todo aquello que hizo mi papá en su vida pública; yo más bien quiero hablar del hombre a quien llamé “papá” durante los últimos 31 años.

Aunque fuera difícil de entender para un joven, mi papá siempre me dijo que yo soy y siempre fui libre, y que mi responsabilidad era utilizar mi libertad en mi vida; y al mismo tiempo me dijo que tenía que asumir las consecuencias de haberla usado. También me enseñó a no tener miedo de definirme, y que los demás me habrían de aceptar o me rechazarían por lo que yo era, pero siempre en congruencia (política, personal, profesional, etc.). Mi padre fue un hombre que siempre nos dio seguridad, estabilidad y cercanía, pero más que nada, fue un hombre que supo luchar por lo que consideraba justo y por aquellas cosas en las cuales valía la pena desgastarse, incluía su propia salud. No fue un hombre vencido por las circunstancias, sino más bien supo sobreponerse a ellas, por más adversas que éstas hubieran sido, siempre desde su ética y congruencia personal. En resumidas cuentas, mi padre me dejó un legado.

Al salir del homenaje una señora me dijo: “tienes un gran peso sobre tus hombros y tienes enormes zapatos qué llenar”. Pero no estoy de acuerdo con esta frase. Mi padre me heredó principios y valores con los cuales vivir mi vida. No pienso llenar un currículum o ganar posiciones solamente para “llenar sus zapatos”; y mucho menos llevo un “gran peso sobre mis hombros”. No. Lo que yo tengo es un ejemplo de congruencia, de lucha y de esfuerzo para vivir mi vida de esa forma. Tengo, en todo caso, un estilo que seguir, pero no zapatos qué llenar. Me toca a mí mismo vivir mi vida con los principios con los que mi papá vivió la suya. El mejor legado que tengo es entonces mi nombre. Me llamo Federico Ling, igual que él. No podría sentirme más orgulloso del padre que tuve, de la formación que recibí y del ejemplo de vida que observé durante los últimos 31 años en casa de él y de mi mamá por igual.

Seguirán ahora días difíciles, agridulces, para mí, para mi madre, para mi familia, donde el dolor se mezcla con alegría: tristeza por su partida, pero alegría de saber que cumplió su misión en esta tierra y que ahora puede irse; alegría de saber que nos sentimos orgullosos de quien fue, del modo en que vivió sus 75 años y contentos de saber que, como dicen sus versos: nosotros mismos somos nuestra herencia, esa que él nos quiso dejar, que no habría otra mejor y que no querríamos que fuese de otro modo. Hasta donde estés, te repito mis últimas palabras: ¡te quiero mucho papá!.

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*Maestro en Análisis Político y Medios de Información

¿Y los hijos?

http://www.oem.com.mx/elsoldemexico/notas/n3363790.htm

¿Y los hijos?

Federico Ling Sanz Cerrada*

La primera vez que leí acerca de las parejas que han decidido no tener hijos fue en 2008 o 2009. Seguramente el término fue acuñado mucho antes y me llamó la atención por su significado: DINK (en inglés: “double income, no kids”; en español: “doble ingreso, no hijos”). ¿A qué se refiere lo anterior? A las parejas o matrimonios que han decidido unir sus vidas, pero que la vocación de tener hijos no es para ellos. De acuerdo con las fuentes que consulté en “Google” (ahora todo se puede consultar en línea, por supuesto) el término original es DINKY, en la cual, la “Y” proviene de añadir la palabra “Yet” al final; significando entonces: sin hijos, por el momento. La pregunta que surge es si las parejas DINK han decidido no tener hijos, o solamente posponer la fecha de la llegada de los mismos. Es un tema sumamente complejo, puesto que las razones para ello son varias, pero entre las principales se cuentan el éxito profesional, el nivel de vida, y el deterioro de las condiciones actuales en el mundo para procrear una familia.

Y no es una cosa menor, puesto que si uno observa el costo de vida de tener hijos, es francamente insorteable en algunas circunstancias. Si usted decide, por ejemplo, tener tres hijos y darles una vida de calidad y enviarlos a escuelas y universidades particulares, pues entonces tendría que estar en los niveles más altos de ingreso del país para poder pagar esas cantidades de dinero. Otro ejemplo serían los costos de los servicios médicos de tener una familia de esta naturaleza. ¿Y hasta cuándo se debe sostener este ritmo de vida? Pues haciendo un cálculo a “ojo de buen cubero” como dice el dicho popular, yo diría que hasta que todos los hijos tengan al menos unos 23 o 25 años de edad, en que se vuelven independientes (en promedio). Lo anterior, suponiendo que los hijos no tienen que empezar a trabajar mientras están estudiando, pero lamentablemente este privilegio es para muy pocos en nuestro país, pues la mayoría de nosotros, mientras terminamos de estudiar empezamos a trabajar. Y ya ni hablamos de maestrías, de vacaciones o de cualquier añadido de este tipo, porque entonces, se vuelve aún más difícil.

Pero en un mundo en donde las parejas de 28, 29 o 30 años comienzan a casarse y un par de años después (o antes) empiezan a tener hijos, las parejas DINK que han decidido no tener hijos son estigmatizadas, incluso condenadas por la sociedad, la religión o cualquier otro representante de los valores morales y de la comunidad hoy en día. Entre los argumentos principales están: “las parejas sin hijos no son felices”. ¿De dónde habrán sacado esto? Me llama por ejemplo la atención que la Iglesia Católica afirma que la “soltería” es una vocación, pero condena a las parejas que deciden no tener hijos. ¿Cuál es la diferencia, en términos reales, entre una vocación de soltería y una de pareja pero sin hijos?

Siguiendo un poco con este análisis, me parece que las parejas y matrimonios homosexuales son también un ejemplo – en algunos casos – de parejas DINK, en donde el poder de consumo es alto, pues normalmente vienen acompañados del éxito profesional y por ende, económico, y en muchos casos, los hijos no están presentes.Ello, sin dejar de lado la condena social y religiosa que esto conlleva; pero bueno, hasta el Papa Francisco ha dicho que la Iglesia le pone demasiada atención a estos temas, perdiendo el verdadero foco de atención de las cosas en donde deberían estar sus esfuerzos. En fin, es un asunto complicado. Yo estoy convencido que las parejas sin hijos pueden ser sumamente felices. Al menos, no deberían tener que estar obligadas a tomar decisiones de inmediato; e independientemente que decidan tener hijos más adelante – o bien que decidan no tenerlos – debería abordarse el tema desde una perspectiva realista, y no de desde un juicio moral. Este tema da para muchos artículos más.

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*Maestro en Análisis Político y Medios de Información

Política e Irrelevancia

http://www.oem.com.mx/elsoldemexico/notas/n3356057.htm

Política e irrelevancia

Federico Ling Sanz Cerrada*

A lo largo de los últimos meses he tratado de escribir – y relatar – en estas colaboraciones semanales mi propio punto de vista sobre la política nacional, sus motivos, sus razones y cuáles son los efectos de ello. En resumidas cuentas, el adjetivo que describe a la política, desde esta perspectiva, es “irrelevante”. ¿En qué sentido lo es? En los fines que persigue. Y voy a tratar de explicarme un poco mejor. La semana pasada titulé a mi artículo como “La insoportable levedad de la política”, tratando de hacer un análisis comparado con la tesis que expone Milán Kundera en su libro “La insoportable levedad del ser”, en la cual afirma que hay dos tipos de relaciones afectivas, adjetivadas según sus características con el “peso” o la “levedad”. Sin afán de entrar en más detalles de aquello, mi opinión es que la política, su actividad y sus actores, todo ello está mucho más inclinado hacia la “levedad”. Es decir, la irrelevancia, la falta de trascendencia.

Recuerdo que también escribí hace unas semanas que la política sigue siendo la misma desde siempre, y utilicé como ejemplo a Rodrigo Borgia (conocido también como el papa Alejandro VI), cuyas motivaciones fueron meramente conseguir el poder, aumentar la recaudación económica del Vaticano, asegurarse del control de la región central de Italia contra los principados enemigos, etc. Es decir, más que Sumo Pontífice, parecía general de guerra. Yo creo que esto sucede porque la “levedad”, la “irrelevancia” de la política se puede encontrar en todos lados; y no digo que esto sea necesariamente malo, pero creo que se debe transitar hacia el lado de la profundidad de la política y de la actividad pública y del Estado.

Vamos por partes, en el caso de México, la irrelevancia política la podemos encontrar todos los días; basta con leer la prensa para darnos cuenta de todo aquello que es francamente superficial, o peor aún, para evidenciar las verdaderas razones de los políticos o de los actores públicos para hacer las cosas: reportes de escándalos sexuales, de control político, de poder y de elecciones, de dinero, etc. La ley entonces sirve para atemperar estos intentos de dar rienda suelta a esas pasiones, pero no es suficiente si cada quien no hace el esfuerzo que le toca para transitar por el camino de la ética. Pero tratando de avanzar un poco más en todo esto, debo decir que entonces la ética del político no es solamente quedarse en el nivel superficial e irrelevante de las cosas, sino que debe ir al a profundidad, y buscar la trascendencia de sus acciones.

Un político que se deja llevar por estas pasiones está faltando al cumplimiento del deber a que está llamado en el servicio público. Si bien el estado, en la tradición ius-naturalista fue creado para garantizar que todos tengamos seguridad (como función esencial), debemos entonces de pensar en que el estado también está llamado a una misión ulterior, transformando a las personas, para que dejen de ser súbditos y se conviertan en ciudadanos. Allí está la clave de la política; allí está la piedra angular de cómo poder ir al fondo de las cosas, de dejar la inmediatez de las acciones y de actuar pensando en la trascendencia del servicio público. No es algo sencillo, porque requiere dejar de lado la superficialidad de las razones y de los motivos con que muchas veces se hacen las cosas, pero es la forma en que podemos dotar a la actividad política de razones de peso.

En tiempos en que la irrelevancia política inunda las planas de los diarios, las conferencias de prensa y las mesas de discusión en el país, los ciudadanos tenemos que ser capaces de impulsar, desde nuestra trinchera, una política de peso, de profundidad y de motivaciones correctas. Quizá los actores públicos han vivido con una venda en los ojos (probablemente de forma inconsciente), por lo que es nuestra responsabilidad mostrarles que se puede “dejar ir” a las pasiones que nos impiden transformarnos en ciudadanos, y por qué no decirlo, en políticos. Esa es nuestra misión.

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*Maestro en Análisis Político y Medios de Información

La insoportable levedad de la política

http://www.oem.com.mx/elsoldemexico/notas/n3348076.htm

La insoportable levedad de la política

Federico Ling Sanz Cerrada*

En días recientes hemos podido observar acontecimientos francamente deleznables en la escena política y en la esfera pública de México. Unos más que otros, pero casi todos ellos tienen que ver con un sentido efímero, hedonista, fugaz y totalmente instrumental en la manera de conducirnos y de disfrazar el interés público por razones personales. Comenzaré hablando desde lo más burdo hasta lo más fino, pero todos ellos ejemplos de lo anterior. En primer lugar la acusación contra el ex líder del PRI en la capital, (el hijo del “Rey de la Basura”) Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre de intercambiar empleo por favores sexuales a su favor entre las edecanes del instituto político que tuvo a su cargo. Como uno se podrá imaginar, la acusación es simple; pudo venir de cualquier persona (especialmente de aquellas maltratadas) y no requiere demasiadas pruebas, pues una red urdida de esta forma – supongo – se descubriría fácilmente. ¿Cuál es la motivación atrás de este personaje para incurrir en esta conducta? Es igual de simple que la falta; es una motivación meramente superficial, primaria y sencilla: sexual.

La razón de esta conducta atípica (delictiva incluso) tiene que ver con uno de los instintos primarios de los seres humanos. Y sobre ello entonces se construye toda una trama de cosas mal hechas con consecuencias funestas para todos; pero más aún, lo peor del asunto es que la política queda subordinada al instinto primario de un personaje que no es capaz de sobreponer sus apetitos sexuales al deber público. Y no menos instrumental es utilizar este caso para derrocar políticamente a este personaje, no porque su conducta es poco ética e inmoral, sino porque así conviene a los intereses de grupo, en una jugada maquiavélica para utilizar las circunstancias y obtener réditos políticos de ella.

El caso descrito anteriormente es uno de los más burdos que he visto, pero el patrón se repite: supeditar el interés público al impulso primitivo que todos llevamos dentro. No seríamos humanos si no tuviéramos apetitos sexuales, de dinero, de poder o de comodidad. Sin lugar a dudas que todos, en algún punto de nuestras vidas, nos hemos enfrentado a nuestra propia naturaleza y nadie es ajeno a estas pasiones. Pero lo grave es no saber distinguir una cosa de la otra. En ese sentido, decidí titular esta colaboración como la “insoportable levedad de la política” porque creo que nuestro ámbito público se ha vuelto poco a poco algo “leve”. Milán Kundera, en su libro “La insoportable levedad del ser” hace un análisis entre dos circunstancias opuestas que son “el peso” y “la levedad”. Pero si trasladamos estos conceptos con los que describe las relaciones humanas y los llevamos al ámbito de la política, en realidad, el problema del “Príncipe de la Basura” es un problema de levedad y de cómo se las ingenió para llevarla a un nivel mayúsculo.

Pero la levedad en la política no es exclusiva de aquellos con serios apetitos sexuales, sino también, de aquellos que gustan utilizar las herramientas del poder para beneficio propio, de unos cuantos, o de su partido. Allí tenemos el caso del recién nombrado “INE” que va a sustituir al IFE y cuyos 11 consejeros fueron nombrados el jueves pasado por la Cámara de Diputados en un claro manoseo de las instituciones, los cargos y las posiciones que se reparten como cuotas y como botín de guerra. La levedad para utilizar una de las instituciones más prestigiadas de México, garante de uno de los pilares de la vida democrática, fue vulnerada y vilipendiada como mercancía barata y subastada al mejor postor, que sin fines democráticos, quiso buscar solamente su interés inmediato; saciar sus apetitos de poder y de control. Mientras la política y la República sigan a merced de los vaivenes impulsivos de los políticos, será sumamente complicado deshacernos de esta “levedad” que nos tiene sumidos en la corrupción; si queremos tener una nación de altura, entonces, debemos primero tener ciudadanos y políticos de primera, pero jamás a la inversa. El Estado es reflejo de la sociedad y no al revés.

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*Maestro en Análisis Político y Medios de Información

Los dueños de los partidos

http://www.oem.com.mx/elsoldemexico/notas/n3331546.htm

Federico Ling Sanz Cerrada*

Para cualquier persona que se dedique a estudiar a los partidos y los sistemas políticos, tiene claro que hay dos de estos últimos: parlamentario y presidencial. En el caso del presidencialismo, por el mecanismo natural de los pesos y los contrapesos, los actores políticos que están en la oposición buscan que el Ejecutivo no logre avanzar sus asuntos en el Congreso. Quizá no debería de ser así, pero la realidad nos dice que existen una serie de incentivos negativos o perversos, de tal modo que todo aquello que pierde el partido que gobierna, lo ganan quienes son oposición y viceversa. Y traigo esto a cuento, porque durante los últimos años en México enfrentamos una parálisis legislativa provocada por esta dinámica que impidió impulsar grandes cambios para el país.

Diré que en específico, durante los años que el panismo gobernó a México, hubo importantes obstáculos en materia de construcción de acuerdos parlamentarios y legislativos (por razones exógenas y endógenas), y por ende, las reformas estructurales como la energética, fiscal, laboral, de telecomunicaciones, y otras más, sencillamente nunca transitaron por las cámaras del Congreso. Y el Ejecutivo se quejó largamente de esta situación. Lo anterior no es nada extraño, sino más bien la consecuencia natural de todo sistema presidencial. Como muestra también me gustaría decir que en los Estados Unidos – inventores del presidencialismo – durante el pasado mes de Octubre de 2013, el Gobierno Federal tuvo que cerrar porque no llegó a un acuerdo con el Congreso para aprobar el presupuesto.

Pues bien, de esa manera, lo que trato de ilustrar es que durante los últimos años, México enfrentó duras crisis políticas por la parálisis en el Congreso y fue hasta hace poco que se construyó el “Pacto por México” en el gobierno de Enrique Peña Nieto, que las reformas comenzaron a transitar. Ello no es ninguna casualidad, sino producto de la operación política natural en el sistema presidencial, y a una eficaz construcción de acuerdos políticos y parlamentarios. En ese sentido, fueron aprobadas ya las reformas constitucionales y ahora faltan los cambios legales a la legislación secundaria (es decir, la “letra chiquita” de las reformas). Pero estos cambios están nuevamente detenidos en el Congreso y no ha sido posible avanzar, pero no por la parálisis de la oposición, sino por la división interna de los partidos. La disputa por los retazos de poder que le quedan a los institutos políticos que se dividen a tal grado que acaban por aniquilarse.

Veamos con calma esto: en el caso de Acción Nacional, la lucha entre “maderistas” y “calderonistas” por la presidencia de dicho partido (es decir entre el grupo de Gustavo Madero y el de Ernesto Cordero) ha dividido al PAN y ha puesto en jaque la gobernabilidad interna del partido y de sus fracciones parlamentarias en el Senado y en la Cámara de Diputados. Lo curioso resulta en que las antiguas alianzas (Madero con Calderón) se han roto, para dar paso a otras como Oliva con Cordero (grupos históricamente antagónicos, en la época del calderonismo presidencial). Extraño resulta lo anterior, y por ende, no ha sido posible que las reformas transiten hasta que los partidos se pongan de acuerdo con ellos mismos. La lucha no es por ideales, sino por la propiedad política del partido. Los dueños de los partidos se disputan lo que les queda. En el caso del PRD, el término de Jesús Zambrano como Presidente del partido y la pugna por la renovación entre este grupo y su antagonista, los ha mantenido ocupados tratando de encontrar una solución que lastime lo menos posible al instituto político y le genere condiciones de gobernabilidad frente al gobierno federal y de cara a los cambios que todavía se tienen que negociar.

En resumidas cuentas, es paradójico que México, una vez más, enfrenta la parálisis legislativa pero no por culpa de los contrapesos del presidencialismo, sino por fragilidad de los partidos, sus apetitos de poder y la visión de ganar el partido a costa de perder todo lo demás, aunque el partido resulte inviable a la larga. La pregunta es: ¿en quién cabrá entonces la prudencia?

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*Maestro en Análisis Político y Medios de Información

Un iPhone para Rodrigo Borgia

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Un iPhone para Rodrigo Borgia

Federico Ling Sanz Cerrada*

Durante la época de oscuridad de la Iglesia Católica, es decir en el medievo, las cosas no eran tan diferentes de como las conocemos hoy en día. El Papa Alejandro Sexto, conocido también con el nombre de Rodrigo Borgia, llegó al papado de una forma poco convencional. En ese sentido, el panorama pintaba de la siguiente manera: un cardenal (Rodrigo Borgia) que tenía varios hijos y varias amantes, además de propiedades, dinero, poder e influencia. Al morir el Papa Inocencio VIII, la disputa por el poder de Roma se volvió una lucha de intrigas, de corrupción y de amenazas, mediante la cual, Borgia ascendió al trono de San Pedro. Rodrigo Borgia nombró inmediatamente a su hijo mayor, César Borgia, como cardenal para balancear el peso de oposición que enfrentaba en el Colegio Cardenalicio, en el que incluso algunos de ellos buscaron su destitución. Alejandro Sexto tuvo a varias mujeres como amantes, y más que un Papa pastoral, fue un Pontífice Guerrero, dedicado a expandir el poder de los estados y los ejércitos papales, y a recuperar parte de la Italia que estaba a merced de otros Príncipes. Es la misma época en la que apareció Nicolás Maquiavelo en Florencia, al servicio de la casa de los Médici, específicamente en el principado de Lorenzo Piero y para quien escribió el libro tan famoso de “El Príncipe”.

Para ir más allá: el Papa de Roma, Alejandro Sexto, decide casar a Lucrezia Borgia (su hija) con Giovanni Sforza, para unir a los reinos de Italia central, y poder defenderse de los ataques de Francia, en sus reclamos por el reino de Nápoles. En lo personal, al principio, la narrativa me sonó totalmente disímbola y rompía con la imagen que se supone que debe tener un pontífice romano. Pero hay que entender las cosas en su justa dimensión y la época así lo demuestra. Para tratar de entender más allá la historia, me gustaría arriesgarme y comparar al Papa Alejandro Sexto con cualquier campaña presidencial de cualquier país moderno: el cardenal más fuerte para ocupar el trono de Pedro sería como el candidato mejor posicionado en las encuestas; el matrimonio político de Lucrezia Borgia con Giovanni Sforza sería equiparable a las coaliciones electorales que hoy en día tienen lugar, y la lucha de Rodrigo Borgia para conquistar a los reinos aledaños y hacerse de adeptos sería como la pugna territorial en cualquier república por hacerse del control de los gobernadores; el nepotismo para balancear la oposición en el Colegio Cardenalicio es semejante a posicionar a los amigos en las listas plurinominales al Congreso y hacer contrapeso a la oposición férrea y colocar a los “alfiles” políticos en el tablero de ajedrez, y por último, utilizar el poder de la Iglesia (como las indulgencias o la salvación del alma) para ganar adeptos, sería similar a cooptar con buenos puestos o buenas prestaciones a los líderes populares mejor posicionados.

La historia se repite 500 años después. Es la misma historia de siempre. Es la lucha del poder dentro de las sociedades. Lo único que ha cambiado son las escenografías en las cuales se desenvuelven las cosas, pero en el fondo, la pugna por el poder es la misma desde toda la vida. La humanidad tiene características inherentes que van con ella a donde sea que se dirija. No hay escapatoria de nuestra naturaleza. Quizá hoy en día tenemos mecanismos de control mucho más estrictos, las redes sociales, las telecomunicaciones, los avances científicos y tecnológicos y el desarrollo de la humanidad esté en un punto lejano del medievo, pero las motivaciones y las pasiones humanas siguen siendo iguales. Aún con todos los instrumentos electrónicos, el conocimiento del universo y los avances de la ciencia, los seres humanos seguimos comportándonos igual que hace 500 años. La única diferencia es que en la época de Rodrigo Borgia no había iPhones o aviones, pero los mensajes, las intrigas y la lucha para hacerse del poder era exactamente igual que hoy. Por eso hay que conocer la historia para aprender de ella.

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*Maestro en Análisis Político y Medios de Información

La realidad no coincide

http://www.oem.com.mx/elsoldemexico/notas/n3315988.htm

La realidad no coincide

Federico Ling Sanz Cerrada*

La semana pasada tuve que enviar un paquete por mensajería certificada y necesitaba que éste llegara rápido a su destino. Lo envié desde Estados Unidos a México y mi intención era que el destinatario pudiera tener en su poder los documentos que le envié. A pesar de haber pagado una importante cantidad de dinero por este servicio, el paquete no llegó correctamente. La dirección era bastante simple (y en ocasiones anteriores ya había entregado cosas de esta manera), pero algo sucedió que mi paquete se perdió. Y después de varios días, es tiempo que todavía no tengo idea de dónde está mi paquete de documentos urgente que envié desde la semana pasada. Esto me resulta frustrante y además, paradójico. Vamos por partes: las comunicaciones hoy en día son eficientes; al menos, todas ellas que se mueven a través de satélites y de fibra óptica y de teléfonos inteligentes. Pero ¿qué sucede con las interconexiones que se mueven a través de las fronteras, o que involucran a la personas? Quizá la globalización del comercio (mercancías), de la información o hasta del crimen organizado ocupa un lugar preponderante, pero no así de las personas. La realidad es que las comunicaciones no funcionan igual. Las fronteras no son tan permeables y fáciles de usar como deberían (al menos, como han intentado vendernos en el pasado) y es fecha que los seres humanos no podemos transitar de un lugar a otro sin una cantidad interminable de papeleo, chequeos e interrogatorios.

Pues bien, esto me lleva a concluir una cosa: la realidad no coincide con lo que nos hemos imaginado que ésta debería de ser. Ni en México, ni en otros países, la realidad coincide con las ideas. Pongo un ejemplo: la creación del Instituto Nacional de Elecciones (INE) tan aplaudida por unos y tan vilipendiada por otros. La pregunta fundamental es que en México estamos legislando y creando leyes para el país que pensamos que somos y no para el país que de hecho constituimos. Nuestra realidad no coincide con nuestra idea preconcebida y en lugar de eso, en vez de ajustar las ideas, lo que queremos es que la realidad se ajuste a nuestro juicio. Otro ejemplo sería la federalización en México; ¿realmente nuestro país es una República Federal? Me da más bien la impresión de lo contrario. Para quienes no nacimos en el Distrito Federal, México es un país absolutamente centralista (lo cual no es malo por sí mismo). Pero quizá deberíamos dejar de intentar tan forzadamente que la realidad se adapte a lo que nosotros pensamos. Si México no es un país esencialmente federal, pues entonces, digamos que es un país centralista y ya, en lugar de contarnos un cuento que jamás se convertirá en algo real.

Fuera de México también pasa lo mismo: en Estados Unidos se han contado mil veces el cuento de la reforma migratoria, cuando la realidad es que el país no va a aprobar una reforma integral en ese sentido. Quizá sea mejor asumir que esto no sucederá, para tener elementos reales con los cuales debemos jugar el juego. O bien, la legislación para el control de armas, la realidad es que no va a cambiar en Estados Unidos, así que quizá sería mejor dejar de decir que las armas de la frontera no pasan de contrabando a México, cuando en realidad, sí pasan. Y cosas por el estilo que solamente nos hacen más daño.

Creo firmemente que es mucho mejor partir de escenarios realistas. Si decimos que las comunicaciones digitales están avanzadas, pero no así las conexiones y tránsito de personas entre países, pienso que es mejor, porque tendremos escenarios de realidad sobre los cuales actuar. Cuando decimos cosas que no son ciertas, en realidad creamos expectativas, reglas y circunstancias que jamás nos van a servir y solamente van a deformar las instituciones, las sociedades o los mecanismos políticos que tenemos. La solución es muy simple: debemos ajustar las ideas, porque los ajustes a la realidad no se decretan, sino que se construyen y eso toma tiempo y debe hacerse desde la raíz de la cosas.

http://www.federicoling.com y @fedeling

*Maestro en Análisis Político y Medios de Información