Psicoanalizando al Leviatán

Psicoanalizando al Leviatán

por Federico Ling

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También para el mal de amores…

agosto 14, 2010

Hola amigos,

Les comparto mi artículo de hoy.

Abrazo,

http://www.oem.com.mx/elsoldemexico/notas/n1745029.htm

También para el mal de amores…

Federico Ling Sanz Cerrada*

Escuchando una canción en el radio el domingo pasado, que al parecer es nueva, me puse a pensar en todas las cosas que hacemos o dejamos de hacer para conseguir, casi mágicamente, todo lo que queremos. Por ejemplo, en el caso de la canción que estoy refiriendo, decía algo similar a lo siguiente:
“…también para el mal de amores; si lo dejó su mujer o su marido le fue infiel póngase en el alma pomadita de clavel…”

¿Cuántas veces habremos escuchado de los remedios milagrosos para el mal de amores? ¿O cuántas veces de remedios “mágicos” para curar la depresión? ¿O cuántas veces hemos escuchado de amigos que se han hecho “limpias”? Todo lo anterior son temas que están vigentes en la mente y la conciencia de las personas. Verdaderamente hay muchos que creen en estas soluciones. No es mi intención juzgar si los remedios sirven o no, ni pretendo descalificarlos per se; solamente afirmo que no hay remedios mágicos ni soluciones inmediatas para casi ninguno de los males que nos aquejan, ya sea personal o colectivamente.

Por ejemplo, ¿cuántas veces hemos escuchado hablar de dietas “milagrosas”? No es raro ver en los periódicos la “dieta de la piña” (o la que sea) y observar la foto de una señora que bajó 27 kilos en dos meses. O bien, ver anunciado en la televisión el último aparato de abdominales que nos hace reducir tallas en un santiamén, o peor aún, un anillo que por el simple hecho de usarlo, dada la “antigua sabiduría oriental con que fue hecho”, reduce de peso. Y además, el peso se reduce en un área distinta del cuerpo según el dedo donde se use el anillo.

De esta manera podríamos encontrar una infinidad de ejemplos que ofrecen soluciones mágicas o inmediatas a los problemas que sufrimos. Pero resulta que dichos males tardaron mucho tiempo en formarse y fueron complicándose con el paso de éste y cada vez peor. Los problemas de sobrepeso, de depresión o de un matrimonio fallido, por ejemplo, regularmente no son cosas que aparezcan de la noche a la mañana. Se van rebuscando hasta que originan un obstáculo para la persona. Deshacer dicho problema no es cosa fácil, porque no se logrará con una solución que de forma instantánea lo arregle. Supone un costo y un esfuerzo. En este orden de ideas, reducir 27 kilos no se logrará con un anillo de “sabiduría oriental”; más bien requiere dieta y ejercicio durante varios meses. O bien, curar el “mal de amores” no es algo que tampoco desaparezca con una botella de tequila, una “limpia” o una mezcla de hierbas preparadas por un chamán; hay que analizar si además de una decepción amorosa hay problemas de origen o estructurales en la psique de la persona que están causando distorsiones. Y esto no se arregla fácilmente, sino que requiere un esfuerzo constante, perseverante y sistemático para conseguirlo.

Si los problemas personales no se arreglan mágicamente, ¿por qué a veces queremos suponer que los problemas sociales, políticos o económicos de un país también lo harán de forma inmediata si les aplicamos este tipo de remedios? Falso. Los problemas del país, nuestro “mal de amores” nacional o nuestra “obesidad patriótica”, nuestra “depresión legislativa”, no se arreglarán con remedios de “chamanes de la política” o “reformas legislativas con sabiduría oriental” (que por el simple hecho de “usarle” se corrige). Requiere el mismo esfuerzo sistemático y constante para cambiar las cosas.

Lo anterior supone un reto difícil porque implica cambiar, primero en lo personal, luego en lo colectivo, nuestro pensamiento y nuestra idea de que en verdad existen las soluciones “mágicas”. Y cambiar ese pensamiento supondría posteriormente que nos pongamos con “manos a la obra”. Es decir, primero hay que hacer el esfuerzo y pagar el costo de cambiar esa concepción de la realidad, y luego pagar el costo de tener que trabajar en cambiar nuestros problemas. En otras palabras, es tan difícil conseguirlo, porque hay que esforzarse para seguir esforzándose. Lo más fácil es no cambiar para que no tengamos que cambiar después. El problema es que esa es una ruta de colisión.

https://federicoling.wordpress.com y @fedeling

*Maestro en Análisis Político y Medios de Información

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