Psicoanalizando al Leviatán

Psicoanalizando al Leviatán

por Federico Ling

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El programa de la noche

noviembre 3, 2013

http://www.oem.com.mx/elsoldemexico/notas/n3172101.htm

El programa de la noche

Federico Ling Sanz Cerrada*

El otro día estaba leyendo en una publicación electrónica un artículo sobre las parejas. En realidad era uno de esos exámenes o “tests” para comprobar alguna cosa. Hace muchos años este tipo de publicaciones aparecían en las revistas de moda y de sociales, pero hoy en día lo hacen a través de publicidad en las redes sociales. En esta ocasión la prueba consistía en contestar una serie de preguntas para averiguar qué tan atractiva es la persona para alguien del sexo opuesto. Lo curioso además es que las preguntas datan de los años cincuenta, y por ello quería además comprobarse la efectividad de los cuestionamientos muchos años después; la hipótesis es que hay cosas que nunca cambian para conquistar a un hombre o una mujer.

En ese sentido, en el caso de los hombres que buscan conquistar a una mujer, una de las preguntas que me llamó más la atención fue aquella por la que se le cuestionaba al lector sobre los planes y el programa de la noche. Ante la pregunta de cómo se escogía el plan para una cita, se ofrecían dos respuestas, más o menos así: a) dejar que la pareja decida o, b) ofrecer de antemano todo un programa de la noche y tener listas todas las reservaciones. Como es de esperarse, cuando uno leía la explicación a las respuestas, la conclusión era que aquellos que tenían todo un programa de la noche establecido, que habían hecho las reservaciones adecuadas y que ofrecían a su pareja todo un programa de actividades eran mucho más atractivos para la otra persona.

Me quedé pensando largamente en este asunto, y recordé que efectivamente tienen razón. Quizá sea la naturaleza propia de nuestra vulnerabilidad, pero el hecho de que la otra persona tenga todo preparado para su pareja hace que esa persona se sienta protegida y en cierto modo, menos vulnerable. Eso habla de la seguridad de quien hace la propuesta, como quien sabe lo que dice, como quien habla con la autoridad del caso. Y siempre la seguridad resultará sumamente atractiva en el caso de conquistar a alguien más. Pero además, no necesariamente su aplicación a la vida práctica termina allí en materia de romance y enamoramiento, pues otra de las cualidades que se pueden leer entrelíneas de quien tiene esa seguridad, es que en el fondo tiene certeza de cuál es el rumbo que hay que tomar. Y allí está precisamente el nódulo central del problema.

Todos queremos tener certeza del camino que debemos recorrer y nos hacemos preguntas constantemente para saber si vamos bien o mal. Inclusive, cuando hemos emprendido la marcha, dudamos que esa sea la mejor opción y nuestra propia vulnerabilidad nos puede jugar malas pasadas. Por eso siempre preferimos a alguien que tenga estas certezas desde el comienzo; o al menos, que tenga una opinión y sentido claro, aun corriendo el riesgo de equivocarse.

Pues así precisamente sucede también en nuestro trabajo, al momento de decidir si un empleo nos conviene más que otro, o si debemos renunciar y buscar otra oferta o aguantar más en el empleo que actualmente tenemos. También puede suceder al momento de ir a comprar una casa, pues es una gran inversión y siempre quisiéramos estar seguros de la propiedad que estamos adquiriendo. Y también puede aplicarse a la decisión de estudiar una maestría, de mudarnos, de casarnos, de tener hijos, etc. Siempre queremos tener certeza, o por lo menos, estar con personas que la tengan. Y así también este fenómeno tiene una aplicación directa en la política: los ciudadanos somos personas que queremos tener certeza del rumbo de nuestro país, de nuestra sociedad y de nuestra economía. Por eso buscamos políticos que, cuando están en el proceso de “conquistar” a los electores, lo hagan con certeza de rumbo, con seguridad y siempre nos inclinaremos por aquellos que tengan listo el “programa de la noche”. De esta manera nos sentiremos más seguros y más protegidos. Es nuestra condición humana. Los políticos en campaña deberían hacerse esta misma pregunta de los años cincuenta cuando van a pedir el voto de los ciudadanos. Las respuestas serían sorprendentes para muchos.

http://www.federicoling.com y @fedeling

*Maestro en Análisis Político y Medios de Información

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