Psicoanalizando al Leviatán

Psicoanalizando al Leviatán

por Federico Ling

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La élite del poder

julio 14, 2014 , , ,

http://www.oem.com.mx/elsoldemexico/notas/n3410930.htm

La élite del poder

Federico Ling Sanz Cerrada*

Recuerdo con mucha luminosidad que una de mis clases favoritas durante la licenciatura fue la de “Elites y Cultura Política”. Hablábamos largo y tendido sobre el funcionamiento de las élites históricamente y de cómo se constituían, integraban, renovaban, o cuál era la manera en que se retroalimentaban. No solamente me refiero a las élites políticas, sino a las élites económicas, sociales, culturales, etcétera; lo que sí puedo decir es que al menos todas estas élites constituyen juntas la “élite del poder”. Pero además, las personas que conforman este grupo no son unidimensionales, sino que están distribuidas en subconjuntos concéntricos, que conforme acumulan mayor poder, reducen en el número de sus miembros.

No se trata de abundar al extremo sobre el tema, sino de poner ejemplos concretos. El primer caso que discutimos en la clase – hace ya algunos años – fue el de Enrique VIII. En contraposición con lo que dictaría la “teoría de juegos” y la maximización política de los beneficios y la minimización de los costos, Enrique VIII – monarca inglés del siglo XVI, de la casa reinante de los Tudor – tomó las decisiones en su reino basándose en sus caprichos personales. Implementó cambios políticos y religiosos en Inglaterra porque, en gran medida, quería divorciarse de su esposa (la reina Catalina de Aragón) para casarse con Ana Bolena. Esta fue su “cultura política”. Nombró a duques y cortesanos de entre sus amigos íntimos, y la circularidad de la élite del poder nunca estuvo más a merced del capricho del monarca. Esta situación no es diferente de aquella que algunos mandatarios de la era moderna aplican en su forma de gobernar, o bien, no dista mucho de la actitud de algunos políticos actuales en nuestro país. Al contrario, allí está el viejo chiste que reza: “¿Qué horas son? Las que usted diga, Señor Presidente”. Muchas de las élites políticas se conformaron por compadrazgo, por amistad, o por lealtades políticas. Otras tienen su acceso a través del dinero y de los recursos económicos. En cualquier caso, están totalmente implicadas unas con otras.

Tratando de avanzar un poco más, quiero decir que entre otras cosas, la élite del poder se protege a sí misma; es un fenómeno normal, natural y endémico del grupo que gobierna de hecho y de derecho; es un acontecimiento inclusive empresarial. Ello lo podemos atestiguar de manera nítida al momento de buscar, solicitar y aplicar para un empleo. Conseguir trabajo tiene mucho más que ver con los contactos, las relaciones y los conocidos, más que con las capacidades y las cualidades. Influye más la escuela en la cual estudiamos que el promedio que obtuvimos; importa más a quienes conocimos durante nuestra juventud, que garantizar que actuamos con ética durante nuestros encargos pasados. Y quiero aclarar que este fenómeno es universal, y no necesariamente es exclusivo de México o de un país en lo particular. En casi todos lados, la circularidad de los empleos tiene que ver con la élite y con el grupo; y no solamente en los trabajos, sino al momento de casarse, de hacer negocio o de forjar algún tipo de alianza o vínculo con los demás. Así funciona y ha funcionado en la humanidad históricamente hasta la fecha. Allí el ejemplo de Enrique VIII en Inglaterra en los 1500’s.

No obstante lo anterior, desde mi óptica personal, tengo un par de sugerencias para actuar frente a este fenómeno: la primera es trabajar arduamente y con ética personal. No hay nada que recomiende más que el trabajo propio hecho de manera exitosa, profesional y debidamente cumplido. La segunda es no pelear con la tendencia de las élites. Dado que es un fenómeno normal y natural, la mejor combinación es la de tener un grupo sólido de conocidos, amigos y contactos, y hacer un trabajo profesional y bien llevado a cabo. Si esto lo trasladamos a otros ámbitos de nuestra vida (como la economía, la sociedad o la cultura) funcionaría igual: no luchar contra la tendencia, sino aceptarla pero haciéndolo de forma ética. La élite del poder, como el poder mismo, no es negativo en sí, pero debe saberse utilizar adecuada y positivamente en beneficio comunitario y propio.

http://www.federicoling.com y @fedeling

*Maestro en Análisis Político y Medios de Información

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