Psicoanalizando al Leviatán

Psicoanalizando al Leviatán

por Federico Ling

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Para que valga la pena

febrero 1, 2011

http://www.oem.com.mx/elsoldemexico/notas/n1935679.htm

Para que valga la pena

Federico Ling Sanz Cerrada*

Hace dos semanas escribí acerca de lo que debía ocurrir en el ámbito político mexicano para que valiera la pena que, estrictamente hablando, las personas interesadas en el ejercicio de la función pública pudieran sentirse más satisfechas de su trabajo. Para no volver a repetir toda la argumentación, solamente mencionaré la pobre impresión que causan los señores legisladores  y las señoras legisladoras entre los ciudadanos y entre sus propios electores cuando se dedican a discutir y resolver cuestiones de muy mediana importancia o interés.

Aunque sea una llamativa curiosidad discutir si nuestro país debe llamarse Estados Unidos Mexicanos, o bien República Mexicana, o simplemente “México”. Creo que a las personas que no tienen empleo les gustaría más ver los planes viables para dar ocupación a muchos más mexicanos. Asimismo puede haber personas que les guste el cambio de lugar de los colores nacionales en la banda presidencial. Así como a otros no gustarles, pero todos agradecerían más que se hubiera podido concretar la reforma energética que en estado tan incipiente ha quedado.

Con más alegría veríamos todos el que la corrupción tuviera forma práctica de ser erradicada, o que el crimen organizado retrocediera de manera constatable en todos los estados de la República. También nos alegraría a todos saber que México va escalando lugares en las estadísticas de la OCDE, especialmente en materia de educación y de competitividad. Desgraciadamente “el horno no está para bollos” y las mezquindades de muchos políticos, especialmente del PRI ahora que está en la oposición, han producido un atrincheramiento de posiciones que de hecho impiden los acuerdos y la realización de reformas estructurales que valgan la pena.

Hace pocos años hubo algún senador que desesperado por la comprobación cotidiana de este forcejeo y paquete de bloqueos que ocurrían en tiempo del presidente Fox, llegó a exclamar: “¡es mejor que el Senado desaparezca y deje de producir como desde hace tiempo, solamente bodrios legales!”  Algunos pensarán que algo tenía de razón.

Es ahora, entonces, que debemos contestar a la pregunta de qué se debe hacer para que la función política en México valga la pena. Y la respuesta que me atrevo a ofrecer es que el fin de la política es la gestión del bien común; tesis fundamental dentro de los principios doctrinarios de las corrientes llamadas “terceristas”.

Para llevar adelante dicha tarea se deben promover los siguientes derechos fundamentales:

a.- Derecho a la vida

b.- Derecho a la verdad

c.- Derecho a la libertad

d.- Derecho a la justicia auténtica

Lo cual no se le oculta a ninguna inteligencia por mediana que sea y es agenda universalmente aceptada en los países civilizados.  Y para no quedarse en las afirmaciones abstractas es necesario que estos derechos no permanezcan en el éter

sino tengan un aterrizaje en nuestro México de hoy día, para lo cual es necesario que estos derechos vayan ocupando amplios espacios legales en nuestra Constitución y en nuestras salas de impartición de justicia.

Para lograr bajar a tierra firme desde el mundo de los principios abstractos como el de la “eminente dignidad de la persona humana” o “la gestión del bien común” existen en buena filosofía del poder y del ejercicio político, los dos grandes principios instrumentales llamados:

a.- Principio de subsidiariedad

b.- Principio de solidaridad

El Partido Acción Nacional ha procurado establecer en sus documentos doctrinales y programáticos la forma en que tales principios pueden y deben operar en el México concreto de principios del Siglo XXI. Por cierto que el capítulo de Desarrollo Sustentable fue elaborado en su momento por el presidente Felipe Calderón y aprobado por una convención nacional a finales del 2002. De una somera revisión de tales documentos se pueden concluir las posibilidades que se tienen disponibles para mejorar el ejercicio del poder y con él la vida de los mexicanos.  También puede suceder que algunos no estén de acuerdo y podría tenerse un debate que pudiera mejorar dichas propuestas; lo que no se vale es rechazar cualquier propuesta que provenga del Ejecutivo, simplemente por ese hecho, con pasión ciega.

Aprovecho que todavía estamos a comienzos del año para expresar mis deseos para que México tenga de parte de su clase política, que tan estimable puede y debe ser, una verdadera elevación de miras.

 Nos seguimos comunicando y de nuevo felicidades.

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