Psicoanalizando al Leviatán

Psicoanalizando al Leviatán

por Federico Ling

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¿Cuál pasaporte?

junio 27, 2010

Federico Ling Sanz Cerrada 
¿Cuál pasaporte?
El Sol de México
26 de junio de 2010
http://www.oem.com.mx/elsoldemexico/notas/n1686338.htm
Es normal observar cómo en la frontera con Estados Unidos de América los mexicanos tenemos que comprobar una serie de cosas antes de ingresar al territorio nacional de aquel país. Entre otras, hay que demostrar que se tiene un modo honesto de vivir en México, que se cuenta con suficientes elementos para, una vez terminado el viaje, regresar a la patria, y para ello hay que mostrar los boletos de avión, las reservaciones de los hoteles, los programas e itinerarios, así como los estados de cuenta bancarios, o bien las tarjetas de crédito o los dólares en la cartera. Una vez habiendo comprobado todo lo anterior, el oficial de inmigración tomará la decisión sobre dejarnos entrar al país o no hacerlo. Lo mismo sucede si vamos por tierra y pensamos en adentrarnos más allá de cien millas en dicha nación. Por supuesto, no olvidemos mencionar que todo lo anterior sucede solamente si nos presentamos con una visa válida emitida por la embajada correspondiente, y para tales efectos seguramente habríamos pasado por la entrevista con el cónsul en una ventanilla y contestado a preguntas muy similares sobre los motivos para viajar a Estados Unidos.

De forma poco alentadora, otros países han comenzado a aplicar las mismas directivas para quienes somos nacionales de México. Casi como si fuera algo “normal” o “natural” lo aceptamos de nuestro vecino del norte. Y cuando viajamos para allá sabemos lo que nos espera y estamos mentalizados ante eso. Pero cuando viajamos a otros países, que tradicionalmente no solicitaban tantos requisitos o una visa determinada, se puede comprobar con un cierto dejo de tristeza en la mirada que el pasaporte mexicano ha complicado nuestro paso en el exterior.

Aunque la visa no es requerida para ingresar a ciertos países para quienes somos poseedores de un pasaporte mexicano, las preguntas en la frontera y en las aduanas lo dicen todo. Son las mismas y reflejan temor. ¿Cuánto tiempo va a permanecer en el país? ¿Cuál es el motivo de su visita? ¿Puede comprobar que tiene ingresos y un modo honesto de vivir? ¿En qué trabaja? ¿Podría mostrarme sus reservaciones de hotel? ¿Podría comprobar que tiene un boleto de vuelta a su país? Después de que el oficial de migración selló el pasaporte, pregunté el motivo y me contestó que tienen miedo. Que nuestra imagen se está deteriorando poco a poco. Yo pensé que nosotros somos los únicos responsables de ello.

Cada uno de los mexicanos tendremos que hacernos responsables de nuestra propia realidad. Y hay países como Estados Unidos o Canadá que nos han impuesto el requisito de la visa, y viajar a dichas naciones se ha convertido en una odisea, tratando de comprobar que nuestros motivos son válidos y nuestro viaje es legítimo. Países como los de la Unión Europea aún no han impuesto una visa a México, sin embargo, comienza a ser complicado tratar de convencer a los oficiales de inmigración de que la gran mayoría de los mexicanos tiene excelentes razones para visitar la zona Schengen o la Gran Bretaña, por ejemplo.

Los mexicanos tenemos que asumir y tomar en nuestras manos nuestro propio destino y darnos cuenta de que estamos generándonos una mala imagen en el exterior que, al final del día, repercute en nuestro perjuicio. Cada uno de nosotros, con nuestras acciones cotidianas, estamos definiendo la imagen que estamos dando. Más allá de la violencia o la inseguridad, que nos juegan las contras de forma evidente, habría que ir a las causas de ello. La corrupción del día a día, esa que se percibe en las calles de la ciudad o del campo, la violencia injustificada, la venganza, el “gandallismo”, el camino fácil para obtener lo que queremos, la forma que tenemos a veces de “hacernos tontos” frente a nuestras responsabilidades, están pincelando poco a poco la imagen que estamos proyectando. No solamente ante el exterior, sino también ante nosotros mismos. El daño mayor no es aquél que se genera en la percepción de los oficiales de inmigración al momento de sellar nuestro pasaporte, sino en la autopercepción de nosotros mismos que nos derrota por adelantado. Rompamos el círculo vicioso.

https://federicoling.wordpress.com y @fedeling

*Maestro en Análisis Político y Medios de Información

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