Psicoanalizando al Leviatán

Psicoanalizando al Leviatán

por Federico Ling

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Galletas de avena parlamentarias

abril 26, 2010

Hola amigos! Les comparto mi último artículo! Ojalá sea de su agrado!

http://www.oem.com.mx/elsoldemexico/notas/n1609279.htm

Federico Ling Sanz Cerrada 
Galletas de avena parlamentarias
El Sol de México
24 de abril de 2010

Los actores políticos buscan su propio beneficio o el de su grupo. En este sentido, no sienten de manera espontánea las ganas para cooperar con los contrarios. Si esta es la naturaleza política de los hombres, ¿cómo hacemos para que cooperen en beneficio de todo un país?

México ha transitado por un difícil camino a la democracia. Desde que el PRI gobernaba autoritariamente a la nación, constituyendo un régimen falsamente democrático, hasta la fecha, cuando se puede hablar de diversidad y viabilidad de distintas opciones políticas y una democracia que está en la ruta de su propio fortalecimiento, el Estado ha sufrido transformaciones importantes. Resultaba imposible hablar de qué tipo de sistema -presidencial o parlamentario- nos vendría mejor, si ni siquiera estaba el debate puesto sobre la mesa. La discusión se centraba en qué régimen nos gobernaba -autoritario o democrático- y lo importante era consolidar la transición.

La discusión entre las diferencias que hay entre un sistema parlamentario y uno presidencial son varias. Una es la forma en que son electos los gobiernos en un caso y en otro; es decir, el voto directo o indirecto. Otra más son los plazos que existen para cada caso: en uno son variables y en el otro son fijos. Y así muchas más. Pero considero que la diferencia esencial entre un sistema y otro no tiene que ver con los detalles que lo constituyen. El fondo del asunto es un tema de nuestra propia naturaleza humana y política. ¿En qué tipo de sistema podríamos cooperar adecuadamente con el contrario? Salvo aquellos casos en que se concibe al ser humano desde una visión rousseauniana -el buen salvaje- más bien es al revés -al estilo de Hobbes- “hombre lobo del hombre”. El ser humano, naturalmente, no coopera con su contrario por gusto. Tienen que existir las condiciones para que lo haga. Por eso el Estado utiliza la fuerza. El poder limita y obliga a que los individuos cumplamos con las reglas. Y en este entendido es que formamos una comunidad. Pero al final del día, ¿qué tipo de comunidad somos? ¿En qué tipo de sistema nos movemos? Llevado a un punto superior, somos una democracia incipiente que está fortaleciéndose, que busca su crecimiento político y económico, así como el desarrollo humano de su sociedad. Y también somos un sistema presidencial.

Nuestro gobierno es presidencialista, donde los actores políticos no tienen, o no encuentran, las “ganas” de ayudar al contrario para beneficio colectivo. Entonces, ¿cómo logramos la cooperación? Un sistema presidencial, por sus características propias, es mucho más inflexible y rígido que uno parlamentario. Los tiempos de duración, las formas de elección y reelección, la relación entre poderes, entre otras, son algunas cosas que los hacen más o menos rígidos a uno y otro. Si un sistema presidencial no ofrece incentivos para que los actores políticos cooperen -más bien ofrece incentivos para que los actores saboteen al contrario- y si no hay manera de que esa voluntad cooperativa surja naturalmente del individuo, entonces tenemos la obligación de crear esas condiciones. Cuando alguien quiere, por ejemplo, bajar de peso, necesita comprar galletas de avena y frutas y verduras para su refrigerador, en lugar de papas fritas y tacos al pastor, de tal manera que, si un día tiene un ataque de ansiedad y quiere romper su dieta, solamente lo podrá hacer con las galletas de avena o las frutas y verduras que están en su despensa y no con los tacos que nada le ayudan.

Valga el ejemplo burdo para decir: tenemos que ser capaces de crearnos a nosotros mismos las condiciones para que hagamos las cosas. Un sistema presidencial donde un actor político gana más con el sabotaje que con la cooperación, equivale a comprar tacos al pastor en lugar de galletas de avena. Requerimos cambiar las condiciones para hacer nuestro sistema más flexible. Donde los actores no ganen con el sabotaje al contrario. Un sistema parlamentario que permita la reelección, que modifique la relación entre Ejecutivo y Legislativo, que permita revocar un mandato de gobierno o legislativo, seguramente proveerá de mayor flexibilidad para que valga la pena cooperar.

https://federicoling.wordpress.com; @fedeling

*Maestro en Análisis Político y Medios de Información

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