Psicoanalizando al Leviatán

Psicoanalizando al Leviatán

por Federico Ling

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Presidentes con canas

marzo 17, 2012 , , , , ,

http://www.oem.com.mx/elsoldemexico/notas/n2470919.htm

Presidentes con canas

Federico Ling Sanz Cerrada*

Pensemos en Vicente Fox o en Ernesto Zedillo. Incluso en Felipe Calderón. Si pudiéramos comparar imágenes de los presidentes al inicio y al final de su mandato, seguramente encontraremos claras muestras de su paso por el poder. El más notorio son las canas. Casi todos los presidentes terminan su encargo con el pelo blanco; probablemente también terminen con arrugas y con un semblante de cansancio en su rostro. ¿Cuál es la razón de que su trabajo imprima estas huellas en ellos? Me atrevería a decir que es el poder, porque es desgastante en términos reales.

En el caso de los Presidentes de la República tienen en sus manos la conducción del país y de ellos dependen una serie de cosas de vital importancia para todos los ciudadanos. Habrá decisiones que tomen que impacten en la vida de millones de personas. Una orden que salga de su boca es casi “palabra divina” y tendrá que cumplimentarse de forma incuestionable (me refiero a los subordinados, al menos). Pero también las decisiones presidenciales impactan a otros grupos de poder real como la Iglesia, la Iniciativa Privada o los Medios de Información. No es algo sencillo. La pesada losa que llevan sobre sus hombros deja huella que no se puede ocultar.

La Presidencia de la República administra mucho poder – el poder de la República – y es una carga que desgasta a las personas. No solamente en términos físicos, produciendo canas y arrugas, sino también emocional, social y políticamente. Las relaciones institucionales de los actores involucrados también van produciendo un natural agotamiento que va de la mano con los ciclos del poder. Típicamente eso sucede claramente al final de la administración y conforme el poder va desvaneciéndose poco a poco. Luego entonces, si las instituciones sufren de este agotamiento, también las personas. Las instituciones pueden ralentizarse y las personas adquieren canas, en el mejor de los casos. Las responsabilidades personales o institucionales parecen difuminarse, y entonces la marcha final de la administración se vuelve más compleja.

Cuando se administra poder, personal o institucional, es altamente probable que la sede de dicho poder esté sujeta a esta presión. Esto es justamente parte de lo que vamos a presenciar durante 2012, cuando el ejercicio del poder, una vez más, cambie de manos. Lo que trato de decir igualmente es que, en el fondo, las personas, tenemos muchas resistencias a los cambios. Cuando el poder cambia de recipiendarios, no solamente es complicado por el desgaste que hemos comentado, sino, además, porque es difícil para los actores desprenderse del mismo. Esto genera una dinámica sumamente compleja.

En este orden de ideas hay dos aprendizajes que se pueden rescatar de todo lo anterior: primero, las dinámicas de poder son altamente “adictivas”, generan relaciones institucionales y personales complejas producto de la administración del mismo y generan desgaste y fricción entre todos los involucrados (ya sean instituciones o personas). Quien quiera administrar poder, tendrá que asumir el costo de hacerlo. A mayor poder, mayor desgaste. Y en segundo lugar, la dinámica adictiva del poder (como tantas otras cosas de este mundo) produce una natural y humana resistencia al cambio y obstaculiza su desprendimiento cuando hay que dejarlo. De cualquier manera la realidad impone un límite. Lo que es maleable es la actitud de cada quien o la actitud de una institución para procesar el desgaste y el cambio; la pertinencia de asumirlo si el desgaste es mayúsculo o bien, la actitud de desprendimiento respecto de estas dinámicas.

El 2012 será un año propicio para realizar estos análisis (en los ámbitos internos y externos de cada uno) y de tomar las decisiones más adecuadas al respecto. No resulta fácil decidir en contra de las inercias naturales que todos los seres humanos experimentamos durante nuestra vida, pero también, está en nuestras manos que nuestra actitud sea coincidente con la realidad; de esta manera el proceso sería menos costoso, menos complicado y menos desgastante. Además, con ello, nos daríamos cuenta de un montón de oportunidades que hemos pasado de lado por estar aferrados a lo que sentimos seguro. Sin duda la apuesta de 2012 será alta.

http://www.federicoling.com y @fedeling

*Maestro en Análisis Político y Medios de Información

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