Psicoanalizando al Leviatán

Psicoanalizando al Leviatán

por Federico Ling

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Propuestas para transformar

abril 3, 2010

Aquí comparto mi último artículo: “Propuestas para transformar”, ojalá les guste!
Saludos,

http://www.oem.com.mx/elsoldemexico/notas/n1582100.htm

Federico Ling Sanz Cerrada
Propuestas para transformar
El Sol de México
3 de abril de 2010

Reformar para transformar. Durante las últimas tres semanas he abordado desde un enfoque teórico, nuestra política mexicana. En primer lugar, se habló de la “teoría de sistemas”, donde hay estructuras y funciones bien definidas, y se busca el desarrollo político. En segundo lugar, se habló de la “elección racional”, es decir, aquella teoría que concibe a los individuos que buscan maximizar sus ganancias y minimizar sus costos. Es decir, tomadores racionales de decisiones que más les convienen. Por último, se habló del “nuevo institucionalismo histórico”, aquella teoría que nos propone concebir a las instituciones ya no como herramientas, sino como actores.

Ahora bien, una vez que se tienen claros los enfoques -algunos de ellos- que ayudan a explicar la realidad política, podríamos hablar de las transformaciones que se requieren. Si gobernar es transformar, luego entonces se requiere reformar para transformar. ¿Qué cosas se tienen que reformar? Veamos un ejemplo concreto al respecto: El Congreso de la Unión. Es una institución fundamental del Estado Mexicano, y como tal, su realidad y funcionamiento podría explicarse utilizando las teorías enunciadas anteriormente. El legislativo puede ser visto como un sistema, donde hay estructuras y se cumplen funciones específicas. O también, podría intentar explicarse desde una óptica de “elección racional”, donde la institución y sus miembros tienen intereses e incentivos que los llevan a actuar. O en todo caso, utilizando la última teoría “institucionalista”, el Poder Legislativo, con su propia dinámica, les impone conductas a los mismos congresistas.

Utilizando ese ejemplo concreto del Congreso de la Unión y con base en las teorías enunciadas, se podrían proponer una serie de cosas para comenzar a reformar y alcanzar cada día la transformación que la realidad política requiere. En primera instancia, si el Congreso tiene determinadas estructuras y funciones que cumplir, hay que clarificarlas y fortalecerlas. Se debe establecer que el Legislativo no debe asumir las funciones de gestoría ciudadana de asuntos que atañen a los poderes ejecutivos (gestionar la red de agua potable, o electricidad, o la obtención de un pasaporte, por ejemplo) puesto que no es su función. Aunque la ley prohíbe que los legisladores tengan otro empleo, de hecho, muchos de ellos asumen funciones para otras instituciones. No podrían permitirse los encargos político-partidistas mientras se desempeña la función legislativa. La creación de un cuerpo de profesionales del servicio legislativo sería sumamente oportuna.

Se podría hablar también de la lógica de incentivos que tienen los legisladores o el propio Congreso. Es decir, habría que permitir la reelección inmediata de los parlamentarios para generar una cultura de rendición de cuentas ciudadana y no a los líderes partidistas. La verdadera representación del legislador se debe a la ciudadanía y al electorado, no a las cúpulas políticas. En este sentido, la reducción del número de legisladores electos por la vía plurinominal acotaría el margen de maniobra que tienen muchas empresas (de telecomunicaciones, por ejemplo) para “infiltrar” congresistas y “cabildear” desde dentro. La mera reducción del número de legisladores o la reelección inmediata, por sí solas, no servirían de mucho. Se requieren ambas medidas. Para complementar lo anterior, una reforma al sistema electoral, donde se haga necesaria una suerte de “elección primaria” como en los Estados Unidos, facilitaría importantemente la inclusión ciudadana del representado con su representante y que la lógica de incentivos del parlamentario sea ciudadana y no partidista.

En este sentido, otra importante reforma para evitar que la institución parlamentaria imponga los límites (oportunos e inoportunos) a los legisladores, sería evitar aquellos que son nocivos, como la opacidad interna que provoca la parálisis del Congreso. Agilizar y obligar el trabajo en las comisiones legislativas existentes, así como la transparencia de recursos entregados a los grupos parlamentarios, serían dos formas de revertir la imposición. Serían ahora los congresistas quienes marquen el paso al Congreso, y no al revés. Como corolario a esta tendencia, tendría que modificarse sustancialmente la operatividad del sindicato de trabajadores del Legislativo, para hacerlo más productivo.

En conclusión, las teorías solamente habrán ayudado para encontrar cuáles son las reformas que harían falta en cada tema concreto. Estamos hablando de reformar para transformar.

*Maestro en Análisis Político y Medios de Información

federicoling@gmail.com; @fedeling

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