Psicoanalizando al Leviatán

Psicoanalizando al Leviatán

por Federico Ling

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Teoría del Cambio

marzo 4, 2012 , , , , ,

http://www.oem.com.mx/elsoldemexico/notas/n2452507.htm

Teoría del Cambio

Federico Ling Sanz Cerrada*

Imaginemos a alguien que tiene frente a sí una decisión importante que debe tomar. Por ejemplo, una persona que está a punto de decidir si estudia o no una maestría o si se cambia de trabajo. Su decisión depende un poco de las circunstancias externas, sin embargo, en gran medida, casi todo depende de sus condiciones internas. Es decir, la maestría allí está y no se va a ningún lado, pero si nuestro amigo decide cursar el programa, entonces tendrá que hacer sacrificios importantes para poder pagarlo. O bien, si una persona lleva trabajando varios años en la misma posición burocrática, es previsible que no crezca, a menos que explícitamente lo busque. Pero entonces si quiere llegar más lejos tendrá que tomar una postura distinta ante la vida y, tal vez, dejar la ruta de la “zona de confort” para emprender otra que le implique mayor esfuerzo, pero también mayores ganancias. Siempre será más sencillo tomar la ruta corta, donde no se tenga que “llevar la rienda”, y solamente se mantenga uno a flote, aunque el crecimiento sea mediocre. De otro modo hay que hacer un movimiento interno para asumir una actitud mucho más “echada pa’delante” como se dice coloquialmente.

Este es el cuento de nunca acabar. México, ¿sería un mediocre tomador de decisiones, que prefiere jugarla a la segura, o es un tiburón que acecha y va por más? Este es el dilema del miedo que nos da cambiar. Porque el cambio implica hacernos cargo de nuestra decisión, y eso nunca será fácil. Mejor es “nadar de muertito” para no asumir ninguna responsabilidad. El cambio y la decisión implican, además, que muchos van a cuestionarnos e intentarán hacernos ver que era mejor no hacerlo; y tendríamos entonces que ser capaces de defender con seguridad nuestra opción. Pero, ¿cómo lo podemos lograr si ni siquiera nosotros mismos estamos seguros de ello? Por eso el refrán de “más vale malo por conocido, que bueno por conocer” está tan arraigado en nuestra psique: porque las implicaciones del cambio son inmensas y sobretodo, son nuestras únicamente.

Tal vez quien jamás haya arriesgado su trabajo haya logrado sacar a flote sus compromisos. No obstante, una vez más ¿dónde queda la ambición de ser mejores, esa que constituye el motor que nos dinamiza?, ¿qué hubiera sucedido si los científicos e investigadores no hubieran arriesgado nada para inventar cosas que todos usamos hoy, o medicamentos que jamás hubiéramos siquiera imaginado? Las personas no cambiamos, no porque no lo queramos, sino porque el primer movimiento para el cambio tiene que ser interno. Casi en todo podríamos aplicar este principio: en la política, en la economía, en el trabajo, en la vida de pareja, etcétera.

¿Cómo se vence entonces el miedo a cambiar? Primero que nada debemos dejar atrás el temor de lo que implica optar por algo, tomar una firme decisión y posteriormente hacernos cargo de ello. La evasión de la responsabilidad de nuestras acciones es un obstáculo para cambiar. Siempre estaremos corriendo el riesgo de equivocarnos, pero entonces, el cambio deja de ser un juego seguro y se convierte en una apuesta: a veces se gana y otras no; y hay que estar dispuestos a asumir dicho costo.

Llevado todo lo anterior al ámbito nacional, me gustaría ver a mi país en la elección próxima de julio haciéndose cargo de su decisión. Puede ser buena o mala, pero al menos, es una determinación clara. Lo peor que podría pasarnos es que las cosas que sucedan en México sean meramente inerciales, producto de las circunstancias externas. La corrupción, la mediocridad, la intolerancia podrían arraigarse aún más si dejamos que la realidad siga la marcha de las inercias. No vale la pena. ¿Dónde está nuestra capacidad de construir nuestro propio destino entonces? La próxima elección podría representar nuestra oportunidad para que, desde nuestra trinchera, las cosas cambien; empezando por nosotros y por nuestra actitud. Como dice el otro refrán popular: “el que no arriesga, no gana”. Y a nosotros nos ha llegado el momento de arriesgar. Es hora.

http://www.federicoling.com y @fedeling

*Maestro en Análisis Político y Medios de Información

 

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