Psicoanalizando al Leviatán

Psicoanalizando al Leviatán

por Federico Ling

Puede desplazar la barra utilizando las teclas y

El Señor de los Signos

marzo 19, 2011

http://www.oem.com.mx/elsoldemexico/notas/n2008229.htm

El Señor de los Signos

Federico Ling Sanz Cerrada*

Imaginemos por un momento que somos otra persona distinta a la que somos y que nos dedicamos a otra actividad completamente diferente de lo que hacemos. Por ejemplo podemos imaginarnos a nosotros mismos para convertirnos en un famoso constructor que tiene su empresa en Monterrey, Nuevo León, o bien, un estudiante de la especialidad en semiótica que suele pedir libros prestados y no devolverlos prontamente. Incluso podemos ser burócratas o funcionarios parroquiales. Lo que ustedes quieran. Ahora bien, supongamos que pocas veces salimos de nuestra rutina habitual: nos levantamos a las 6 de la mañana todos los días para ir a trabajar, pasamos 8 o 9 horas en la oficina, salimos a comer a la fonda de comida corrida “Las Sandías” y siempre pedimos las mismas enchiladas de mole o los tacos dorados; tomamos el metro de regreso y hacemos tiempo antes de ir a casa para evitar el tráfico. Solemos pelearnos con los taxistas y con los conductores de los microbuses y no soportamos que los trayectos de 10 minutos nos tomen 50 en realidad circulando por la ciudad. Pues bien, en esa vida alterna supongamos ahora que por alguna razón desconocida nos llega una invitación para asistir a Los Pinos a un evento con el presidente Felipe Calderón. Raras veces en esta vida imaginaria o real, nos llegan invitaciones para asistir a eventos de tal magnitud. En esta ocasión será la toma de posesión del Consejo Directivo de una Cámara Industrial o una reunión con líderes religiosos; o puede ser el evento que sea, pues para eso estamos imaginando todo.

Y desde nuestra trinchera, lo que hayamos escogido ser en esta vida imaginaria de constructor, estudiante, o funcionario parroquial incluso, preparamos nuestra visita a la casa presidencial. Y entonces comienzan los signos. Aquí me gustaría recordar una anécdota de la vida real, cuando fui con mis papás a comer al restaurante “Veracruz” de Avenida Universidad; yo era apenas un niño. El dueño se acercó a la mesa para preguntar si todo estaba bien y cuando supo que mi papá era político, de la oposición claro está, sacó una tarjeta enmicada de la bolsa de su camisa y se la presumió como el mayor logro de su vida: una invitación del entonces presidente Díaz Ordaz al Informe de Gobierno; no recuerdo de cuál año. Y aquel hombre guardaba su invitación -ahora enmicada- cual tesoro. Signos, diríamos aquí. ¿Qué acaso nos hace más o nos hace menos un símbolo tal como una invitación presidencial? Volvamos ahora a nuestras imaginaciones, y situémonos en Los Pinos otra vez: ¿importa si en la primera fila se sienta un diputado o un senador?, ¿importa si en el “presídium” está el líder de nuestra cámara industrial, de nuestra asociación religiosa o algún amigo cercano?, ¿cuál sería la diferencia entre portar un gafete de “staff”, de “organizador”, de “invitado”, de “coordinador”, de “orador”, o incluso uno que diga “soy el patrón de todos ustedes”? Signos, diríamos aquí.

Los seres humanos estamos plagados de simbolismos y de signos. Cada uno de nosotros somos, en realidad, una extraña mezcla de ellos. Las bodas civiles, religiosas, incluso las celtas, o las celebraciones y los rituales, casi todos, son meramente símbolos. Podemos reconocer a un hombre casado por el signo que lleva en uno de sus dedos de la mano izquierda, o reconocemos a un sacerdote en la calle cuando vemos el cuello blanco y el traje negro. O sabemos que alguien tiene el rango de “General de Brigada” si vemos en su gorra al águila con dos estrellas. Símbolos al final de cuentas.

Lo que quiero decir es que a veces nos concentramos demasiado en algo que solamente es un signo. Si nuestro gafete en el evento dice “organizador” o “invitado”, o nos sentamos en la primera fila cerca del Presidente, o hasta atrás lejos de él, yo preguntaría si ello realmente importa. Yo admiraba más al dueño del restaurante “Veracruz” por tener su negocio propio que por la invitación de Díaz Ordaz. Los signos a veces pueden hacer que perdamos la perspectiva de las cosas y nos enfrasquemos en pleitos estériles. ¿Y si mejor hablamos de lo que verdaderamente nos constituye? La próxima semana seguimos.

*Maestro en Análisis Político y Medios de Información.

http://www.federicoling.com y @fedeling

¿Qué te parece?

Por favor escribe comentarios educados y que se mantengan en el tema.

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

comentarios

Buena columna mi estimado, la continuación será mejor. La vida esta llena de simbolos en todo momento; muy interesante que lo recuperes.

horacio

marzo 19, 2011

A %d blogueros les gusta esto: