Psicoanalizando al Leviatán

Psicoanalizando al Leviatán

por Federico Ling

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Neurosis peatonales

junio 23, 2010

Federico Ling Sanz Cerrada 
Neurosis peatonales
El Sol de México
19 de junio de 2010
http://www.oem.com.mx/elsoldemexico/notas/n1677421.htm
¿Le ha pasado? Cuántas veces cuando va uno caminando por la calle, sobre todo cuando se acarrea una cierta prisa, pareciera que el resto de los acompañantes peatones se esmeran en restarnos velocidad andante. Nunca falta el despistado que va delante de nosotros caminando con toda tranquilidad y que, por no darse cuenta que venimos caminando a medio metro de distancia, no nos deja pasar (y como por obra de alguna intuición macabra, se va moviendo de un lado al otro justo cuando queremos intentar pasar por un lado). E incluso pareciera intencional que justo en ese preciso momento, se le ocurre detenerse en frente de un aparador porque algún “mágico espejito” capturó su imaginación. O bien, justo cuando creemos que hemos encontrado un hueco para poder rebasar a nuestro parsimonioso obstructor, otro peatón igual de apresurado que nosotros utiliza ese mismo espacio para proseguir su ruta, pero en sentido contrario, evitando nuevamente que logremos nuestro objetivo.

Pero eso no es todo. Pareciera igual de inevitable que cuando vamos caminando, tengamos que ir vigilantes de todo lo que sucede a nuestro alrededor, porque, nuevamente, la gente va pensando en todo, menos en ir caminando, por lo que de repente es necesario que además de ir pendientes de no estamparnos con la señora de al lado, tengamos que asegurarnos que no sea la señora la que choque con nosotros, caso particularmente cierto cuando la señora va rodeada de bolsas del mandando o peor aún, se va cubriendo de la lluvia debajo de un paraguas con el que pareciera quiere proteger a media ciudad, convirtiéndola en un potencial “sacaojos”. Y por si los peatones no fueran suficiente peligro, todavía nos resta la siempre latente amenaza del conductor kamikaze que siempre se encuentran a la búsqueda de cómo lograr avanzar 10 metros más antes que el carro contiguo le gane el paso (aunque de todos modos se vayan a topar de frente con una luz roja que le frene el paso), o de que en su apremio, se pase el alto sin voltear a ver si algún incauto está cruzando la calle en ese preciso instante (léase, nosotros que en nuestra prisa por poco perdemos algo más que la puntualidad). ¿A poco no le resulta familiar la escena?

Sin embargo, esta situación no es endémica de los miles de personas que a diario andan por las calles, sino que se vuelve (o se ha vuelto) casi una forma de ser, y así, en ese no darse cuenta de a quién tienen alrededor, las personas bloquean pasos de todo tipo: laborales, académicos, políticos, etcétera, y los pocos que tienen impulso, se ven frenados y a veces desalentados por la gente que los rodea sin que dicha gente se alcance a dar cuenta que su parsimonia está frenando a otros. ¿Cuántos embotellamientos suceden porque algún aventurado conductor quiso pasarse el alto sin lograrlo y se quedó atorado justo en el cruce de las calles? ¿Cuántas veces no hemos salido tarde del trabajo porque el reporte de otra área llegó con dos horas de retraso? ¿Cuántos contratos se han postergado o cancelado porque la convocatoria tuvo un error en alguno de sus puntos y hubo que regresarla para hacerle una enmienda? ¿Cuántas horas no se pierden todos los días en todos lados porque alguien tiene que rehacer el trabajo de otra persona? ¿Cuántos recursos no se han desperdiciado porque alguien no supo actuar (o no se dio cuenta que tenía que actuar) a tiempo? Se ha vuelto costumbre evitar mirar alrededor y darnos cuenta que lo que hacemos, o dejamos de hacer, repercute sobre nuestro ambiente y afecta a otros individuos, como si nos hubieran apagado el chip de “seres sociales”. Y de este modo en nuestro individualismo, con el agregado de nuestras acciones diaria somos los artífices de nuestra propia falta de progreso y de los problemas que todos los días no sacan algún improperio de la boca.

La buena noticia: que se puede cambiar y los cambios más grandes siempre empiezan por el detalle más pequeño: nosotros mismos. Seamos factores de avance y no un “desconcienzado” bloqueo ambulante; lo único que nos toca hacer, es voltear a ver.

https://federicoling.wordpress.com y @fedeling

* Maestro en Análisis Político y Medios de Información

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