Psicoanalizando al Leviatán

Psicoanalizando al Leviatán

por Federico Ling

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Mirada autocompasiva

marzo 27, 2011

http://www.oem.com.mx/elsoldemexico/notas/n2016725.htm

Mirada autocompasiva

Federico Ling Sanz Cerrada*

He denunciado varias veces que el cruce de Arquímedes y Reforma en la Ciudad de México es una trampa suicida para los peatones. Si uno tiene suerte tal vez encuentre un policía para ayudarle a cruzar. No obstante los automóviles no se detienen casi nunca en las líneas peatonales destinadas para el paso de los mismos. Luego entonces una camioneta se detiene para dejar pasar a algunas personas y al ofrecerles esta “cortesía” una señora comenta a su amiga: “que persona tan amable que nos dejó pasar”. Tal vez tiene razón, pero no. Es una obligación del carro dar primero la preferencia al peatón. Lo dice la ley de tránsito, ni más ni menos. No está haciendo un favor, sino simplemente cumpliendo con su obligación. Sucede un poco lo mismo cuando un funcionario público, encargado de cierto trámite ciudadano, trata amablemente y despacha a la persona interesada. No hay ningún favor en ello.

Se me ocurren otros muchos ejemplos, por mencionar otro, cuando se propone un Punto de Acuerdo ante el Pleno de alguna de las cámaras legislativas para pedir que alguna de las comisiones dictamine cierta iniciativa de ley; ¿qué no se supone que esa es la responsabilidad para la que fueron electos?, ¿por qué se tiene que exhortar a alguien a que cumpla con su trabajo? Es lo mínimo aceptable diría yo. Otro más, por ejemplo, el acuerdo firmado el jueves pasado para que los medios de comunicación informen “objetivamente” y sin amarillismo sobre los hechos violentos que ocurren en el país, sin contribuir a que las cosas se pongan peor. Sin embargo, me pregunto si los medios no tienen ya esa obligación desde siempre; ¿por qué se tiene que firmar un acuerdo para que los medios informen como siempre debieron informar?, ¿qué acaso antes lo hacían subjetivamente?, ¿acaso eran apologistas del crimen?

El problema de todo esto radica en la mirada autocompasiva que impera en México. Creemos que si una camioneta nos da el paso o un diputado dictamina una iniciativa de ley, ambos están haciendo algo extraordinario y digno de aplaudirse. Nada más alejado de la realidad. Ahora bien, si fuéramos nosotros los que estamos del otro lado, en otras palabras, los que conducimos la camioneta o los que somos funcionarios públicos, ¿haríamos también un panegírico con nuestras buenas y extraordinarias acciones? Para nada, sería acaso lo mínimo aceptable para que nuestro trabajo esté bien hecho, sin miradas autocompasivas que nos hagan sentir mejor por haber hecho eso. Hacer bien el trabajo implica reconocer nuestra propia responsabilidad y poner manos a la obra en aquello que nos toca, sin esperar ningún tipo de reconocimiento por haberlo realizado de este modo. No seamos compasivos con nosotros mismos.

La mirada autocompasiva refleja en realidad un deseo de victimización. Siempre será más rentable colocarnos en la posición de la víctima para obtener el favor del otro; porque sería “inhumano” o “moralmente incorrecto” exigirle a alguien que sufre o que ha sido “víctima” de algo. Y en lugar de hacer el esfuerzo para ganar el favor del otro y aquello que nos corresponde por la vía del trabajo, mejor nos tenemos autocompasión para luego victimizarnos. Más allá de todo esto, en realidad este proceso refleja una baja autoestima. No nos sentimos capaces de competir y ganar. Aquella persona que se siente lo suficientemente capacitada para triunfar no recurre a la victimización para lograrlo, y mucho menos tendrá para sí mismo una mirada compasiva. El otro problema es que no podemos exigir nada de los demás porque nosotros mismos somos los primeros en victimizarnos.

El peatón siempre tiene el paso, porque lo dice la ley, no porque el conductor tenga buena voluntad; el diputado debe dictaminar una iniciativa de ley porque esa es su chamba, no porque se lo pida el Pleno de la cámara de “buen modo” o a manera de “exhorto”; los medios de comunicación deben informar objetiva y verazmente porque esa es su función, no porque sean “buena onda” y firmen un acuerdo en este sentido. Es decir, seamos congruentes y sintámonos totalmente capaces de hacer nuestro trabajo porque es lo que nos corresponde, no porque seamos personas extraordinarias.

http://www.federicoling.com y @fedeling

* Maestro en Análisis Político y Medios de Información.

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