Psicoanalizando al Leviatán

Psicoanalizando al Leviatán

por Federico Ling

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Invitaciones

abril 2, 2011

http://www.oem.com.mx/elsoldemexico/notas/n2025678.htm

Invitaciones

Federico Ling Sanz Cerrada*

Hace algunas semanas narré en esta columna la historia de cómo fue construido el monumento a Benito Juárez que está sobre la Alameda Central en la Ciudad de México. Es llamado “Hemiciclo a Juárez” y está fabricado con mármol de las canteras italianas de Carrara. El arquitecto que lo construyó se llamaba Guillermo de Heredia y su nieta, “Lupita”, me ha contado en varios correos electrónicos la visión que imperaba en aquella época, cuando cosas similares también fueron construidas.

En este sentido, es importante mencionar que la arquitectura, considerada como un espacio para la ciencia y el arte, tenía un lugar preeminente en la época. Y Lupita me ha dicho en su correo algo que me llama la atención y rememora que a principios de 1900, en los umbrales de la Revolución, nuestro país atravesaba por momentos críticos y contradictorios, puesto que había una paz social forzada, pero al mismo tiempo permeaba el descontento político y en la sociedad. Los círculos de intelectuales permanecían más bien inmunes a dicho resquemor e insistían sobretodo en el desarrollo cultural y artístico. Los ideales que observaban los arquitectos de la época, como don Guillermo de Heredia, consistían en acercarse lo más posible a la creación del “Supremo Artista” de la naturaleza y del hombre, es decir, Dios. Esta filosofía religiosa del arte buscaba lograr el equilibrio del mismo sobre tres ideales fundamentales: verdad, bondad y belleza. He aquí uno de los puentes entre la ciencia y el arte.

En el momento en que México tuvo una Escuela Nacional Preparatoria los pensadores mexicanos despertaron hacia un interés por la educación como base para el desarrollo y recuperaron, descubrieron e hicieron circular autores como Platón, Kant, Taine, entre otros filósofos más. Al final del día encuentran en “Grecia” la inquietud del progreso, la técnica científica como modo de disciplina moral que busca la perfección del hombre como ideal humano. Y en este contexto nacen estos monumentos blancos, de estilo neoclásico, con columnas elevadas al cielo como dando la impresión de que al mirarlos se restablezcan en el alma la templanza y la serenidad.

Lupita finaliza su comunicación y me cuenta que por estas razones y por el enorme potencial artístico de México debemos promover la cultura, la educación y el arte entre los jóvenes del país. Y me parece que es una invitación sumamente valiosa como manera de enfrentar la realidad nacional de nueva cuenta. Al volver a las raíces de cómo fuimos formados, me gustaría descubrir los pensamientos y las miradas de esa época de 1900, cuando los arquitectos creían que las columnas de mármol blanco y la búsqueda del arte con bondad, verdad y belleza podría inspirar mejores sentimientos en el alma de los mexicanos.

Hoy en día nos enfrentamos de manera rutinaria a miles de cosas en la realidad. Lo podemos leer en la prensa o ver en la televisión y siempre aparecen cosas que desnaturalizan a la persona, roban la inspiración de este país y desmoralizan. Los decapitados, las ejecuciones, los secuestros, las luchas políticas estériles, las guerras entre los medios de comunicación y tanta cosa que parece que invita justo a lo contrario que los grandes monumentos. Son apologistas de la desgracia. Ahora bien, ¿cómo podemos recuperar esa visión de ansiedad, de búsqueda, de perfeccionamiento, de belleza, de disciplina ética? ¿Será a través del arte? No hay ninguna certeza de cuál es la mejor ruta para que las cosas comiencen a mejorar.

En el artículo de la semana pasada comenté que una posibilidad era iniciar el cambio de manera propia y desde el interior personal; sin miradas autocompasivas y victimización como moneda de cambio. Un amigo me refutó y me dijo que lo que en realidad se necesitaban eran instituciones fuertes y autoridades efectivas para que hicieran cumplir la ley incluso a costa de la fuerza; que los ciudadanos no entienden de otro modo. El día de hoy se presenta otra ruta para tratar de imprimir mejores sentimientos en las personas y, por tanto, en la sociedad, a través de esta suerte de inspiración ética desde el arte, la ciencia y la cultura. O quizá deberíamos combinar todos los caminos anteriores.

http://www.federicoling.com y @fedeling

*Maestro en Análisis Político y Medios de Información.

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