Psicoanalizando al Leviatán

Psicoanalizando al Leviatán

por Federico Ling

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Ritual

agosto 30, 2010

Hola amigos,

Les comparto mi artículo del pasado sábado.

Ojalá que les guste.

http://www.oem.com.mx/elsoldemexico/notas/n1762102.htm

Ritual

Federico Ling Sanz Cerrada*

Anoche iba saliendo de las oficinas e instalaciones donde despachan algunos de los funcionarios gubernamentales del ámbito federal más destacados, por así decirlo eufemísticamente. Me dirigía a la salida cuando me sorprendió ver que un grupo de militares (marinos, para ser precisos) estaba realizando ejercicios con sus armas largas, todos ellos en rigurosa formación lineal, mientras el capitán (corro el riesgo de equivocar el rango, puesto que no soy un experto conocedor de los mismos) les ordenaba a la voz de “¡ya!” presentar el armamento. Mientras eso sucedía, este pequeño batallón de la “policía marítima” (una vez más podría equivocarme en el nombre exacto, pero me parece que las siglas “PM” en el brazo izquierdo les delata de manera específica, sin contar el típico traje negro y blanco) vestía, por ser de noche, un atuendo totalmente negro, con cascos y pasamontañas. No obstante lo anterior, realizaba en la oscuridad de la noche frente a la mirada fija de la estatua de Francisco I. Madero como testigo solitario, un ejercicio de práctica militar. Me convertí por mera casualidad en el segundo testigo de la noche de este rito castrense. ¿Qué clase de ceremonial se lleva a cabo con rifles y armas largas, ataviados de oscuro, ante la mirada de nadie, obedeciendo las órdenes de un líder sin chistar ni cuestionar, especialmente cuando están en solitario? Y me dejó pensando en la naturaleza de los rituales, los ritos, las ceremonias, los ceremoniales, etc.

¿Para quién se hacen las ceremonias y los rituales?, ¿se hacen para los demás que nos observan, o como en este caso, para nosotros mismos? Lo anterior depende de la finalidad del ritual. Se me ocurre por ejemplo, un grupo de sacerdotes que están recluidos en un monasterio y todas las mañanas se levantan puntualmente a rezar “laudes”. Nadie los observa, solamente están ellos. Sin embargo, el ritual es casi sagrado, donde se reúne la comunidad a orar. Entonces lo hacen para reafirmarse cada cual ante ellos mismos y al interior de esa breve comunidad. Es un claro ejemplo de rituales que sirven para auto determinarnos, auto definirnos, afianzar quiénes somos. O bien hay rituales que se llevan a cabo para que todo mundo los vea. Recientemente recuerdo que se han llevado a cabo diversos informes de actividades de diferentes políticos (senadores, diputados, alcaldes) y próximamente vendrá el del Presidente de la República. Por ejemplo, ¿para qué un diputado federal haría un informe de actividades legislativas con toda la “pompa y circunstancia” en su distrito, colocando espectaculares, lanzando spots a radio y televisión, repartiendo propaganda y otras cosas, solamente para informar de lo que hizo como parte de sus obligaciones públicas? En este caso concreto el ritual se lleva a cabo para que todos lo vean y entonces, el mecanismo de auto determinación se proyecta y se legitima en la enorme y extensa comunidad, que como variable externa, valida al actor principal; y la comunidad se legitima a ella misma también.

Los rituales y las ceremonias tienen un sentido. Los hay de varios tipos: sociales, políticos, ideológicos. Y también pueden ser públicos o privados. Y cada uno de ellos podría no tener la misma finalidad. O bien, podrían abonar para el mismo fin, pero por caminos diferentes: otro ejemplo, una pareja de recién casados que se van de luna de miel y esa misma pareja que asisten a un compromiso público para que la sociedad les vea “estrenando su matrimonio”. Ambas cosas afianzan exactamente lo mismo: la unión y la consolidación conyugal. En los cuerpos militares sucede igual. La “policía marítima” anoche estaba creándose a ella misma un referente de quién es y para qué hace lo que hace.

Dado lo anterior, no sería raro preguntarnos qué rituales políticos hay en México y cuáles de ellos son públicos, cuáles privados. En este caso, valdría la pena cuestionarnos si realmente eso es lo que sirve, o si bien, además, del ritual, los actores del mismo son capaces de sostenerle con hechos, con acciones, con reformas, con trabajo, etc. El ritual es necesario y casi indispensable. No caigamos en la trampa de quedarnos solamente en eso. Que la legitimidad y la consolidación del ritual se trascienda a nuestras acciones cotidianas.

https://federicoling.wordpress.com y @fedeling

*Maestro en Análisis Político y Medios de Información.

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