Psicoanalizando al Leviatán

Psicoanalizando al Leviatán

por Federico Ling

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Gobernar es transformar (II de III)

marzo 22, 2010

Aquí comparto mi artículo del pasado sábado. El segundo de la serie. Saludos!

http://www.oem.com.mx/elsoldemexico/notas/n1563977.htm

Federico Ling Sanz Cerrada 
Gobernar es transformar (II de III)
El Sol de México
20 de marzo de 2010

Gobernar es transformar. Desde la semana pasada he hablado sobre algunas teorías que nos ayudan a explicar la realidad política que vive nuestro país. La coyuntura en los últimos días -semanas tal vez- se ha vuelto convulsa y compleja. Quizá sea el resultado, como se mencionó antes, de la manera en que nuestro sistema político procesa las demandas de los ciudadanos, y de la forma en que ese mismo sistema tiene estructuras determinadas y sus actores cumplen roles que se encuentran definidos y delimitados.

En esta ocasión hablaré sobre otra teoría que sirva para dar cuenta con la realidad del país. Me refiero a la teoría de la “elección racional”; aquella que pretende medir o cuantificar matemáticamente -si es que ello es posible- la conducta política y, más allá, las razones o los incentivos por los cuales las personas toman determinadas decisiones. ¿Qué pesa más para un político o un ciudadano, al momento de decidir? ¿Cuáles son sus prioridades? Algunos teóricos como Mancur Olson o Anthony Downs se refirieron a este dilema y, al final del día, este enfoque teórico está centrado en el individuo.

Ese individuo decide con base en criterios e incentivos selectivos. Cada uno de ellos busca maximizar sus “ganancias”, es decir, su utilidad. Puede ser una utilidad económica, social, política, cultural, personal, etc. Al mismo tiempo buscará también minimizar el costo que tiene que pagar para obtener esa utilidad que busca. Los ciudadanos toman decisiones buscando el mayor beneficio y el menor costo. Y también lo hacen los políticos. Y esta manera de optar tiene un fundamento racional en la mayoría de los casos. Habría que destacar también que esos individuos tienen una estructura de preferencias. Lo que para algunos es importante, para otros puede no serlo. La elección de un partido político que hace un ciudadano puede no ser la más importante para otro. La decisión de un legislador para votar un proyecto de ley puede ser considerada de diferente forma por otro legislador, que le da más importancia a un proyecto o un tema diferente.

Por tanto, en el juego político del día a día, existe un gran número de individuos que toman decisiones de todo tipo: económicas, políticas o sociales. Y lo hacen con su propia escala de preferencias y de jerarquías. En este gran juego, donde las decisiones de unos se cruzan con las de otros y las preferencias de unos se entrelazan con las de otros, se puede insertar la realidad que vemos reflejada en los medios de información cotidianamente. ¿Por qué hay muchas versiones de la llamada “reforma política”? ¿Por qué el proyecto del senador Beltrones contempla puntos distintos del que propuso el presidente Calderón? ¿Por qué la Cámara de Diputados no está de acuerdo con el Senado de la República en este tema? ¿Por qué al interior de la propia Cámara Baja hay distintas versiones de la misma reforma? Lo anterior se explica porque cada uno de estos actores tiene preferencias distintas e incentivos distintos. Cada actor busca maximizar sus ganancias o beneficios. Para entender a los actores, tenemos que entender cuáles son aquellas razones que los llevan a actuar.

Los propios individuos, aquellos ciudadanos que votan cada tres años para elegir a sus representantes parlamentarios o a sus gobernantes, eligen con base en criterios diferentes. Tal vez algunos lo hagan por sus compromisos políticos, otros pensando en quién podrá representar mejores oportunidades de empleo; otros, pensando tal vez en temas como el medio ambiente. Y cada cual según sus preferencias y criterios, y luego según aquellas ganancias que está buscando, opta y actúa en consecuencia.

¿Cómo se puede avanzar en esta realidad tan complicada e intrincada? La pregunta se vuelve fundamental. Si todos los individuos deciden, con base en estos principios expuestos anteriormente, el punto central para avanzar hacia estadios más desarrollados reside en encontrar cuáles son los intereses e incentivos comunes que nos enlazan con los demás. Y luego con la clase política. Y también entre los propios partidos. ¿Cómo equilibrar las ganancias, para que todos obtengan algo de beneficio individual, que redunde invariablemente en el bien común? Otro dilema.

federicoling@gmail.com; @fedeling

*Maestro en Análisis Político y Medios de Información.

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