Psicoanalizando al Leviatán

Psicoanalizando al Leviatán

por Federico Ling

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Errores de percepción

julio 17, 2010

Ahora sí, mientras libro una guerra a muerte con la batería de mi carro, comparto mi artículo: http://www.oem.com.mx/elsoldemexico/notas/n1711437.htm

Errores de percepción

Hace poco publiqué un comentario en las modernas redes sociales por internet, donde hice referencia al “vino tinto”. Pedí referencias y sugerencias para tomar una copa de vino aquella noche. Sin embargo, sarcásticamente añadí al comentario palabras que se interpretaron de forma diferente, y entonces, algunos amigos opinaron sobre mi situación y dieron muestras de su cercanía, por palabras que no habían tenido el sentido deseado. Esto sirvió, primeramente, para recibir con gusto la solidaridad de los buenos amigos, pero también para darme cuenta que, en ocasiones, uno publica cosas, y el resultado de las mismas es sumamente distinto al que originalmente habíamos imaginado.

Cuando uno escribe en las redes sociales no tiene la posibilidad de añadir al mensaje que queremos transmitir, todo el resto de elementos comunicativos que no son solamente las palabras. Cuando tenemos una idea en la cabeza y queremos transmitírsela al otro, imaginamos la mejor forma de darnos a entender y escogemos las palabras, los gestos, los símbolos, el momento y la forma, todos ellos de forma idónea, para comunicar nuestro mensaje. Y el mensaje se dota de palabra, de ritmos, de gestos, de lenguaje corporal; y cada uno de estos símbolos reafirma el sentido de aquello que estamos comunicando. Sin embargo, al quitarle elementos al proceso comunicativo, perdemos capacidad de interpretación. Al menos de forma más clara. Cuando enviamos solamente un mensaje a través de la red social, lo estamos desproveyendo de elementos importantes, como, por ejemplo, el lenguaje corporal, el ritmo en la voz, el gesto, el momento en el que nos acercamos al otro, etc. Y solamente lo dotamos de la palabra. No es mi intención descalificar al mensaje por escrito: los correos electrónicos o las cartas son importantes, pero no están expuestos al público (generalmente) y normalmente pasan por una relación pre-existente entre quien emite el mensaje y quien lo recibe, lo que permite completar el mensaje con los símbolos y elementos “pre-cargados” en la memoria de ambos.

Un comentario que se publica en Facebook o Twitter solamente está provisto de la palabra. No hay gestos, no hay lenguaje corporal o entonación de voz. Y, en ocasiones, la mera palabra por sí sola puede ser engañosa. Utilizando el ejemplo de quien busca a través de la indiferencia la atención del otro y responde “nada” a la pregunta “qué te pasa”, donde una palabra no refleja el sentido real de lo que se quiere y busca comunicar; podría decirse entonces que un mensaje puede ser malinterpretado cuando es desprovisto de tantos elementos que confirman lo que se quiere transmitir. Y suele suceder más frecuentemente de lo que imaginamos. Además, en las redes sociales se está expuesto al escrutinio público y se evita el contacto interpersonal. Por eso alguien publica algo en tu espacio y otro alguien comenta. Pero no se lee ni se hace en el mismo tiempo, forma o con las ideas preconcebidas que tiene el otro. ¿Cuántas veces hemos deducido cosas del otro basándonos en sus comentarios, cuando en realidad está publicando frases de una canción que le gusta y que está escuchando en ese momento y no tiene nada que ver con la realidad?

No resulta fácil interpretar los mensajes que emite el otro. Ya es difícil lograr una empatía tal con los demás en las relaciones interpersonales para entender de forma precisa y correcta lo que los demás tratan de comunicarnos, cuanto más cuando la comunicación se da exclusivamente por internet. Otra “ventaja” que tiene el método es que resulta más fácil sacudirse la responsabilidad propia por la palabra dicha de esta forma.

Si para un comentario tan simple como solicitar una recomendación de vino tinto hay distorsión, ¿qué podríamos esperar de temas y asuntos mucho más complejos que éste?, o bien, ¿qué podemos esperar cuando un grupo político trata de comunicar algo al ciudadano o a otro grupo? Hay muestras claras de que entender realmente y no de forma condescendiente al otro requiere dedicación e inteligencia. Muchas más se requieren para comunicar políticamente asuntos públicos o, incluso, disentir del otro. No es fácil y en ello radica la tolerancia, donde tenemos la capacidad de “ponernos en los zapatos del otro”.

https://federicoling.wordpress.com y @fedeling

*Maestro en Análisis Político y Medios de Información

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