Psicoanalizando al Leviatán

Psicoanalizando al Leviatán

por Federico Ling

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Hacer querer

noviembre 20, 2010

http://www.oem.com.mx/elsoldemexico/notas/n1861053.htm

Hacer querer

Federico Ling Sanz Cerrada*

En alguna ocasión, una persona me explicó de manera gráfica lo que significa hacer querer: imaginemos la mano de un recién nacido, sus pequeños dedos, sus dimensiones diminutas y la escasa fuerza con que podría apretar algo. Ahora imaginemos nuestra mano adulta que toma la pequeña manita de un bebé y comparemos las dimensiones; seguramente si quisiéramos, nuestra mano grande podría “envolver” totalmente la mano del pequeño. Y no solamente la mano, sino que nuestra adultez envuelve totalmente la niñez de aquel recién nacido. Nos necesita para todo: para comer, para estar sano, para crecer, para ser feliz, etc. Y conforme va creciendo, cada día nos necesita un poco menos. Y también su mano pequeña va creciendo. Y cada vez podemos envolverla menos; hasta que el bebé, después de varios años se vuelve adulto y ahora tiene manos grandes y es autosuficiente. Y entonces las cosas cambian, porque cuando la persona ya es adulta no está con alguien porque dependa del otro como cuando acababa de nacer. Ahora su mano ya no está envuelta por la mano de nadie. Ahora su mano se entrelaza con la de alguien más y está allí no por necesidad, sino porque quiere. Y vuelve a hacer los mismos sacrificios que hicieron por él cuando era pequeño, y lo que le motiva a hacerlo es que quiere. Cuando alguien quiere hacer algo es difícil que no lo consiga. En este sentido, la frase de “querer es poder” cobra relevancia a la luz de este ejemplo, y complementaría diciendo que “puede más el que quiere, que el que puede”.
Un padre que quiere darle todo a sus hijos, los esposos que son capaces de todo por amor al otro, una persona que, agradecida, quiere corresponder a alguien; un trabajador que ama su trabajo y quiere hacerlo excelentemente, etc. Podría mencionar un sinfín de ejemplos similares, pero todos coinciden en algo: la enorme capacidad de acción, de motivación y de fuerza que surge cuando alguien en verdad quiere algo o a alguien. Lamentablemente también se aplica para cuando alguien quiere en verdad lastimar al otro. Es terrible.

Para que algunas cosas funcionen bien las personas tienen que querer. Los novios no pueden estar juntos por fuerza. Tienen que querer. Sus manos, justo como en el ejemplo inicial, no pueden “envolver” y obligar, sino que tienen que enlazarse porque ambos así lo quieren. Y entonces esa fuerza adquiere una capacidad de acción sumamente grande. O bien, un trabajador que es obligado por su jefe a hacer las cosas correctamente jamás podrá hacerlas tan bien como si su motivación proviniera de que quiere hacerlo fantásticamente.

¿Cuántos ejemplos más existen? ¿Qué se necesita para lograr que alguien quiera? Allí está el núcleo de esto: ¿Cómo se consigue que alguien quiera? ¿Cómo hacemos querer a alguien? Y la respuesta es casi obvia: tiene que ser un asunto propio de cada persona. Cada cual tiene que encontrar los mecanismos para querer. Incluso hacer querer es una utopía. Pero al menos podríamos favorecer las condiciones para que las personas accedan a darse cuenta de esto que es tan importante.

Otro ejemplo: ¿Cómo se pueden cumplir mejor las leyes? ¿Cuándo se obliga a alguien a que las cumpla o cuando quiere cumplirlas? Estoy convencido de que es lo segundo; sin embargo, para eso está el Estado -diría Hobbes-, para infundir miedo y obligar al ciudadano a cumplir la ley. Pero no debemos dejarle todo el trabajo a la espada y a las armas del Estado para que los ciudadanos cumplamos las leyes. ¿Por qué no favorecer desde el propio Estado los mecanismos para que cada quien quiera cumplir la ley y hacer lo que le toca? El problema es que, como con el ejemplo inicial, esto supondría transitar de ciudadanos “bebés”, cuya mano depende absolutamente y puede ser envuelta totalmente por el Estado, a ciudadanos “adultos” que quieran “entrelazar” su mano al Estado para que juntos las cosas funcionen. Suena cursi este “noviazgo” de ciudadanos-Estado, pero lo que trato de decir es que mientras no tengamos una sociedad adulta y a ciudadanos maduros, será imposible progresar política, social o económicamente. Ahora bien, ¿cómo hacemos que los ciudadanos quieran?

https://federicoling.wordpress.com y @fedeling

*Maestro en Análisis Político y Medios de Información

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