Psicoanalizando al Leviatán

Psicoanalizando al Leviatán

por Federico Ling

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¿Por qué es tan difícil ganar?

febrero 14, 2011

http://www.oem.com.mx/elsoldemexico/notas/n1962662.htm

¿Por qué es tan difícil ganar?

Federico Ling Sanz Cerrada*

En el artículo pasado comenté sobre tres historias diferentes. Todas ellas se desarrollaron más o menos al mismo tiempo, pero en diferentes latitudes. Incluso podría decir que siguen vigentes y han tomado rumbos interesantes. Comenzaré por mencionar a Lupita de Heredia. Ella es la nieta del monumento, es decir, de aquel célebre personaje que trajo el mármol de Carrara a México para construir el Hemiciclo a Benito Juárez en la Alameda Central de la Ciudad de México. Lupita formó parte del Servicio Exterior Mexicano y ahora vive en Italia. Cuando leyó su historia reflejada en este espacio se emocionó y me llamó por teléfono para decirme que me iba a enviar un correo electrónico con algunos desenlaces. Esos los dejaremos pendientes.

En segundo lugar, mi amigo Horacio Robles trabaja en el Distrito Federal y organiza eventos. Como ya he mencionado anteriormente, es bueno en su trabajo y, además, sabe de qué color hay que vestirse cada día de la semana. Está planeando su segundo matrimonio con la misma mujer, tal como ya se había dicho la semana pasada. Pero su mujer no lo sabe. ¿Leerá este espacio y se habrá ya dado cuenta de las intenciones de Horacio? Mi buen amigo quedó de invitarme un café para contarme “las novedades de su caso”. Ese desenlace también quedará pendiente por lo pronto.

En tercer lugar, un metrónomo gigante de color rojo se posa en una colina de la ciudad de Praga, donde antes hubo un monumento al socialismo, cuando Checoslovaquia pertenecía a la Unión Soviética. Ahora por separado, la República Checa derrumbó de su capital aquellas estatuas y los estudiantes de la Facultad de Ingeniería colocaron este enorme artefacto que marca el tiempo que les queda a las dictaduras en el mundo. Mientras haya dictaduras, no dejará de moverse. Pienso que ahora le estaba marcando el paso -de salida- a Hosni Mubarak en Egipto. A los pies del río Moldava está aquel restaurante francés donde un mesero atiende a los comensales y se paga su carrera. No hemos sabido nada de él, pero barrunto una que otra cosa al respecto. Ya lo comentaré más adelante.

Las historias que he platicado desde la semana pasada tendrán sus desenlaces poco a poco. Mientras tanto, no quiero dejar de comentar algo que me vino a la mente mientras caminaba y me topé con un retén del Ejército: ¿Por qué es tan difícil ganarle la partida al crimen organizado? Solamente atiné a pensar en el cáncer. Sí, esa terrible enfermedad donde las células del cuerpo no reconocen como propias a las mismas células sanas y las atacan. Y resulta tan complicado ganarle porque están hechas de la misma materia y formadas con un ADN idéntico; no obstante, algo sucedió y por eso el cuerpo no se reconoce a sí mismo y se ataca. En el caso de la batalla que nuestro país está librando en contra de la delincuencia organizada sucede algo similar. ¿Por qué es tan complicado ganarle a los criminales? Porque ellos son como las células -malignas- que son atacadas por el mismo cuerpo, pero están formadas con la misma materia. Es decir, cultural y socialmente todos tenemos las mismas raíces. Es México atacándose a sí mismo, y dichas células se expanden y contaminan. Si las bases formativas de nuestro pueblo son las mismas, o sea, las condiciones socioeconómicas, el nivel educativo, el civismo de los ciudadanos, la cultura de la honestidad (o de la corrupción), luego entonces ganarle a los criminales implica ganarnos primero a nosotros mismos. Sobreponernos al “cáncer” que afectó a esas células que ya no reconocemos como propias y que las volvió malignas. Ganar implicaría primero saber reconocernos a nosotros, nuestros propios defectos y virtudes, para que cuando llegue el momento de enfrentar a aquellos que ya no pertenecen al cuerpo sano podamos triunfar. El problema es que las células del cáncer se reproducen más rápido, más fácilmente y no tienen límites. Lo complicado no es crecer destructivamente, sino justamente lo que implica el esfuerzo de sabernos limitados y, por ende, construir sobre los defectos que en otras circunstancias se habrían convertido en cáncer.

https://federicoling.wordpress.com y @fedeling

*Maestro en Análisis Político y Medios de Información.

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