Psicoanalizando al Leviatán

Psicoanalizando al Leviatán

por Federico Ling

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Andanzas de un nómada involuntario

mayo 30, 2010

Sin mucha más explicación… aquí va mi artículo! Abrazotes!

http://www.oem.com.mx/elsoldemexico/notas/n1652978.htm

Federico Ling Sanz Cerrada 
Andanzas de un nómada involuntario
El Sol de México
29 de mayo de 2010

Imaginemos a un joven que acaba de salir de la universidad, y ha aceptado un segundo empleo en su corta carrera profesional -digo “segundo” porque tuvo un trabajo en los dos últimos semestres de su carrera- y ha decidido, de modo sumamente precario, salirse de la casa de sus papás e instalarse en un departamento propio. En lugar de sala y comedor contaba con cuatro cajas de cartón que servían para lo mismo. Solamente tiene una recámara que compró “a meses sin intereses”, el refrigerador viejo que su padre le heredó y que tenía como mínimo 15 años de antigüedad y una inmensa capa de hielo en el congelador y un horno de microondas pequeñito que pertenecía a su tío abuelo y que también heredó.

Decidió comenzar su maestría porque la licenciatura no era suficientemente competitiva en el mercado laboral actual. Aceptó un tercer empleo que le permitió combinar su actividad profesional con la académica y tenía que recorrer todas las tardes una distancia considerable para llegar a tiempo a su clase. Y después de tres años de un empleo interesante, con un jefe que decidió darle la oportunidad de sacar el posgrado adelante y doce materias cursadas, terminó por fin. Y entonces, divagó entre un empleo y otro; no duró mucho en uno de ellos porque no estaba seguro de lo que quería. Pero hizo buenos amigos. Emigró durante un corto tiempo a otro país, tratando de aprender otro idioma, conocer otros lugares y encontrar nuevas experiencias de vida, -cosa que, sin duda, logró- y decidió regresar a México. Volvió a montar su departamento que había desmontado entre tanto cambio. Y encontró otro trabajo. Tal vez haya cambiado las cajas de cartón por una mesa y un par de sillones.

No obstante, las razones externas para hacer o dejar de hacer las cosas comenzaron a desaparecer. Desde algún tiempo atrás había cesado la presión familiar para lograr ciertas metas. Ahora estaba en su propia ruta. La presión o condicionamiento social también había desaparecido. Aquél burdo intento para demostrarle a los demás algún punto de su vida en particular, dejaba de tener vigencia y validez. Demostrarle a los demás que era capaz de hacerlo, dejó de ser un motor interno para moverse y si hubiera querido lograr algo con ello, estaba claro que no era la manera de obtenerlo. Al final del día resultaba ridículo. Y comprendió que tenía que encontrar su propia forma y manera de moverse hacia adelante.

Ahora miraba su vida frente a sí mismo y entonces, como quien se prepara para emprender un largo viaje -con la emoción y el miedo incluidos- se disponía a volar aún más alto. Pero para lograrlo, necesitaba la fuerza y la energía que solamente puede provenir desde el interior. Si antes se había movido por necesidad, por amor propio, por condiciones sociales o familiares, por paradigmas impuestos desde el exterior, ahora no más. Ahora necesitaba una razón propia para emprender el vuelo. Una que le diera la fuerza suficiente y que fuera el motor interno para echar adelante el propio proyecto de vida que había elegido. Al volver la vista atrás sabía precisamente qué cosas no quería. Pero para obtener lo contrario, ahora necesitaba una razón interior. Sólo eso es capaz de proveer de la fuerza y la tenacidad suficiente, cuando el resto de las fuerzas comienzan a flaquear y desaparecer.

Para encontrarlo, se precisa antes que nada, una valoración positiva de nosotros mismos. Un diagnóstico certero de nuestra situación, para saber qué cosas no están bien, y cuáles sí lo están. Se requiere un enorme trabajo interno; para hacer a un lado aquello que nos obstaculiza el paso y entonces, avanzar ligeros de equipaje. Solamente así podremos encontrar una verdadera fuerza para volar alto. Cuando no tenemos suficientes razones para querernos a nosotros mismos, ¿por qué habríamos de hacer algo o de movernos? Caso contrario cuando hay razones de peso para hacerlo. Si todos los individuos pudiéramos encontrar estas verdaderas razones internas para movernos, creo que habríamos comenzado un camino de transformación nacional, que debe pasar ineludiblemente por el terreno personal antes que cualquier otra cosa.

https://federicoling.wordpress.com y @fedeling

* Maestro en Análisis Político y Medios de Información

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comentarios

Hola, que tal, acerca de “Neurosis peatonal”, me pareció una analogía muy amena y real, en muchas ocaciones de nuestra vida cotidiana pasa, y muchas veces, sin darnos cuenta ,nosotros somos esa señora ó ese señor que no deja pasar a las personas, hay que estar atentos de no ser quien no permite que los demás avancen, hay que voltear a todas direcciones de vez en cuando, para que así nuestros paisanos y nosotros podamos lograr nuestras metas y sueños.
Hasta luego.
Bonita semana.

Crystel Celis Pérez

junio 20, 2010

Hola, que tal, primero que nada quisiera expresarle mi gusto por esta opinión, estoy completamente de acuerdo con usted, los muertos son eso, muertos, entonces a honrar a nuestro país de verdad.
Concuerdo mucho con su opinión, ya que hace una crítica muy buena hacia la burocracia, más que hacer “honores” a materia inherte, deberíamos de hacer más actos concretos por la sociedad mexicana, y en general por el mundo entero. No sirve de nada “halagar” a nuestros antepasados de esa manera, si después vamos a seguir degradando a nuestro país con actos completamente incoherentes con respecto a lo que se propone.
Que tenga bonito día!

Crystel Celis Pérez

junio 18, 2010

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